DOCTRINA NO ES DOCTRINOMETRO

Por Marcos Domínguez (*)

Siempre lo digo, o cada vez que puedo, pero trato de no tomar como referencia a los “intelectuales” que están velando un pueblo que no es el de hace 70 años, y no terminan de aceptar el que tienen hoy. No creo en aquellos que ven el peronismo con el prisma museológico de una foto en la que los más jóvenes no salimos. Como un Corán al que hay que recitar y admirar con melancolía. Y no porque precisamente yo sea un “moderno” en el sentido peyorativo. Quienes me conocen pueden dar fe de eso.

Simplemente no creo en quienes habitan esa franja politizada que dice entender al pueblo al que cierto progresismo tóxico y sensiblon mira desde arriba, pero a la fecha gusta de oponer a Cristina vs Perón, en una suerte de “no son lo mismo” que solo tiene como resultado una balcanizacion del propio espacio y el distanciamiento de quien hoy representa una enorme parte de los anhelos de ese pueblo. Salvo que pensemos que CFK solo representa el patio del Konex en un recital de Onda Vaga.

Sabiendo que esto le importa a un círculo muy ínfimo diría que hasta es un ejercicio de mera pereza intelectual, y con mucha vocación de ideologismo snob esto de estar con la brújula calibrada de un modo en el que “ser peronista” se vuelve un “no ser progresista”. No es así. Es un tiro en el pie con balas de ideologismo que no piensa en el poder. Que renuncia a asumir los liderazgos que tenemos y prefiere pensar en el que deberíamos tener.

Puedo equivocarme, claro, porque en la red solo se escriben “verdades” personales, y la tendencia es hacia el no debate, hacia la censura de la disidencia. Pero en la micromilitancia de los y las que estamos pensando y haciendo política todo el día, resulta bastante complejo hablar de doctrina de amor y (al mismo tiempo) autoreivindicarse como los únicos fieles portadores de ella para, acto seguido, despreciar al resto de las fuerzas componentes del movimiento por “falta de doctrina e ignorancia”.

La adulteración doctrinaria no solo se produce por carencia, sino también por su aplicación museológica para fines (también) expulsivos. Sea o no sea candidata, yo diría que acerquemos posiciones y dejemos de radicalizar diferencias.

*El autor es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires

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