SOCIALDEMOCRACIA Y NEOLIBERALISMO

Por Bonifacio Palacios

“Si la sociedad se hubiese derechizado, lo que la UCR debe hacer es prepararse para PERDER elecciones” – Raúl Alfonsin.

“Nos quieren traer a un socialdemócrata a enseñarnos cómo deben ser nuestras leyes. A mí me gustaría saber dónde estaba ese señor cuando acá vivíamos la época de la dictadura. Quisiera que me expliquen cómo puede conocer nuestra idiosincrasia si realmente se trata de no importar mecánicamente modelos extranjeros.” – Saul Ubaldini – Septiembre de 1986 sobre Raul Alfonsin por su eleccion de Armando Caro Figueroa como Secretario de Trabajo y defensor de la Flexibilizacion Laboral propuesta por la UCR.

Dicho de manera sencilla, la socialdemocracia es ese sistema de razonamientos lights, que empodera gente light, y nos prepara para convivir en un ecosistema light de corrección política donde la esencia de las cosas (tener funcionarios que te cuiden el bolsillo y/o el patrimonio nacional por ejemplo) no es importante. Lo importante es sostener ese consenso cultural entre progresistas, liberales, radicales y especies varias de la izquierda aporteñada donde se fomenta el diálogo, el consenso, la genuflexión decorosa, y no se hacen esos “circos” que siempre pero siempre vienen de la mano del peronismo, ese hecho maldito que los propios socialdemócratas se encargan de partir -com fines analíticos de “eso” que es el peronismo – en el peronismo de “los buenos” vs el de “los malos”. Resultado de esta operación matemática es que se termina naufragando en la cultura de “los mejores”. Un berrinche ideológico que ha llevado a parte del espacio nacional-popular a profesar vocación de minoría intensa, aspiracional, pura y moralista como el progresismo actual, que sigue intentando reducir a CFK a mera líder juvenil.

Con todas las bondades del punto de partida de la recuperación democrática tras el período más oscuro del país, poco se dice que del 83 a la fecha asistimos a la instalación de este ecosistema putrefacto, con su liberalismo cultural endémico, y con la concentración, en manos de minorías, de poder económico, mediático y judicial. La concentración más ominosa de la historia. El relato mediático que acompaña es un western de Clint Eastwood, entre los “Buenos” vs los “malos”. El western pasa mientras los daños estructurales a la Patria permanecen y se profundizan.

Es que el proceso de degradación planificada de las instituciones de la Patria y de su violento y deliberado divorcio del pueblo que vino de la mano de la dictadura, no detuvo su avance ante un poder estatal asfixiado por el peso de la deuda y diezmado en su margen de maniobra, como el que tuvo lugar durante la presidencia de Raúl Alfonsin, con quién retorno la democracia, una democracia restringida y con la justicia social vedada. A la propia impericia económica que caracterizó al gobierno de Alfonsín, se le sumó un proceso constante y acelerado de disminución de la autoridad estatal, hasta desembocar en el desastre organizado que fue la hiperinflacion.

Con el terreno económico y sociocultural ya preparado, el proyecto neoliberal fue profundizado a través de las instituciones estatales por un gobierno democrático, el de Menem, quien fue el representante sistémico de un agresivo contrabando ideológico al interior de todas las fuerzas nacionales, coronado por el Consenso de Washington a nivel global. Finalmente la Alianza (un experimento progresista adaptado a ese mismo esquema socialdemócrata light que requiere el neoliberalismo), con una combinación perfecta de cobardía e ineptitud, tomo el timón, por supuesto ,sin cambiar un ápice el rumbo al que sus patrones (banqueros, financistas, empresarios, etc.) querían llevar al país, desembocando aceleradamente en el estallido de 2001.

El éxito de la dictadura fue fabuloso no sólo en términos económicos, sino también culturales, porque logró borrar la memoria histórica de la obra de un hombre que algo entendía de rumbos colectivos, y que durante casi 30 años sembró una doctrina de unidad para una comunidad organizada en su propia autenticidad nacional. Por el contrario , la dictadura se dedicó a barrer con toda esa obra para dejar libre el terreno a la importacion a mansalva del sistema operativo del Neoliberalismo en sus colonias: la socialdemocracia light de partiduchos y coaliciones con más vocación de tener razón que de ganar.

Entonces el problema no es Alfonsín, ni el alfonsinismo, ni la socialdemocracia. El problema es volver a pensar en argentino. El problema es que hoy tenemos la inflación más alta desde 1991. Hoy un paquete de yerba vale 180 pesos. Las condiciones externas y externas son tan calamitosas que reúnen los problemas sistemicos de 1989 y 2001. Hoy la leche no se puede comprar. Hoy comer resulta un lujo. Y no hay pan, hay circo.

Quizás la próxima vez, si tenemos la suerte de volver al gobierno, la historia -que es maestra de la vida- debiera ser analizada y comprendida con una brújula que no esté calibrada por el enemigo. Porque esa brújula nos llevó a considerar la pavada de pensar que se puede hacer peronismo sin lo que representa CFK, sólo proporcional a la otra pavada de pensar que el peronismo se puede hacer sin lo que representa el PJ y la CGT.

Ojalà nunca lleguemos (tenemos que evitar llegar) a ese escenario de derrota consumada, donde una cofradía progresista pasa mates entre “los mejores del radicalismo” y “los mejores del peronismo”, quizás en “plazas del (mejor) pueblo empoderado”, ahí al solcito, en Parque Centenario, diciendo que la sociedad argentina es tonta, vota contra sí misma, no comprende “el proyecto” y criticando al trotskismo por “vanguardismo elitista”.

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