BAÑO DE HUMILDAD

Por Marcos Domínguez (*)

Hace tiempo me pregunto:¿No podemos imaginar siquiera que fuera de las minorías intensas hiperpolitizadas de nuestra fauna de “orgas” y especies varias, existe un pueblo que consume 15 minutos diarios de tv e información completamente desjerarquizada y agobiante? .

¿Será que algunos se resignaron a naturalizar las construcciones mediáticas y a generar sentido común en lugar de concientizar y promover el pensamiento crítico?, ¿será que no tenemos voluntad real de salir de ese sentido común arrogante, infalible, que vomita su desprecio sobre todas las demás fuerzas políticas y organizaciones del campo popular, que son por definición las que se equivocan, las que tienen falencias, las que están condenadas, etc.?

¿Ya nos las sabemos todas, y somos especialistas en buscar culpables, incluso de “delitos” que sólo tienen sentencia firme en un medio de comunicación?. Quizás nuestro edipo con “los (y las) culpables” es un edipo nocivo, sobre todo cuando somos más soberbios/as de lo que imaginamos. En la red esto no es solo abundante, sino más evidente, porque queda el registro escrito de esa soberbia. Solo basta recorrer muros de algunos/as “influencers”(diremos así) para encontrar caracteres con mensajes orientados desde un lugar del tipo “yo te voy a explicar”, “es por acá”. Son intragables. Intragables y endogamicos. Rayan el snobismo que dicen denunciar.

Naturalmente, en el cara a cara la soberbia merma, porque se necesita cierta reciprocidad en el debate. En la red solo se escriben “verdades” personales, y la tendencia es hacia el no debate, hacia la censura de la disidencia. Y ya se ha dicho en este blog que, en el ecosistema de la micromilitancia por lo menos, resulta bastante complejo hablar de doctrina de amor y (al mismo tiempo) autoreivindicarse como los únicos fieles portadores de ella para, acto seguido, despreciar al resto de las fuerzas componentes del movimiento por “falta de doctrina e ignorancia”. La adulteración doctrinaria no solo se produce por carencia, sino también por su aplicación museológica para fines (también) expulsivos.

Pienso humildemente que quizás nuestra principal carencia no es de formación conceptual, sino de formación espiritual (de allí nace la virtud de la humildad, no de la teoría), formación inescindible de la otra en un militante peronista. Si no bajamos del zaino, y aprendemos la diferencia entre estar politizado y tener cultura política (capacidad de debate), quizás nos merecemos otros 4 años de esto.

*El autor es Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires

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