EL MÁS COMÚN DE LOS SENTIDOS

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Por Bonifacio Palacios (M.D)

Probablemente Bolsonaro sea mucho peor de lo que se espera. Mucho peor de lo que hasta ahora se vé. Sacó más de 49 millones de votos, pero no hay 49 millones de monstruos en Brasil. Mientras tanto, podemos ver este recorte e indignarnos. Podemos pensar que, además de para la “toma de conciencia”, estas piezas audiovisuales sirven también para contentarnos con una especie de receta moral que nos tranquiliza. Podemos administrar la derrota con consignas cliché culturalmente rentables en la era de la formación política fast food. Podemos reposar en la cómodas etiquetas que ha instalado el sistema en nuestras anteojeras, esas que nos sedan cual clonazepam conceptual en una realidad vertiginosa, angustiante y compleja. O podemos querer dejar de imitar a podemos y buscar en nosotros un esquema interpretativo argentino de la realidad.

Mirar la realidad argentina con ojos argentinos para encontrar soluciones argentinas. Asumir que la prestigiosa actriz que entrevista a Bolsonaro expresa el imaginario de un sector que forma parte de la sociedad, pero sin embargo está siendo ofendida por el sentido común DE OTRO SECTOR ENORME DE LA SOCIEDAD. Ese sentido común al que todavía ni de cerca interpretamos sino que nos dedicamos a renegarlo, a patalearle nuestra moralina bienpensante. Y no se trata de comprenderlo para adorarlo, sino de que, como decía alguien, hay que ver el reverso de la trama en esta lucha de opuestos. ¿Se acuerdan? ver base para apreciar, apreciar base para resolver, y resolver base para actuar.

Es hora de abandonar el clásico imaginario del progresismo culposo a la hora de vincularse con valores como el orden, la seguridad, la movilidad social ascendente con dinámica de méritos deseables para la realización de la comunidad (trabajo, esfuerzo, dedicación) y demás cuestiones que hacen a la representación de mayorías sociales, esto es, HAY QUE DEJAR DE REGALAR LAS BANDERAS DEL ORDEN A ESTOS SECTORES REACCIONARIOS. Siempre el electorado vota orden. El desorden no se vota. Si seguimos interpretando estas piezas como cosas contra las cuales no cabe otra posibilidad que la de indignarse compulsivamente, los jinetes del apocalipsis disfrazados de outsiders en el prime time descargarán su psiquiátrico paradigma disfrazado con el imaginario de “Patria, orden y nacionalismo” justamente para que jamás podamos construir ni patria, ni orden, ni nacionalismo genuino.

En la medida en la que las corrientes políticas en nuestro país sigan siendo expresión de posturas intelectuales y no de movimientos sociales, el ciclo se repetirá. Biondini y Del Caño. No como opciones electorales sino como expresiones culturales, representan el viejo ataque de pinzas. La izquierda boba, que existe para devaluar la idea de revolución, y el nacionalismo bobo, que existe para ridiculizar el sentimiento nacional. Estamos ante una nueva fomra cultural del famoso ataque de pinzas del que hablaba Juan Perón, donde la única posibilidad de salir del laberinto es por una trascendencia de los opuestos, algo que los incluya, los represente, y diluya esos extremos en una lógica de comunidad. Porque, reiteramos, las mayorías están no sólo para hablar de ellas en foros y centros culturales, sino para representarlas.

 

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