LOS PIANTAVOTOS 

A modo de crítica, se decía que “el kirchnerismo te quiere llevar al paraíso a patadas en el culo.” El macrismo también nos lleva a patadas en el culo, pero a una época pre-peronista, con la Soc. Rural en el gabinete, aumentos siderales, deuda perpetua, flexibilización laboral, y sobre todo, el más falso pornoshow justiciero del que se tenga memoria,  montado para tapar todo lo anterior (que recién está empezando).

 

Hemos dicho en este blog que, lamentablemtente, hoy la política argentina vive sumida en la idea de que “ser honesto” significa ser un dirigente o candidato que nunca enfrentó al poder real. Este tamiz lo aporta el termómetro de honestismo vía poder mediático-judicial, que decide quién forma parte de la góndola de lo permitido y quién de lo prohibido como oferta política. En este contexto, pensaba en que “menos mal que existen los piantavotos”, esa raza de militantes con defectos corrientes, pero también con virtudes poco abundantes en tiempos de una “oligarquía anticorrupción” en el gobierno: insobornables,  incorrompibles, y sobre todas las cosas, con profunda conciencia nacional.

 

Pensaba en que menos mal que todavía hay gente con coraje en la política, que dá el ejemplo para mostrarnos otro camino a los que venimos atrás, y contrastar con la teatralización a la que todos los días asistimos, en ese circo del cinismo que nos convida al ya común  torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada donde ingresa la discusión política, pero ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese electroshock mediático, donde el político es evaluado por sus características personales y no por su actuación política.

 
A mí por lo menos, los piantavotos me demuestran todos los días que a un compañero se lo banca, y que un militante tiene que hacer lo que tiene que hacer, porque afortunadamente –todavía– no todo se dirime en la realpolitik biencomida y bienpensante, ni en la “oposición friendly” comandada por acomoditicios pichones de burócrata, rockstars de trajecito y sultanes de la agachada de la que se nutrió en grande el  modus vivendi de la política en los ´90.

 
Formas y contenido cohabitan siempre. La alquimia entre ambas dimensiones es el arte del político. Sin embargo, el poder hiperconcentrado que gobierna busca que la política se agote en el ecosistema de las formas, renunciando a los contenidos. Si esto no es así, es porque los piantavotos son los que siguen poniendo ese límite, por eso son siempre criticadas sus “formas”, y rara vez los contenidos que gritan. En la cultura donde soltarle la mano a ex funcionarios que habría que bancar con todo el temple posible, los piantavotos quizás no ganen elecciones, pero enseñan a los que venimos atrás que es mejor “vivir como se piensa, actuar como se habla“, como decía Germán Abdala.

 

Son los piantavotos, esos que no tienen que presentar certificado de lealtad en ningún lado, los que piden (sin motivaciones rupturistas) la apertura de un debate que, de seguir obturado, será la puerta de entrada de más militantes al prime time de  Comodoro Py, y también la tumba del movimiento nacional. Por el año ´74, Perón enfrentaba problemas que parecen reactualizarse de manera cíclica, y señalaba:

 

“Ya he dicho varias veces que organizar no es juntar gente, como algunos creen. Organizar es aunar SENTIMIENTOS. De manera que antes de juntar a la gente hay que convencerse que sienten y piensan dela misma manera. De lo contrario, en cuanto se junten, saldrán a los sillazos. En cambio si están más o menos en claro de que todos piensan y sienten de una misma manera, cuanto más DISCUTAN, probablemente más se AGLUTINEN y cohesionen. Eso es lo que pienso que hay que hacer.

 

 

Quizás los piantavotos tengan más para decir “desfilando por Comodoro Py”, que aquellos que apuestan por seguir pidiendo “certificados de lealtad” para seguir obturando un debate subyacente que nos debemos hace rato, y que de seguir esquivándolo, habilitará más rupturismos. La única manera de parar con esta degradación sistemática a la que asiste la comunidad y sus instituciones, es convocar al debate para la unidad.

 

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