¿Cuál es el modelo de oposición?

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“El Movimiento Peronista no es un partido político; no representa una agrupación política. Es un movimiento nacional; esa ha sido la concepción básica. No somos, repito, un partido político; somos un movimiento y como tal no representamos intereses sectarios ni partidarios; representamos sólo los intereses nacionales. Esa es nuestra orientación. Nuestro objetivo es –lisa y llanamente- lo que debe ser el objetivo de todas las naciones que luchan por la felicidad de sus hijos y por la grandeza de la Patria.”

Juan Domingo Perón

“Me hice peronista,  porque no se puede ser feliz en soledad.

Leonardo Favio

 

No hubo grandes sorpresas. Las PASO habían dado una proyección que consolidó esas tendencias. Si bien el techo de las dos fuerzas más competitivas se amplió respecto de agosto, el de Unidad Ciudadana lo hizo en menor medida, pero quedó claro que el espacio liderado por la ex presidenta sigue contando con la adhesión ferviente de la mayor parte del voto opositor. La pregunta política del momento es: ¿habrá mesa redonda de negociaciones por la unidad entre dirigentes opositores? No lo sabemos. Lo que sabemos son los resultados de estas elecciones de medio término, y los discursos que generaron en cada espacio político que compitió.

En CABA, la contundente victoria de Carrió expresa en mayor medida el apoyo a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, y en menor (pero esencial) medida el espíritu histórico de la persistente psiquis portuaria, que sueña con la República de los pocos. El sadismo de Carrió por ahora es inmune a costos políticos, y eso es lo que hemos intentado explicar en este artículo.

El rendimiento de Unidad Porteña, al margen de las históricas complejidades que la ciudad-puerto presenta electoralmente, se debe también a que la recurrente oferta del campo nacional en la Capital suena más a resignación que a candidatura. Por su parte, el buen ánimo en el Bunker de Losteau, dió la evidencia de que Evolución  es la continuación de Cambiemos por otros medios. La izquierda, empujada por la carismática Bregman, hizo una buena elección, superando al espacio del mediático Matías Tombolini.

En la provincia de Buenos Aires, la gran derrotada es la ambigüedad. La “Stolbizerizacion” llevo al massismo a peores resultados que en las PASO. Florencio Randazzo retuvo buena parte de votos, después de una campaña en la que demostró que la queja edipica como remedio a la “falta de autocrítica de CFK” no funciona como plataforma electoral, y que para los bonaerenses fué mejor Massa conocido, que Massa por conocer. Unidad Ciudadana se consolidó como la opción opositora con mayor volumen de representación, y ahí radica su propia disyuntiva, que es la misma que atraviesa  a toda la oposición: construir alianzas que trasciendan el propio espacio o “achicarse la cancha” en la construcción endogámica.

Lo peor que podría pasarle al campo opositor sería adentrarse en los huracanados vientos de un “purismo” que olvide que la aritmética política que “mueve el amperimetro” del poder real, es de alianzas barrosas y no un reservado de estómagos de mariposa, como bien lo sabía Néstor Kirchner.  Lamentablemente todavía nadie olvida que un fantasma recorre la militancia, el fantasma del “baño de humildad”, una factura que, a juzgar por el desempeño electoral de los persistentes y autoasumidos acreedores, todavía tendrá deudores imprecisos. Quizás los deudores somos todos y todas, y sanseacabó. Ojalá fuese tan sencillo.

En Salta, la baja performance del peronismo “friendly” de Urtubey, contrasta con la victoria del modelo opositor peronista de los Saa en San Luis o de Insfran en Formosa. Estos datos de la realidad dan cuenta de que el modelo de oposición no podrá definirse por fuera de la oposición al macrismo, siempre y cuando la oposición no pretenda degradarse en un ritualismo morisquetero vacío, y condenarse a ser una confederación de partidos locales que sólo compartan su tradicional liturgia, lo que en términos prácticos se cristaliza en lo ya señalado aquí: reducir el movimiento sólo a una identidad cultural sin traducción electoral.

La lógica aristotélica indica que el adversario a vencer es Cambiemos, y no el kirchnerismo. Pero Argentina nos da siempre maravillosos productos antiaristotélicos: la voluntad de algunos de hacer una oposición  de la oposición. Los “partidos del no”(no a Macri, no a Cristina) , creo (y espero), tenderán a difuminarse en la propia grietología que, por torpeza o cinismo, evangelizan.

La unidad se enfrenta a un ataque de pinzas. Así como los errores propios del peronismo se traducen más balcanización, el acierto del proyecto oligárquico consiste en avanzar sobre esa división para mutilarle su identidad política, apropiándose de las banderas del futuro, de la unidad nacional, y del progreso (que no es lo mismo que el progresismo).

Si hasta la izquierda trotskista autóctona (de buena elección también en PBA), presa ideológica de la vocación de minoría, puede conformar un frente, la revalorización de la pluralidad dentro del peronismo opositor debe partir de una absorción inteligente de las distintas (y exitosas) formas de construcción a nivel federal: Formosa, Chaco, San Luis, son algunos ejemplos.

Guillermo Moreno, en su intercambio televisivo con Leandro Santoro , ha dejado un interesante concepto de cara a lo que viene: el debate subyacente del peronismo con la socialdemocracia. Subyacente por inevitable, pero también por propio, esto es, adentro del mismo espacio, no en parcelas distintas. Porque si bien la unidad de los dirigentes no garantiza la unidad de los electores, es claro que hay una identidad opositora de esos electores que los dirigentes con sentido de la responsabilidad histórica no deben mantener fragmentada. La identidad progresista y la peronista tienen mucho para perder divididas, y mucho para ganar unidas.

La política es más deseo que objetividad, por eso diremos que  sólo una unidad de ese tipo podría ir regando de pluralidad un espacio donde convivan y se integren las verdades relativas de cada una. Aprovechar las diversidades, sin anularlas, según el propio Néstor Kirchner.

Los peronistas debemos hacer equilibrio para no caer: ni en sectarismo conservador del tipo JulioBarbariano,  que existe para predicar peronismo como pieza de museo alimentando la legitimidad de la oferta de futuro cambiemita, ni tampoco en la patología  de intentar hacer un “peronismo de los mejores”, que se traduce en vocación de minoría con más voluntad de tener razón, que de gobernar.

En suma, el campo nacional no puede seguir alejándose, por sectarismos inconclusos, de las banderas que tanto tiene que recuperar en su lenguaje: la unidad y el futuro. Como señala Abel Fernandez en su blog: “Es necesario, es imprescindible, que para el 2019 encontremos motivos poderosos para un Sí.”

Según la propia Cristina Fernández de Kirchner, Unidad Ciudadana es punto de acumulación, lo que no debiera entenderse como una voluntad de la ex presidenta por oficiar de verduga  política de afiliados al PJ. Los dirigentes del PJ afrontan la misma disyuntiva que Unidad Ciudadana: formar un frente con posibilidades de ser gobierno. Hay una alquimia de unidad por realizar, en tanto con Unidad Ciudadana no alcanza, pero sin Unidad Ciudadana no existe.

Algunos consultores (Durán Barba es solo uno de ellos) dicen desde hace tiempo que se agotaron las lealtades tradicionales del voto peronista-radical. Eso indica que deben discutirse los instrumentos electorales, pero no deben agotarse las ideas. Hablando de ideas, últimamente nos gusta repetir en este blog que para Perón la política, a pesar de que en ella hay algunos intransigentes, es un juego de transigencias.

Si esto es así, se deber ser intransigente sólo en los grandes principios. Es la dinámica de una inteligente transigencia lo que ha mantenido viva la capacidad del movimiento para representar mayorías, es decir, para ampliar su base electoral en el marco de un continuo de transformaciones en el tejido social del país, que modificaron identidades, formas de interpelación, y también la relación que mantiene el electorado con las representaciones tradicionales.

Mi impresión es que más allá de cualquier consideración o análisis politólogico, lo político indica que  el peronismo bonaerense tiene demasiado que aprender del de San Luis, en tanto la “solución” del peronismo no va a salir exclusivamente del Patria ni de un holograma, tiene que ser federal, por ende, conjunta.

Para cerrar, respondemos la pregunta del título: el modelo de oposición es el que la sociedad vota. También el de gobierno. Porque la sociedad no se equivoca, la sociedad elige. Sin embargo, ellos le dicen a nuestro pueblo “vamos juntos” o “aquí no hay líderes mesiánicos, el cambio lo hacen ustedes”, y predican con el ejemplo cristalizado en las urnas. Vamos juntos  aunque el destino sea el abismo. Quizás debiéramos ver si calificamos éso solo como efectismo vacío, y no como una enseñanza lingüística (a la que nosotros debemos agregarle nuestra política), del adversario.

2 comentarios en “¿Cuál es el modelo de oposición?

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