Unidad o grietología, ¿Qué Hacer?…


“Hace ya seis años que me debato en la lucha por alcanzar una organización política, pero los hechos me vienen demostrando que, mientras subsistan los actuales enfrentamientos entre los dirigentes, ello no será posible. (…) Si los dirigentes políticos del Peronismo no se persuaden de la imperiosa necesidad de posponer intereses de círculo y pasiones personales, para dar paso a la necesidad de unificar al Peronismo y LUCHAR SOLIDARIAMENTE CON UNIDAD DE ACCIÓN CONTRA EL ENEMIGO COMÚN, poco tendré ya que hacer con ellos. Quizás la proliferación de partidos y partiditos neoperonistas sea la solución, ya que los dirigentes del partido Justicialista se dedican a combatir a sus compañeros y no al enemigo, cuando se encuentren empeñados en denigrar a los propios compañeros con un afán que no desmerece a la saña con que lo hacen nuestros propios enemigos…”


JUAN PERÓN – Carta del día 18 de mayo de 1961 desde Madrid al Sr. Rubén Francisco Loren, quien fuera fundador del sindicato textil junto con Andrés Framini.

En su manual de conducción, Juan Perón señala algunas cuestiones siempre oportunas, sobre todo para recordar en fecha de su natalicio.

Hay que persuadir a los que están equivocados y toman la política como un fin y no como un medio, y hay que traerlos a nuestras agrupaciones. Si son idealistas y hombres de bien, serán bienvenidos y reforzarán nuestra propia organización. También afirma que “la conducción no es el mando (…) Aquí hay que arreglárselas para que la gente haga caso y, sobre todo, tener cuidado de no ordenar nunca nada que no se pueda hacer.”. Perón señala que la política, a pesar de que en ella hay algunos intransigentes, es un juego de transigencias. Se deber ser intransigente sólo en los grandes principios. Hay que ser transigente, comprensivo, y conformarse con que se haga el 50% de lo que se quiere, dejando el otro 50% a los demás, pero hay que tener la inteligencia necesaria para que el 50% que le toque a uno sea el más importante.

En momentos donde seguir señalando al de al lado nos impide mirar hacia el frente y comprender la naturaleza del adversario político votado por la sociedad, es fundamental recordar que la dinámica de una inteligente transigencia, es lo que ha mantenido viva la capacidad del movimiento para representar mayorías, es decir, para ampliar su base electoral en el marco de un continuo de transformaciones en el tejido social del país, que modificaron identidades, formas de interpelación, y también la relación que mantiene el electorado con las representaciones tradicionales.

La lógica adaptativa del peronismo es su principal virtud, lo cual constituye uno de los factores del rendimiento de Unidad Ciudadana respecto de las otras dos fuerzas del peronismo bonaerense. Los magros resultados obtenidos tanto por Cumplir como por 1Pais, pueden explicarse no tanto por la falta de carisma de sus líderes como por el grado de colonización mediática de su agenda. Esto pareciera indicar que ningún peronista con vocación de poder puede sobrevivir a los efectos políticos de una grieta cuya eliminación (dicen esos peronistas), constituye el futuro de una “Argentina armoniosa”.

Aún con magros despliegues en las urnas, y en un intento de seguir achicando la cancha, buena parte de estos sectores siguieron repitiendo que “Cristina se fue del peronismo“, muletilla con la que referentes y militantes de otros espacios calificaron la fundación del nuevo instrumento electoral liderado por la ex presidenta. Ahora bien: ningún opositor que se “vaya del peronismo” puede juntar 35 puntos en una elección. Este dato puede invitar a pensar a los que todavía sostienen esta argumentaci que, quizás y simplemente, la ex presidenta no cometió el error de confundir la identidad política del peronismo con la fechitización de su tradicional instrumento electoral (PJ) y pudo adaptar al peronismo a las nuevas estéticas de comunicación, pero para traccionar votos hacia lo “cumplido” por su gestión. ¿Tenía otra alternativa siendo candidata?…

Una lógica adaptativa debe partir de la voluntad de unir, no de fragmentar, ya que como señaló Nestor Carlos Kirchner en su discurso de asunción“se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades, sin anularlas.” Desde el momento en el que la longevidad del movimiento se relaciona con la ampliación de su base electoral, la fragmentación que es guiada por la vocación de minoría, no se entiende sino como antiperonista. Cuando hay vocación de minoría, por más camuflada que se presente, las demandas concretas de la sociedad se licuan y extravían en un ritualismo morisquetero de los/as candidatos/as. Este vicio constituye  uno de los factores determinantes en la gestación de las crisis de representación.

El peronismo no estuvo, ni está, exento de tensiones en la diversidad de partidos y agrupaciones que lo conforman, de modo que la política de hoy implica el desafío de construir con el que piensa diferente y de buscar carriles comunes de entendimiento, de acuerdo y diálogo. Si el panorama para el votante opositor es hoy heterogéneo en materia de ideas -tanto como para dividirse en 3 candidaturas-, Cristina Fernández tendría razón en su diagnóstico de hace más de un año: “la unidad no vendrá por el lado de la ideología, sino por el lado de representar los intereses agredidos.”

Dicho esto, la pregunta de simpleza abrumadora que surge es, ¿quién de los 3 candidatos del peronismo bonaerense ha logrado “representar más” esos intereses?. Los 35 puntos de la candidata de Unidad Ciudadana paracen evidenciar la respuesta; 35 puntos conseguidos –vale decir- en el marco de una feroz campaña de persecución y ensañamiento mediático-judicial. Si esto fuese así, sea cual sea el resultado del 22 de octubre, lo dicho por María Esperanza Casullo seguirá -todavía- vigente, en tanto “no hay un liderazgo fuerte que pueda jubilar a Cristina Kirchner y tampoco el de Cristina tiene la fuerza que tenía antes del 2015”. Las bases electorales opositoras definirán el 22 si este peronismo dividido, tiene todavía razón de ser.

A esta altura, es oportuno recordar lo expresado por quien, tal vez, expone un buen ejemplo de militancia en pos de la unidad del campo nacional, pero no de la unidad como entelequia que conjuga un peronismo de museo con un torpe anticristinismo, sino de la unidad como realidad efectiva que el campo nacional debe transitar de manera urgente. Hablamos de Guillermo Moreno, que en una entrevista en la revista zoom ha dicho “En esto hay que diferenciar las miradas de si uno trabaja de recolector o de cazador, no porque sea mejor ser cazador que recolector, o a la inversa. Si uno trabaja de recolector tiene que elegir la mejor fruta hoy.

El ex Secretario de comercio se viene expidiendo sobre la unidad del peronismo desde que regresó al país. Para traer un ejemplo fresco de esta voluntad manifiesta, sólo basta tomar nota de su respuesta ante la pregunta del periodista de La Nación en el marco de las paso porteñas, el 7 de agosto de este año:

¿Cómo toma que Cristina Kirchner apoye a otra lista?


-Es una lista interna del PJ de la ciudad. Cristina es peronista, somos todos peronistas. No hay ningún inconveniente.

El mismo ex funcionario, ha planteado que “reflexionar sobre la conducción, es como reflexionar sobre una obra de arte que alguien va a hacer. No, vos después de que la hace juzgás. La conducción se juzga ex post, inexorablemente, porque es un hecho que deviene de la práctica. Entonces no se debate sobre la conducción. No debatir la conducción significa que en realidad no hacés parte de la mesa ese debate. La conducción se ejerce o no se ejerce. Después está el rol de Cristina. No hay ninguna duda de que es la dirigente del Movimiento Nacional Justicialista que más votos en términos individuales tiene.”

Siguiendo esta línea, quizás se entienda la actitud de muchos dirigentes del peronismo de todos los niveles que han intentado e intentan  fortalecer todo lo que rodea a “la mejor fruta hoy: Cristina Fernández de Kirchner”, que aun habiendo adoptado nuevas estéticas que algunos consideran “más competitivas”, tiene un piso muy parecido a su techo (35-37 puntos).

En el cortísimo plazo, dada la situación que pone a Unidad Ciudadana en la urgencia de atraer los votos que faltan de cara a octubre, hemos dicho en este blog que esos votos no son –naturalmente–  los de Cristina, cuyo electorado “talibán” es un capital político invaluable en tiempos de volatilidad electoral. Los votos que faltan son los de Unidad Ciudadana en su conjunto, es decir, aquellos que el magnetismo de la ex presidenta no logra atraer. 

Esto significa que, si bien ya es tarde para que de aquí al 22 surjan nuevos actores capaces de traccionar los votos que faltan, no es tarde para que surjan referentes capaces de trazar los acuerdos de unidad con espacios componentes del movimiento peronista. Guillermo Moreno, puede ser uno de ellos. Jorge Taiana, otro.

En el año ´74, Timerman (padre) le preguntaba a Perón por qué creía que la unidad política de los dirigentes en temas cruciales era posible, siendo que históricamente se habían reiterado mezquindades que volvían exagerada la “fé” del General en esa unidad. El león herívoro contestó: “eso no ha sido posible por falta de cultura política. Este es un país politizado, pero sin cultura política. En Europa estos mismo fenómenos se resuelven de manera diferente. Algunos dicen ´¡que suerte tiene Francia, siempre le aparece el hombre que la salva!´….no es suerte, es cultura política. Este es un país politizado, pero sin cultura política. Claro que para adquirir politica el primer paso es politizarse, en un país despolitizado el acceso a la cultura politica no es posible.Es por esto que la unidad posible deberá basarse en una alquimia que pondrá a prueba el grado de maduración de la cultura política de nuestra fauna contemporánea.

“The strategy of indirect approach”(La estrategia de aproximación indirecta) del Capitán Basil Henry Liddell Hart, es el legendario Manual de Estrategia de dicho militar británico, y uno de los libros de cabecera del Papa Francisco. Una de las ideas sugerentes de la obra para toda la dirigencia del campo nacional es que “cuanto más se intenta aparentar imponer una paz totalmente propia, mediante la conquista, mayores son los obstáculos que surgirán por el camino”.

Si conducir no es mandar, sino persuadir, ha sido también Cristina Fernández la que ha dado en la tecla cuando el 14 de septiembre de 2016 ha señalado que “los demás no se tienen que adaptar a nosotros, sino nosotros como militantes y constructores los que nos tenemos que adaptar a la sociedad. Estoy hablando de adaptación, no de cooptación del pensamiento y la idea. (…) El sobredimensionamiento mediático de las discusiones entre dirigentes, es una estrategia para mostrar una oposición sin vocación de gobierno. Todo dirigente que quiera ser gobierno, no tiene que seducir ni pelearse con otros dirigentes, tiene que seducir a la sociedad, que es la que vota. Estos son signos que tenemos que empezar a desentrañar para no enroscarnos.” 

En sintonía, el propio Guillermo Moreno, ha sido tan claro como premonitorio en esta línea con sus declaraciones del 14 de noviembre (también de 2016), cuando declaró que “a veces me da la sensación de que hay algunos compañeros que no sé si tienen vocación de poder. Entonces, en vez de plantear todos contra la oligarquía, empiezan a hacer algunas disecciones. Y finalmente lo que va a terminar pasando es que no vamos a ganar las elecciones, porque ellos van a tener un 40% de votos”

El dilema de hierro de construir una oposición con vocación de gobierno, o entregarla al “laissez faire” de la balcanización, presupone la necesidad de hacer notar a los dirigentes menos representativos y muy sobrerepresentados en los medios de comunicación, que de no adoptar una actitud acorde a los acontecimientos, habrá un peronismo dividido en quintas, con más vocación de oposición (es) eterna (s) que de volver al gobierno, y degenerará muy probablemente en lo que señala Trotta:

Un peronismo que no logre la unidad puede llevar a que la sociedad busque ser rescatada por otras expresiones políticas, condenándolo a ser una confederación de partidos locales que sólo comparten su tradicional liturgia. Pero también es el peronismo quién presenta las mejores condiciones objetivas para construir una nueva mayoría. Sólo en la unidad de acción y pensamiento está la fuerza.”

Un gran desafío que tiene por delante el peronismo es el de no dejarse reducir sólo a una identidad cultural, en tanto el proyecto oligárquico consiste en mutilarle su identidad política, mediante la cual tiene la obligación de representar. En este sentido, ha sido Trotta quien también ha dado en el clavo en cuanto a la revalorización de la pluralidad dentro del peronismo, señalando que:

La mirada diversa del peronismo es un activo invalorable, sumar la experiencia de quienes permitieron la “anomalía” kirchnerista, de quienes hoy asumen el desafío de inaugurar gestiones provinciales o municipales en plena turbulencia, de quienes revalidaron localmente sus gobiernos en las pasadas elecciones y de quienes lograron la unidad de la CGT y la masiva movilización expresada en la Marcha Federal, permiten imaginar un freno a las políticas neoliberales y obstruye cualquier posibilidad de reelección de Mauricio Macri. En democracia la realidad se transforma desde el gobierno, ya habrá tiempo para tensionar entre las diferentes expresiones si la sociedad le otorga al peronismo la posibilidad de volver a gobernar. En el peronismo caben todos, siempre que las ideas estén claras y los desafíos permitan abordar las transformaciones pendientes y la rectificación de los errores. habrá tiempo para tensionar entre las diferentes expresiones si la sociedad le otorga al peronismo la posibilidad de volver a gobernar. En el peronismo caben todos, siempre que las ideas estén claras y los desafíos permitan abordar las transformaciones pendientes y la rectificación de los errores.” (Jorge Taiana ha transitado esta “autocrítica bien entendida”, de la cual se ha halando en este post.)

En lo inmediato es necesario bajarle la espuma al fatalismo de nuestra fauna, invitarlos a la mesura, porque quizás el propio concepto de elecciones de medio término nos rescate de sobreestimaciones y subestimaciones, y nos invite a pensar que se requieren análisis también de medio término, y no apresuradas conclusiones sobre el mediano y largo plazo.

El horizonte de mediano plazo dependerá de la capacidad que tengan las dirigencias (y las militancias) para trazar acuerdos elementales por sobre diferencias secundarias, que seduzcan nuevos electores y cuyo eje sea reconstruir la representación de una mayoría con peso en el parlamento y con fuerza en la calle. En definitiva, la cuestión está en la disyuntiva de: o parasitar como “los partidos del No” (no a Macri, No a Cristina), o de construir una opción con verdadera vocación opositora a mediano plazo que incluya de manera significativa lo diverso, lo sindical y las múltiples construcciones del campo nacional, pero también con auténtica vocación de gobierno (y de poder) a largo plazo. En suma, cada espacio debe construir acuerdos que lo trasciendan. 

6 comentarios en “Unidad o grietología, ¿Qué Hacer?…

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