Lilita y la moralina del liberalismo salvaje

Nos han enseñado que debemos imitar el ejemplo de los Rockefeller, de los Morgan, de los potentados anglosajones que como se sabe empezaron vendiendo diarios, que parece que es una condición indispensable para llegar a millonario. Pero cuando algún enfermero, botellero o cualquier clase de avivado criollo empieza a levantar cabeza, todo el mundo se indigna recordando que ha sido enfermero, o botellero, y se pone a descubir cómo hizo plata y con qué ventaja. No se ponen a averiguar cómo la hicieron los Rockefeller y los Morgan, que no fue atando perros con longanizas. Es cierto que la guaranguería del enriquecido favorece el escándalo, porque con el leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero. Esto provoca la reacción indignada del que tiene plata de antes, lo que no quiere decir que el padre no haya sido un botellero, y sobre todo del tilingo. Y el tilingo anda por todas partes. (…) Cualquier guarango botellero, una vez que se “para”, ya empieza a razonar como tilingo y a despreciar a los que vienen atrás. Y a pensar como si lo hubiera heredado. (…) No es que yo esté en contra de la moralina, pero lo que estoy señalando es que la moralina se usa en contra de la moral nacional. Que ella es aprovechada por los grandes intereses económicos y movilizada, a veces de buena fe, por los políticos que no están en lo profundo de las cosas, o de mala fe por los que están bien en la profundidad, y agitada estruendosamente por los órganos publicitarios interesados en que tengamos más moralina que moral. (…) Si hay  gente que debe estar prevenida sobre el escándalo son los peronistas, y sobre todo el escándalos promovidos por los grandes diarios. Pero todavía no han aprendido bastante y entran como cualquier hijo de vecino. (…)La moral puede ser un gran negocio. “

ARTURO JAURETCHE –” La moralina doméstica al servicio de los intereses antinacionales” – Fragmentos de “Política y Economía”

 

Un buen punto de partida para el análisis del “fenómeno Carrió“, sería repasar algunas ideas que  invitan a pensar los conceptos de “liberalismo” y de “republicanismo” en sí.

Siguiendo a Alexander Dugin en un punto de vista más abstracto que específico, la esencia del liberalismo, a pesar de sus múltiples envases de presentación, tiene en su estructura fundamental interior los siguientes principios axiomáticos:

• Individualismo antropológico (el individuo es la medida de todas las cosas);

• Progresismo (el mundo va hacia el mejor futuro, el pasado es siempre peor que el presente)

• Tecnocracia (el desarrollo técnico y el rendimiento efectivo se toman como el modo más importante de juzgar la naturaleza de la sociedad).

• Eurocentrismo (las sociedades euro-americanas son aceptadas como el estándar para medir al resto de la humanidad).

• La economía es el destino (la economía de libre mercado es la única forma de sistema económico normativo – todos los restantes tipos deben ser reformados o destruidos).

• La democracia es el dominio de las minorías (que se defienden contra la mayoría que es siempre propensa a degenerar en totalitarismo, en “populismo”).

• La clase media es el único actor social existente real y la norma universal (independiente del hecho de si una persona ya ha llegado a este estado o está en camino de convertirse en parte de la clase media, representando por un momento una clase media hipotética).

• Unimundialismo, globalismo (los seres humanos son esencialmente lo mismo con una sola distinción – la individual – el mundo debe integrarse sobre la base individual, el cosmopolitismo, una ciudadanía mundial).

Esencialmente entonces, diremos que en lugar de ser una teoría política, el liberalismo es una teoría crítica de la política. Vincula lo político con lo ético, para subordinarlo a lo económico. No podría decirse entonces que hay política liberal en sí, sino crítica liberal de lo político, que es una crítica a la limitación de la libertad individual.

Con la esquiva anatomía del liberalismo quirúrjicamente desentrañada por el filósofo ruso, pasemos a lo específico de la variante de republicanismo autóctona que envuelve al fenómeno Carrió. Recurrimos en primera instancia a Alejandro Gaglianno, quien sostiene que:

 

“Se puede hablar de la persistencia subterránea de un republicanismo, si no siempre ético al menos estético, en la conciencia colectiva argentina. Como un sistema de valores tallados en tablas de mármol que convive con otros impulsos sociales menos nobles. (…) Tocqueville escribió que mientras la igualdad es un proceso natural, inevitable, la libertad es un artificio sólo posible por la virtud humana. En Argentina parece ser lo contrario: mientras tratamos de recuperar políticamente la igualdad, hay una suerte de liberalismo salvaje. Una vocación indomable de los ciudadanos por consumir y autogobernarse de espaldas a cualquier autoridad, ley o racionalidad económica, empeñada en cumplir la imagen que la sociedad argentina tiene de sí misma.”

 

Es que la idea de que el liberalismo adopta un carácter salvaje cuando, por un lado, expresa la identidad individual nunca asumida de los reflejos clasistas, y por el otro expresa el síntoma colectivo de una ingobernabilidad endémica, parece cada vez más evidente.

 

Con una prosa más poética aunque no menos precisa, Horacio González sostiene que:

 

“Carrió encarna el fin de la justicia constitucional y de un orden jurídico viable en la Argentina. La Nación, como racimo de múltiples determinaciones, con este singular personaje político, siempre está ante un abismo o ante la inminencia de su disolución. (…) Vaticina desastres mirando ansiosa o pícaramente hacia los costados; deja correr un sentido del absurdo cuando promete vindicta; vive esgrimiendo su “oscuro día de justicia”. Sus intuiciones escénicas le permiten convertir las tensas pero tortuosas sesiones parlamentarias en una suerte de misal umbandista, dicho esto con respeto hacia los orixásenlo.(…) Su misa es sacrificial. Sus intuiciones demiúrgicas valen más que todos los dictámenes de la justicia, aun los más desastrados, y son la suma energética de todos los programas mediáticos destinados a la disolución del pensamiento emancipado.
(…) O ella anexa al macrismo o el macrismo, dificultosamente la anexa a ella. Pero en este juego de confiscaciones mutuas, hace marcar el paso de una escisión en marcha en la sociedad argentina, una tajante división humanamente demoledora entre “puros” y “corruptos”. (…) Así alza su guillotina ambulante en los medios de comunicación y en sus meros complementes institucionales, ante jueces, fiscales o parlamentarios. Por primera vez en la historia nacional, alguien esgrime el venerable concepto de república para hacerlo sanguinario y generar un aparato de vigilancia irracional que todos los días envía al matadero a los que considera despojados de virtud. ¿Y qué es la virtud? Lo que dicta su conciencia unívoca, edificada bajo la forma de un cadalso.”

 

 

 

Partiendo de estos análisis “inspiradores”, desde este blog diremos –sin dar demasiadas pinceladas de belleza lietararia– que Elisa Carrió oficia principalmente como fiscal de la nación con jurisdicción en la moralina metropolitana, y expresa el punto de encuentro más intenso entre el perfil honestista de la ilustración aspiracional de buena parte del nuevo tejido social, con el carácter cada vez más belicoso (y menos republicano) de la democracia mediatizada contemporánea.

 

 

Combatiendo la corrupción desde el gobierno presidido por su antiguo denunciado (Mauricio, que es Macri) o evangelizando con el manual de la libertad arendtiana desde los estudios de tv y/o plataformas del Grupo Clarín, Elisa Carrió es dueña de un magnetismo único (y agresivo) con los sectores medios (y no tan medios), porteños (y no tan porteños), republicanos (y no tan republicanos) que responden a esta alquimia cultural novedosa  y no tan novedosa: Carrió es parte de la conciencia de la República sin gente, deseo inconfesable de la psiquis portuaria.

 

El demoliberalismo posmoderno ofrece al votante porteño la confirmación de ver su propia moral en espejo. El electorado de esta ciudad-puerto (mayoritariamente reproductor de agua bendita), de seguir esta deriva nacional donde “todos roban”, se seguirá viendo obligado a apelar siempre a la mesías republicana. De ahí esa voluntad de ser representados por aquella Elisa que denunciaba a los Macri a los gritos desde el parlamento, pero también por esta Elisa que, a pesar de formar parte de Cambiemos, brinda a su electorado la sensación de “auditar desde adentro” a un espacio político que evita el mal mayor para la santa república: la vuelta del kirchnerismo, o peor, del peronismo al gobierno.

 

 

A juzgar por los resultados electorales, esta vez la referente del ARI fué un vector cómodo para el votante porteño, en tanto no lo tensiona ideológicamente con simbología partidaria tradicional. El arca de Noé de Lilita es tan amplia como para contener al macrista, al macrista culposo, al no macrista, y a una buena capa de sectores sociales que giran en torno al las bambalinas del teatro mediático-judicial, para quienes Carrió es la única auditora capacitada para frenar los eventuales “excesos de macrismo explícito” al interior del propio macrismo, y también para “mantener a raya” a ese obstinado peronismo con cara de mujer. 

 

Restauradora del individualismo, la honrosa y pendular biografía política de Carrió recorre amenazante y fecunda todos los espacios que habita. Con un gran rendimiento en las PASO porteñas, y por la gravitación compartida con Maria Eugenia Vidal en el colectivo Cambiemos , nada hace suponer que dicho espacio sea inmune a tal amenaza, que por ahora tolera a cambio de rentabilidad electoral.

 

La estabilidad y supervivencia de Cambiemos dependerá de como sus moderadores de mayor peso (Macri Blanco Villegas y Peña Braun) puedan contener el equilibrio tensional que aparece en el horizonte entre estas dos mujeres de fuerte perfil presidenciable para 2019. Sin embargo, y si bien es muy interesante el llamado a ponernos los anteojos 3D para percibir la naturaleza macrista que se nos escapa, todas estas consideraciones no parten de la voluntad indirecta de “comprarle el féretro” por anticipado al peronismo, puesto que el futuro político macrismo puede decantar en la tristemente célebre alianza.

 

En suma, desde estas líneas intenta sugerirse que Elisa Carrió merece un análisis más minucioso (mucho más que este), y no tanto un rechazo per sé hacia ella, que no es otra cosa que un rechazo hacia las voluntades que representa, electoralmente hablando. Y por otra parte, que el camino del amplisimo espacio nacional-popular no debiera buscar el horizonte con la brújula de la moralina liberal, enemiga de la moral nacional.


 

 


2 comentarios en “Lilita y la moralina del liberalismo salvaje

  1. Me gusta este análisis sobre Carrió. Hace 10 años Macrismo y Carrió parecían ser dos paralelas que, como todas las paralelas, nunca se cruzan. Hace un par de años nos dimos cuenta que no eran tan paralelas sino que había giros que presagiaban un encuentro, ese vertice en el que macrismo y carrió confluyeron parece ser el momento en el que la denunciadora serial pudo darle un marco de “honestidad” al macrismo mientras una catarata de escandalos de corrupción caían sobre el gobierno anterior. La honestidad cotiza fuerte en la bolsa política, y creo q se dieron los tiempos para que ese paquete fuera irresistible para el electorado porteño.
    No quiero decir que esto sea EL factor, pero si uno de ellos, entre los tantos que hemos desestimado.
    Y no pensemos que este sea un espacio del que Carrió se vaya a los gritos y portazos, puede que acá se sienta cómoda, puede que logre una fuerte cuota de poder y puede q logre mantener una influencia prolongada dentro del espacio cambiemos.
    Ojalá que de la caracterizaciones acertadas lleguemos a la militancia que interpela y conmueva, para lograr un proyecto de mayorías y no un proyecto de minorías perfectamente camuflado.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s