La cultura del desmarque: los fueros de Menem, las carpetas y los neofrepasistas 

“A los DIRIGENTES les pido: sean CREATIVOS y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas (…) bajo el NOBLE ROPAJE DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas. 

Del mismo modo, la CONCENTRACIÓN MONOPÓLICA DE LOS MEDIOS de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico.”

Papa Francisco en el encuentro mundial de los Movimientos Populares, celebrado en Bolivia, en Julio de 2015.

 

Pregunta inicial: ¿La discusión sobre Menem tapa el bosque? Teniendo en cuenta que Durán Barba solo prohíbe hablar de economía, entonces intentemos hablar sobre otras cosas que no impliquen discutir con Lucia Galán.

 

El tren del Plan Cóndor judicial que bien observa Raúl Zaffaroni, es un tren de maquinaria  compleja y de alcance continental. En resumidas cuentas, podemos decir que en nuestro más intenso presente pasa por dos estaciones principales: la intervención de los sindicatos vía aparato mediático- judicial, y “las carpetas de los servicios”, que coaccioan sólo a la parte menos sólida de fauna política, que lamentablemente no es tan poca.  Por nuestros pagos ese tren viene recorriendo visiblemente el siguiente itinerario: Estación Boudou, Estación Plaini, Estación De Vido, Estación Menem…próxima Estación: Cristina Fernández de Kirchner, destino final en el que oportunamente se rogará a los pasajeros, bajarse de la formación.

 
Dado lo anterior, los estómagos de mariposa que de este lado participan por acción u omisión del lobby para el desafuero de Menem, deben llamarse a la reflexión, en tanto cometen el infantilismo de contribuir a que se siente un precedente estratégico para que pase lo mismo con Cristina, quien además de darle su “bendición” al espacio de CABA donde habitan algunos de esos eventuales lobbystas – cuyo candidato a diputado ya ha opinado sobre esta cuestión en el diario La Nación-, es la dirigente más representativa de los intereses populares, y una de las poquísimas  que no sufre “vértigo de carpetazo”.

 

Tal vez sucede que la cultura política “light” pregonada y naturalmente practicada por muchos progresistas que acompañan los desesperados ríos de tinta de Clarín para contribuir a cualquier desafuero – siempre que no implique el de un/a macrista-  guarda cierta afinidad electiva (concepto  Weberiano de sus etapas más peronistas) con las actitudes más propias de lo que el pensamiento nacional define como moralina, pose enemiga de la moral. Suscribiendo plenamente (y literalmente) a lo que señalara Arturo Jauretche “no es que yo esté en contra de la moralina, pero lo que estoy señalando es que la moralina se usa en contra de la moral nacional. Que ella es aprovechada por los grandes intereses económicos y movilizada, a veces de buena fe, por los políticos que no están en lo profundo de las cosas, o de mala fe por los que están bien en la profundidad, y agitada estruendosamente por los órganos publicitarios interesados en que tengamos más moralina que moral.”



Si esto es así, el paisaje muestra que la vacante de fiscal mediática con jurisdicción sobre la moralina de la Nación ya la usufructa la Sra. Carrió, y los de este amplísimo espacio nacional-popular -los peronistas por lo menos- no tienen problemas con la eventual propiedad privada; esas son premisas de alguna otra terminal ideológica foránea. Habría que persuadir para que algunos dejen de comportarse, entonces, directa o indirectamente como la Dra. Carrió.

 

La incomodidad de los debates en torno a estas cuestiones suele presentarse por poner el caballo atrás del carro. Es justo en ese momento en el que, como lucidamente advirtiera Cristina, los elefantes nos pasan por detrás, y mientras un sector señala el sol, el otro mira el dedo (del elefante).

Quizás, solo quizás, podríamos permitirnos pensar que tal vez, en esta dramática coyuntura política, sea más importante ganar la Rioja con el peronismo que desmarcarse y “tener razón sólo”, porque quizás -y sólo quizás- la política tenga que ver más con tener éxito, que con tener razón, salvo que el horizonte de éxito para algunos sea algo más parecido a un FREPASO.

Un comentario en “La cultura del desmarque: los fueros de Menem, las carpetas y los neofrepasistas 

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