Mapa de la pauperización: la culpa es del otro

Un fantasma recorre la opinión pública: la grietología envenenadora.

Un enorme pelotero de indignación segmentada ha sido montado ante nuestros ojos desde hace tiempo. En él, se mantiene a buena parte de la sociedad -más o menos- politizada en la angustia de la sobreinformación constante y de la opinología a cielo abierto, en una dinámica que deglute hasta el razonamiento más lúcido en la acotada, agresiva y vacía lógica de pensar, vivir y actuar como un troll.

El objetivo de fondo de este diseño cultural (porque nada es “espontáneo” como gustan los relativistas) es la pauperización de cualquier debate, que debe mantenerse licuado y revuelto para que nadie entienda del todo pero todos opinen, alerten, anuncien y difundan “la primicia” de “noticias ni/ni” (ni verdad ni mentira). Así funciona la dictadura de la novedad, sostenida en una política de envenenamiento  constante que mantiene a gran parte de la sociedad en el pesimismo charlatán y en el regodeo en lo negativo. Este terreno de pauperización constante del debate es fértil para la pedagogía política y económica llevada adelante por los pastores que nos gobiernan.

Es más o menos sabido que la mixtura amarilla combina la cintura y el expertise  político en el ejercicio del poder de los menos de sus integrantes, con los muchos torpes de mala fé y una casta de CEOs sin ningún tipo de escrúpulos. Estos últimos se han preparado toda la vida para cumplir su destino: “somos la generación que va a cambiar para siempre este país”, dicen convencidos, porque tienen plena consciencia de que son correas de transmisión de coloniaje. Por eso el CEO necesita ser tan servil a sus patrones como cruel con sus subordinados, en tanto su destino es garantizar el cumplimiento de los objetivos que les plantean, o deja de ser el CEO, para ser reemplazado por otro.

La oligarquía vernácula ha sido así siempre, por eso Ferla la ha definido tan bien, como grupo social espiritualmente subdesarrollado, que aún está mirando a la Argentina con los ojos asombrados del conquistador; no como una patria, sino como una inmensa, infinita posibilidad de enriquecimiento, como un medio silvestre donde operar. Por eso los problemas sociales no se le presentan como tales sino como dificultades, como obstáculos en su libertad. Tiene del obrero argentino la misma imagen que antes tuvo del indio y del gaucho: no son identidades humanas, son ‘dificultad’ y su reacción es la de eliminar dificultades, no la de solucionar problemas.

En suma, la SEOP (Secretaría de Envilecimiento  de la Opinión Pública), conformada por toda la tribuna mediática del macrismo, no dará tregua jamás, y es por eso que cuidar nuestra salud psíquica es hoy más importante que “tener la novedad”.  Por un lado, la SEOP seguirá saciando la sed de antikirchnerismo del sector más termocéfalo de su clientela adicta, y por otro lado seguirá convenciendo a una buena parte de  espectadores desprevenidos de que Cristina Fernández de Kirchner, y el kirchnerismo en general, así como representó un polo opositor anarco-mapuche-terrorista durante el caso Maldonado , ahora es la enemiga pública número 1 de la defensa nacional, y mañana lo será de otra cosa.

Ya Hernández Arregui nos advertía que “la inteligencia de la oligarquía es trina. Puede probar cualquier cosa, que lo blanco es negro, que el unitarismo es federalismo, y que Mitre era federal. Por eso sus abogados son capaces de fundir a Dios, la Constitución de 1853, y las vacas en una sola persona divina.”

La futurología no es un género que me agrade, pero atando cabos y proyectando a futuro  uno puede darse la posibilidad de ser más optimista. Hasta ahora, el blindaje y el combustible que brindan los primeros años de gestión le dan impulso al macrismo.

En este último sentido, se ha dicho en este blog que Durán Barba no diseña la política económica, a lo sumo aconseja presentar como “cambio cultural” una política de  ajuste. La pregunta es: ¿qué vida útil tiene este modus operandi de la solución cosmética y distractiva cristalizada siempre en una puesta en escena irreal?; ¿Puede lo político sostenerse en la compulsiva transferencia de responsabilidad hacia afuera?. Desde nuestro humilde lugar sostenemos que ninguna consultoría, ninguna estrategia de blindaje ni relato convertirá al macrismo en el PC chino, aunque su propia euforia triunfalista los convenza de eso. Sólo basta ver el mapa de su actual política monetaria, endeudamiento externo incluido, a cuyo rumbo muchos analistas que están en la otra vereda le diagnostican un estallido similar a los de 1982, 1989 o 2001.

El revoleo de cartas 

“Quizá el último momento más alto de diversidad ideológica que tuvimos se logró con la aprobación de la ley de recuperación de YPF. En los últimos tiempos, por el contrario, estuvimos un poco faltos de diversidad y de amplitud. En la actualidad, con el escenario en el que estamos, yo creo que la posibilidad concreta de volver a construir una opción de poder tiene que ver con volver a ser diversos. Tenemos que ser capaces de volver a construir espacios políticos para que aquellos que no piensen exactamente lo mismo que nosotros puedan ser compañeros de ruta y transitar juntos un proyecto diverso. Cuando uno es opositor tiene que pensar que no puede construir con la verdad absoluta. Tiene que pensar que su verdad es relativa: esa verdad tiene que metabolizarse con otras verdades.


(…) en los últimos tiempos esa diversidad la perdimos. Era como que aquel que era gris estaba en falta. Nosotros a los grises no le permitíamos ser blancos: los convertíamos en negros inmediatamente. Aquel que no pensara exactamente igual que nosotros, era que no tenía convicción. No éramos un espacio político que podía admitir a ese otro que no pensaba igual, ese otro inmediatamente se sentía afuera. Éramos como una iglesia.”

Agustín Rossi – Fragmentos de sus declaraciones en la Revista Zoom (2016)

Nuestro arco político, salvo raras excepciones, redunda en el laberinto binario de:  episodio ➡ comunicado/carta, y vuelta a empezar.

Ligadas a esta dinámica del revoleo de cartas,  he leído y escuchado muchas quejas por la de Aníbal, puntualmente (quizás por ser la última), señalando algo que implica un tiro por elevación a todas las otras: que “estas cosas hay que discutirlas para adentro”.

Ok, supongamos que es políticamente correcto aconsejar ese hermetismo, pero quizás el eje del problema pase porque, “para adentro”, la diversidad ideológica y el planteo de disidencias que enriquecen fue progresiva y -quizás no tan voluntariamente- reemplazada por el pedido compulsivo de “certificados de lealtad”. La lealtad real en este último tiempo se está pagando con cárcel.

El punto es que quienes  plantean esas disidencias no forman parte de lo que podría denominarse “ala del rupturismo”, sino que más bien anuncian que, de perpetuarse esta idea de que hay un sector de nuestro espacio que porta una verdad absoluta en las manos y no debe discutirla con nadie, quizás el rupturismo se nos un haga deporte que, vale decir, ya ni la izquierda juega tanto.

En definitiva, ni el macrismo es el PC chino (aunque la euforia triunfalista lo convenza de eso), ni plantear disidencias es una fatalidad en esta coyuntura. Sin embargo, es cierto que la conducta militante de “mover un poco el avispero” después de poner el cuerpo tantos años quizás merezca un adjetivo mas respetuoso que “traición”.

Las cartas no definirán absolutamente nada, aunque mañana todos empiecen a tirarse flores. En el mismo sentido, ninguna unidad meramente parlamentaria, acompañada sólo de -más o menos numerosos- grupos juveniles y entusiastas adherentes nos sacará de ese laberinto binario mencionado al inicio.

Las cartas pueden descansar. Y seguramente lo harán cuando el movimiento nacional recupere su capacidad de debate, su diversidad ideológica, y su voluntad de poder. Quizás ese “tiempo político” pase más lento. El “tiempo social” marca que la disyuntiva es otra: o se reconstruye el lazo con la pata sindical y los movimientos sociales, o seguiremos rengos para enfrentar el ajuste.

LOS PIANTAVOTOS 

A modo de crítica, se decía que “el kirchnerismo te quiere llevar al paraíso a patadas en el culo.” El macrismo también nos lleva a patadas en el culo, pero a una época pre-peronista, con la Soc. Rural en el gabinete, aumentos siderales, deuda perpetua, flexibilización laboral, y sobre todo, el más falso pornoshow justiciero del que se tenga memoria,  montado para tapar todo lo anterior (que recién está empezando).

 

Hemos dicho en este blog que, lamentablemtente, hoy la política argentina vive sumida en la idea de que “ser honesto” significa ser un dirigente o candidato que nunca enfrentó al poder real. Este tamiz lo aporta el termómetro de honestismo vía poder mediático-judicial, que decide quién forma parte de la góndola de lo permitido y quién de lo prohibido como oferta política. En este contexto, pensaba en que “menos mal que existen los piantavotos”, esa raza de militantes con defectos corrientes, pero también con virtudes poco abundantes en tiempos de una “oligarquía anticorrupción” en el gobierno: insobornables,  incorrompibles, y sobre todas las cosas, con profunda conciencia nacional.

 

Pensaba en que menos mal que todavía hay gente con coraje en la política, que dá el ejemplo para mostrarnos otro camino a los que venimos atrás, y contrastar con la teatralización a la que todos los días asistimos, en ese circo del cinismo que nos convida al ya común  torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada donde ingresa la discusión política, pero ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese electroshock mediático, donde el político es evaluado por sus características personales y no por su actuación política.

 
A mí por lo menos, los piantavotos me demuestran todos los días que a un compañero se lo banca, y que un militante tiene que hacer lo que tiene que hacer, porque afortunadamente –todavía– no todo se dirime en la realpolitik biencomida y bienpensante, ni en la “oposición friendly” comandada por acomoditicios pichones de burócrata, rockstars de trajecito y sultanes de la agachada de la que se nutrió en grande el  modus vivendi de la política en los ´90.

 
Formas y contenido cohabitan siempre. La alquimia entre ambas dimensiones es el arte del político. Sin embargo, el poder hiperconcentrado que gobierna busca que la política se agote en el ecosistema de las formas, renunciando a los contenidos. Si esto no es así, es porque los piantavotos son los que siguen poniendo ese límite, por eso son siempre criticadas sus “formas”, y rara vez los contenidos que gritan. En la cultura donde soltarle la mano a ex funcionarios que habría que bancar con todo el temple posible, los piantavotos quizás no ganen elecciones, pero enseñan a los que venimos atrás que es mejor “vivir como se piensa, actuar como se habla“, como decía Germán Abdala.

 

Son los piantavotos, esos que no tienen que presentar certificado de lealtad en ningún lado, los que piden (sin motivaciones rupturistas) la apertura de un debate que, de seguir obturado, será la puerta de entrada de más militantes al prime time de  Comodoro Py, y también la tumba del movimiento nacional. Por el año ´74, Perón enfrentaba problemas que parecen reactualizarse de manera cíclica, y señalaba:

 

“Ya he dicho varias veces que organizar no es juntar gente, como algunos creen. Organizar es aunar SENTIMIENTOS. De manera que antes de juntar a la gente hay que convencerse que sienten y piensan dela misma manera. De lo contrario, en cuanto se junten, saldrán a los sillazos. En cambio si están más o menos en claro de que todos piensan y sienten de una misma manera, cuanto más DISCUTAN, probablemente más se AGLUTINEN y cohesionen. Eso es lo que pienso que hay que hacer.

 

 

Quizás los piantavotos tengan más para decir “desfilando por Comodoro Py”, que aquellos que apuestan por seguir pidiendo “certificados de lealtad” para seguir obturando un debate subyacente que nos debemos hace rato, y que de seguir esquivándolo, habilitará más rupturismos. La única manera de parar con esta degradación sistemática a la que asiste la comunidad y sus instituciones, es convocar al debate para la unidad.

 

Debatir sindicalismo; debatir política (de vuelta)

 

 

santoro

 

El motivo de este post no es sólo ser poco originales retomando  ideas ya planteadas en el blog en torno al debate sobre el sindicalismo, sino  darle contexto más amplio. Esto es, tratar de insistir en la idea de que –gobierno oligárquico mediante–  la confluencia o unidad entre la identidad peronista, y la identidad progresista, depende de tener la voluntad necesaria para empezar a reflexionar seriamente, asumiendo que cada uno anda con una verdad siempre relativa (nunca absoluta) a cuestas.

Reflexionar honestamente, desde el relativo punto de vista de este blog, es volver a valorar la política por sobre la politología, e intentar aportar a los debates subyacentes  al interior de este anchísimo (y todavía dividido) espacio de los intereses nacionales, o movimiento, en palabras de Perón. Uno de esos debates del campo nacional, tiene que ver con el sindicalismo.

Sin más prólogos, pasamos a dejarle directamente a las y los lectores, el  texto publicado en este blog el 17 de agosto:

“¡Poné la fecha!”: el tiempismo sindical y las urgencias políticas

“Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores. También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz. (…) Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña (…) creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.”

Néstor Kirchner a José Pablo Feinmann

 

No es herejía decir que el tan criticado modelo sindical argentino es un ejemplo imitado pero nunca igualado en el mundo. No es herejía porque resulta consecuente con la evidencia de que el demoliberalismo político no ofrece a la comunidad nacional lo que el movimiento obrero organizado, y vicerversa. Para que el lector pierda por completo esperanzas de objetividad en este escrito, diremos que, contra cualquier pataleo bienpensante, el sindicalismo (con sus matices) es y será el mejor termómetro del estado espiritual del trabajador promedio, aún en la heterogeneidad que atraviesa al movimiento obrero.

 

 

Sucede que esos “sucios feos y malos Señores Feudales del Sindicalismo tradicional” (también los jacobinos) no representan sujetos comunicacionales, ni a electorado susceptible de ser interpelado con campañas publicitarias; representan nada más que a los trabajadores organizados, pero nada menos.

 

 

A diferencia de la política, sometida a la dictadura de la novedad contemporánea que mantiene en estado de neurosis colectiva a sus consumidores más fieles, el modus vivendisindical no está expuesto a tan nociva radiación, y por eso conserva el oído agudo que –más tarde o más temprano–  lo constituye como vector de demandas colectivas, no atomizadas, más allá de los tiempos de la dimensión política. Quizás por eso sus apesadumbrados pasos  tienen una correlación más milimétrica que la de la dimensión política con el clima de “la calle”, y no tanto con el clima del ecosistema 2.0.

 

 

La simetría entre la organización y el estado de ánimo del trabajador que representa, radica en el dato natural de que, simplemente, el sindicato convive con el trabajador. No “baja” al ámbito laboral, como quien baja de la universidad al territorio. En la alquimia de esa convivencia directa con los problemas  con el accionar concreto (apresurado o retardatario) y sus consecuencias inmediatas, la organización sindical está menos sometida a las neuróticas necesidades de la teatralización mediatizada de la política. Quizás por eso se dice que las masas se movilizan de manera poderosa a través de la organización sindical, cuyos paros tienen la capacidad de daño de una bomba de Hiroshima en materia económica.

 

 

En su barrosa genealogía, la organización sindical venció al tiempo porque tiene algo que otros dispositivos de representación no: tiene cultura política, historia, códigos, y una particular sensibilidad para entender y traducir, sin moralinas bienpensantes, lo que esas muchedumbres que trabajan demandan, aunque esas demandas no siempre sean del gusto de nuestros ilustrados compañeros más esclarecidos.

 

 

Si esto es así, puede que entonces esa suerte de “punitivismo cultural” aplicable a muchas cosas (también para con el “tiempismo” de ciertas dirigencias sindicales), no tenga en cuenta un importante factor: una falta de clamor popular por reemplazar al macrismo, y  no esté directamente asociada con la tan fácilmente atribuida “funcionalidad” de la organización hacia el gobierno oligárquico en ejercicio. Pero es una hipótesis, claro está.

 

 

En tiempos de macrismo, más precisamente en marzo de 2017, una marea de cerca de 500mil trabajadores y trabajadoras nos nucleamos en unidad (que todavía hoy es mucho más que poco) para demandas concretas. Sin embargo ese punitivismo cultural no ahorró en intentos por reducir semejante hecho político a un incidente mediatizado por los mismos grupos que TODOS nosotros decimos combatir. Haciéndole honor a la cita inicial, una buena analogía sería la de sugerir que reducir la movilizaciónal al incidente de la urna es proporcional a reducir 12 años de kirchnerismo a los bolsos de José López, guiñándole un ojo al simpatiquísimo Santiago Del Moro.

 

 

Aunque no hay chocolate por la noticia,  el ataque a la estructura sindical es transversal e intenso desde el 10 de diciembre de 2015. En este sentido es válida también la hipótesis de que la expectativa/esperanza sobre un “cambio de rumbo” de parte del gobierno macrista, parece más el sueño perimido de la ingenuidad tilinga cooptada por la filosofía mediática o la excusa indiferente de meros “administradores” distanciados de la realidad, que una lectura de dirigientes con importante representación política. Pero el “tiempismo” es un arte que se aprende en la conducción de masas, y no necesariamente en las necesidades de un simple escrito como este o como otros.

 

 

Es en este sentido en el que no todo es tan lineal en el ecosistema político argento,  porque el flagelo del anticegetismo -etapa superior del antisindicalismo- no sólo es consecuencia de la incomprensión o de la radiación del pornoshow periodístico, sino del propio accionar de algunos dirigentes que le dan de comer a ese diletante progresismo pequeño-burgués.

 

 

Entonces, cuando (en el mejor de los casos) se diagnostica por derecha o izquierda de que  hay crisis de representatividad en el sindicalismo,habría que anoticiarse de que si bien formamos parte de una comunidad integral (y no tan integrada), cada estructura debe resolverla por sí misma. En el caso de los sindicatos, se resuelve entre dirigencia y afiliados, y sanseacabó. 

Lo que no resulta para nada útil es utilizar este tipo de diagnósticos sesgados para una gerra de trincheras entre esa única clase de hombres y mujeres (las y los que trabajan) en la urgente coyuntura.

 

La CGT, los sindicatos en general, con su gloria y su barro son la única muestra tangible de que la organización vence al tiempo, a pesar de los errores que puedan cometer sus dirigentes, como los cometen los dirigentes políticos, y la raza humana en general. Sería un desatino que un día nosostros nos despertemos con el diario del lunes, enterándonos de que participando compulsivamente del happy Hour de la crítica al sindicalismo, estamos dándole una manito bastante grande a nuestros verdugos históricos: los dirigentes de la oligarquía.

 

Como es largamente evidente, los caracteres aquí volcados no tienen pretensión de ninguna objetividad ilustrada, sino apenas la inquietud relativa de un simple militante al que, como a otros, también le preocupa que estemos fanatizados con el deporte del codazo, esperando el error del compañero, pero nunca construyendo más que un charlatán diagnóstico pesimista sobre los hechos, que solo alimenta nuestros egos indignados que nos lleva a regodearnos en lo negativo, y pasamos a militar indirectamente el proyecto del enemigo, que es derrotarnos políticamente, culturalmente, y sobre todo, espiritualmente.

 

 

Hoy me hacía varias preguntas: ¿No podemos imaginar siquiera que fuera de las minorías intensas hiperpolitizadas de nuestra fauna de “orgas” y especies varias, existe un pueblo que consume 15 minutos diarios de tv e información completamente desjerarquizada y agobiante? .

¿Será que algunos se resignaron a naturalizar las construcciones mediáticas y a generar sentido común en lugar de concientizar y promover el pensamiento crítico?, ¿será que no tenemos voluntad real de salir de ese sentido común arrogante, infalible, que vomita su desprecio sobre todas las demás fuerzas políticas y organizaciones del campo popular, que son por definición las que se equivocan, las que tienen falencias, las que están condenadas, etc.?

 

¿Ya nos las sabemos todas, y somos especialistas en buscar culpables, incluso de “delitos” que sólo tienen sentencia firme en un medio de comunicación?. Quizás nuestro edipo con “los (y las) culpables” es un edipo nocivo. Quizás no seamos tan infalibles como pensamos, y quizás nuestras buenas intenciones y decorosos razonamientos no nos inmunicen de la radiación mediática que paraliza y confunde en un berenjenal insondable donde todo está revuelto desde hace bastante tiempo. Todos estamos sometidos a ese fenómeno, en tanto hecho social.

Si el peronismo es de arena, como observa el lúcido artista (y autor de la portada de este escrito) Daniel Santoro, entonces no se pueden trazar límites, y sería muy fecundo para el tiempo presente no forzarlos, cuando se necesita una aglomeración de todos los componentes nacionales, especialmente de los sindicatos, para enfrentar tiempos en los que, se ganen o no las elecciones, la cosas se pondrán muy difíciles.

Humildemente y en agradecimiento a quienes siguieron atentamente estas líneas, hay dos sugerencias para todos los militantes políticos y sindicales que intenten bregar la unidad por sobre cualquier diferencia secundaria; dos tentaciones que debemos evitar de cara a los tiempos que vienen:

 

1) confundir (y fundir) críticas a dirigentes con críticas a la organización.

 

2) pedirle a la estructura sindical que haga lo que no puede hacer la estructura política.

 

Para cerrar, y continuando en la obstinación de no ser originales, refrescamos algunas líneas escritas el 17 de septiembre en este blog:

¿Cuál es el aspecto de la mafia sindical que viene a combatir la expresión más republicana de la historia nacional?, una estructura de 3.500 organizaciones con convenios que protegen los derechos de 10.000.000 de trabajadores y trabajadoras, y que tras décadas de deterioro de la asistencia pública de los malos gobiernos, cubren la atención de la salud de 20.000.000 de hombres, mujeres y niños de nuestra patria.

Si esto es así, diremos que el frívolo concepto de “estructura” merece ser pensado no sólo como un “aguantadero de burócratas sindicales”, sino como instancia institucional contenedora de todo lo mencionado anteriormente, y conformada también por más de 70.000 delegados y delegadas de base que, como bien señala el “gringo” Amichetti, todos los días actúan como una valla para impedir abusos patronales en las fábricas, comercios y oficinas de todo el territorio nacional,  promueven la ayuda mutua, la cultura, la capacitación laboral, el turismo social. Todo esto en una sociedad demasiado preocupada por exaltar los valores individualistas.

(…) Aunque cueste comprenderlo, ni la dinámica de los sindicatos puede juzgarse con la vara de la de una reunión de consorcio, ni la cuestión de fondo es si un sindicalista está más sucio que indio que va último. (…) No están en juego las personas, están en juego las estructuras que -en el caso de los sindicatos- tienen una robustez que todavía ahuyenta la avanzada oligárquica sobre la dignidad institucionalizada que, con su barro, contienen las estructuras sindicales.

 

 

 

¿Cuál es el modelo de oposición?

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“El Movimiento Peronista no es un partido político; no representa una agrupación política. Es un movimiento nacional; esa ha sido la concepción básica. No somos, repito, un partido político; somos un movimiento y como tal no representamos intereses sectarios ni partidarios; representamos sólo los intereses nacionales. Esa es nuestra orientación. Nuestro objetivo es –lisa y llanamente- lo que debe ser el objetivo de todas las naciones que luchan por la felicidad de sus hijos y por la grandeza de la Patria.”

Juan Domingo Perón

“Me hice peronista,  porque no se puede ser feliz en soledad.

Leonardo Favio

 

No hubo grandes sorpresas. Las PASO habían dado una proyección que consolidó esas tendencias. Si bien el techo de las dos fuerzas más competitivas se amplió respecto de agosto, el de Unidad Ciudadana lo hizo en menor medida, pero quedó claro que el espacio liderado por la ex presidenta sigue contando con la adhesión ferviente de la mayor parte del voto opositor. La pregunta política del momento es: ¿habrá mesa redonda de negociaciones por la unidad entre dirigentes opositores? No lo sabemos. Lo que sabemos son los resultados de estas elecciones de medio término, y los discursos que generaron en cada espacio político que compitió.

En CABA, la contundente victoria de Carrió expresa en mayor medida el apoyo a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, y en menor (pero esencial) medida el espíritu histórico de la persistente psiquis portuaria, que sueña con la República de los pocos. El sadismo de Carrió por ahora es inmune a costos políticos, y eso es lo que hemos intentado explicar en este artículo.

El rendimiento de Unidad Porteña, al margen de las históricas complejidades que la ciudad-puerto presenta electoralmente, se debe también a que la recurrente oferta del campo nacional en la Capital suena más a resignación que a candidatura. Por su parte, el buen ánimo en el Bunker de Losteau, dió la evidencia de que Evolución  es la continuación de Cambiemos por otros medios. La izquierda, empujada por la carismática Bregman, hizo una buena elección, superando al espacio del mediático Matías Tombolini.

En la provincia de Buenos Aires, la gran derrotada es la ambigüedad. La “Stolbizerizacion” llevo al massismo a peores resultados que en las PASO. Florencio Randazzo retuvo buena parte de votos, después de una campaña en la que demostró que la queja edipica como remedio a la “falta de autocrítica de CFK” no funciona como plataforma electoral, y que para los bonaerenses fué mejor Massa conocido, que Massa por conocer. Unidad Ciudadana se consolidó como la opción opositora con mayor volumen de representación, y ahí radica su propia disyuntiva, que es la misma que atraviesa  a toda la oposición: construir alianzas que trasciendan el propio espacio o “achicarse la cancha” en la construcción endogámica.

Lo peor que podría pasarle al campo opositor sería adentrarse en los huracanados vientos de un “purismo” que olvide que la aritmética política que “mueve el amperimetro” del poder real, es de alianzas barrosas y no un reservado de estómagos de mariposa, como bien lo sabía Néstor Kirchner.  Lamentablemente todavía nadie olvida que un fantasma recorre la militancia, el fantasma del “baño de humildad”, una factura que, a juzgar por el desempeño electoral de los persistentes y autoasumidos acreedores, todavía tendrá deudores imprecisos. Quizás los deudores somos todos y todas, y sanseacabó. Ojalá fuese tan sencillo.

En Salta, la baja performance del peronismo “friendly” de Urtubey, contrasta con la victoria del modelo opositor peronista de los Saa en San Luis o de Insfran en Formosa. Estos datos de la realidad dan cuenta de que el modelo de oposición no podrá definirse por fuera de la oposición al macrismo, siempre y cuando la oposición no pretenda degradarse en un ritualismo morisquetero vacío, y condenarse a ser una confederación de partidos locales que sólo compartan su tradicional liturgia, lo que en términos prácticos se cristaliza en lo ya señalado aquí: reducir el movimiento sólo a una identidad cultural sin traducción electoral.

La lógica aristotélica indica que el adversario a vencer es Cambiemos, y no el kirchnerismo. Pero Argentina nos da siempre maravillosos productos antiaristotélicos: la voluntad de algunos de hacer una oposición  de la oposición. Los “partidos del no”(no a Macri, no a Cristina) , creo (y espero), tenderán a difuminarse en la propia grietología que, por torpeza o cinismo, evangelizan.

La unidad se enfrenta a un ataque de pinzas. Así como los errores propios del peronismo se traducen más balcanización, el acierto del proyecto oligárquico consiste en avanzar sobre esa división para mutilarle su identidad política, apropiándose de las banderas del futuro, de la unidad nacional, y del progreso (que no es lo mismo que el progresismo).

Si hasta la izquierda trotskista autóctona (de buena elección también en PBA), presa ideológica de la vocación de minoría, puede conformar un frente, la revalorización de la pluralidad dentro del peronismo opositor debe partir de una absorción inteligente de las distintas (y exitosas) formas de construcción a nivel federal: Formosa, Chaco, San Luis, son algunos ejemplos.

Guillermo Moreno, en su intercambio televisivo con Leandro Santoro , ha dejado un interesante concepto de cara a lo que viene: el debate subyacente del peronismo con la socialdemocracia. Subyacente por inevitable, pero también por propio, esto es, adentro del mismo espacio, no en parcelas distintas. Porque si bien la unidad de los dirigentes no garantiza la unidad de los electores, es claro que hay una identidad opositora de esos electores que los dirigentes con sentido de la responsabilidad histórica no deben mantener fragmentada. La identidad progresista y la peronista tienen mucho para perder divididas, y mucho para ganar unidas.

La política es más deseo que objetividad, por eso diremos que  sólo una unidad de ese tipo podría ir regando de pluralidad un espacio donde convivan y se integren las verdades relativas de cada una. Aprovechar las diversidades, sin anularlas, según el propio Néstor Kirchner.

Los peronistas debemos hacer equilibrio para no caer: ni en sectarismo conservador del tipo JulioBarbariano,  que existe para predicar peronismo como pieza de museo alimentando la legitimidad de la oferta de futuro cambiemita, ni tampoco en la patología  de intentar hacer un “peronismo de los mejores”, que se traduce en vocación de minoría con más voluntad de tener razón, que de gobernar.

En suma, el campo nacional no puede seguir alejándose, por sectarismos inconclusos, de las banderas que tanto tiene que recuperar en su lenguaje: la unidad y el futuro. Como señala Abel Fernandez en su blog: “Es necesario, es imprescindible, que para el 2019 encontremos motivos poderosos para un Sí.”

Según la propia Cristina Fernández de Kirchner, Unidad Ciudadana es punto de acumulación, lo que no debiera entenderse como una voluntad de la ex presidenta por oficiar de verduga  política de afiliados al PJ. Los dirigentes del PJ afrontan la misma disyuntiva que Unidad Ciudadana: formar un frente con posibilidades de ser gobierno. Hay una alquimia de unidad por realizar, en tanto con Unidad Ciudadana no alcanza, pero sin Unidad Ciudadana no existe.

Algunos consultores (Durán Barba es solo uno de ellos) dicen desde hace tiempo que se agotaron las lealtades tradicionales del voto peronista-radical. Eso indica que deben discutirse los instrumentos electorales, pero no deben agotarse las ideas. Hablando de ideas, últimamente nos gusta repetir en este blog que para Perón la política, a pesar de que en ella hay algunos intransigentes, es un juego de transigencias.

Si esto es así, se deber ser intransigente sólo en los grandes principios. Es la dinámica de una inteligente transigencia lo que ha mantenido viva la capacidad del movimiento para representar mayorías, es decir, para ampliar su base electoral en el marco de un continuo de transformaciones en el tejido social del país, que modificaron identidades, formas de interpelación, y también la relación que mantiene el electorado con las representaciones tradicionales.

Mi impresión es que más allá de cualquier consideración o análisis politólogico, lo político indica que  el peronismo bonaerense tiene demasiado que aprender del de San Luis, en tanto la “solución” del peronismo no va a salir exclusivamente del Patria ni de un holograma, tiene que ser federal, por ende, conjunta.

Para cerrar, respondemos la pregunta del título: el modelo de oposición es el que la sociedad vota. También el de gobierno. Porque la sociedad no se equivoca, la sociedad elige. Sin embargo, ellos le dicen a nuestro pueblo “vamos juntos” o “aquí no hay líderes mesiánicos, el cambio lo hacen ustedes”, y predican con el ejemplo cristalizado en las urnas. Vamos juntos  aunque el destino sea el abismo. Quizás debiéramos ver si calificamos éso solo como efectismo vacío, y no como una enseñanza lingüística (a la que nosotros debemos agregarle nuestra política), del adversario.

Memoria práctica del 17/10/1945

“Si todos nos empeñamos de la misma manera y tratamos, de empeñar a los demás, se podrá lograr el mayor triunfo peronista de to­dos los tiempos: ‘El triunfo sobre nosotros mismos‘. Yo creo que el peor enemigo que ha tenido el Peronismo en los últimos tiempos ha sido ese divisionismo suicida y estúpido que esti­mulado por la propaganda enemiga en todos sus órganos publi­citarios, debió habernos hecho comprender la necesidad de evi­tarla. (…) Visto ahora, con mayor perspectiva y la experiencia lograda, resalta con gran claridad, que se ha tratado de un juego en el que han estado metidos nuestros enemigos y algunos amigos que de buena o de mala fe han cooperado en lo mismo.”

Juan Domingo Perón – 22 de marzo de 1965

Hace poco, se ha dicho en este blog que Juan Perón señaló en su manual de conducción, que la política, a pesar de que en ella hay algunos intransigentes, es un juego de transigencias. Se deber ser intransigente sólo en los grandes principios. Hay que ser transigente, comprensivo, y conformarse con que se haga el 50% de lo que se quiere, dejando el otro 50% a los demás, pero hay que tener la inteligencia necesaria para que el 50% que le toque a uno sea el más importante.

También se ha dicho que en momentos donde seguir señalando al de al lado nos impide mirar hacia el frente y comprender la naturaleza del adversario político votado por la sociedad, es fundamental recordar que la dinámica de una inteligente transigencia, es lo que ha mantenido viva la capacidad del movimiento para representar mayorías, es decir, para ampliar su base electoral en el marco de un continuo de transformaciones en el tejido social del país, que modificaron identidades, formas de interpelación, y también la relación que mantiene el electorado con las representaciones tradicionales.

La lógica adaptativa del peronismo es su principal virtud, lo cual constituye uno de los factores del rendimiento de Unidad Ciudadana respecto de las otras dos fuerzas del peronismo bonaerense. Los magros resultados obtenidos tanto por Cumplir como por 1Pais, pueden explicarse no tanto por la falta de carisma de sus líderes como por el grado de colonización mediática de su agenda. Esto pareciera indicar que ningún peronista con vocación de poder puede sobrevivir a los efectos políticos de una grieta cuya eliminación (dicen esos peronistas), constituye el futuro de una “Argentina armoniosa”.

Si esto es así, las alternativas pasado el 22 de octubre son:

A) Tejer lazos basados en una inteligente transigencia que trascienda el laberinto de minorías intensas (algunas no tan minoritarias) , recuperando la lógica que Néstor Kirchner legó en su discurso de asunción: integrar nuestras verdades relativas con la de los demás, en tanto nadie porta individualmente una verdad absoluta.

B) Ser intransigentes a la medida de una vocación de minoría asqueante, conformándonos con la politiquita corta de lo que Abel Fernández denomina “los partidos del No” (No a Macri, No a Cristina), guiados por la infantil obstinación de querer ser parte sólo, o de la cofradía de “los mejores”, o de los honestistas fabricados por el método fordista de la industria mediática.

Después de todo, Perón sigue siendo más moderno (en el buen sentido) que muchos intelectuales y escribas contemporáneos. Ese militar que (según el mismo) nada entendía de política, sino de conducción, afirmó que la falta de cultura política del país semicolonial, no permitía ningún esquema de unidad que no tuviera en sus base una lógica movimientista. Esto es: un espacio que se fortalece incluyendo, y que funciona políticamente representando intereses nacionales, no partidarios. La “lógica de Anticuerpos” donde los extremos son neutralizados por las autodefensas del “organismo vivo” (el movimiento), hoy parece más necesaria que nunca.

Se ha dicho aquí también que uno de los grandes desafíos que tiene por delante el peronismo es el de no dejarse reducir sólo a una identidad cultural, en tanto el proyecto oligárquico consiste en mutilarle su identidad política, mediante la cual tiene la obligación de representar. En este sentido, la revalorización de la pluralidad dentro del peronismo, es un acierto del espacio de Unidad Ciudadana, un instrumento electoral diseñado para aggiornar al movimiento en su histórico deber de representar mayorías.

La discusión de si la ex presidenta “se fué del peronismo” por no fetichizar su histórico instrumento electoral (PJ), parece cada vez más anacrónica, en tanto los que siguen sosteniendo ese argumento parecen apostar por condenar al movimiento a ser una confederación de partidos locales que sólo compartan su tradicional liturgia, lo que en términos prácticos se cristaliza en lo ya señalado aquí: reducir el movimiento sólo a una identidad cultural sin traducción electoral.

Elecciones de medio término, requieren tamb ien análisis de medio término. Ahora bien: ningún candidato o candidata que se haya “ido del peronismo” puede –feroz persecución judicial y mediática mediante– producir un acto de campaña como el de hoy en Racing, ni obtener 35 puntos en una elección, que si bien no alcanzan para ganar, invitan a no comprar féretros por adelantado.

 

Es cierto que la unidad de los dirigentes no implica la unidad de los votantes, pero es una máxima probada en la historia (lo fundacional del 17 de octubre del ’45 es un buen ejemplo) que la unidad de los votantes empuja hacia la unidad dirigencial (no de todos, pero si de los suficientes) , en tanto ningún dirigente es heredero de Perón, pero sí el pueblo, que cuando quiere incomodar al poder, vota peronismo (también Bercovich).

Unidad o grietología, ¿Qué Hacer?…


“Hace ya seis años que me debato en la lucha por alcanzar una organización política, pero los hechos me vienen demostrando que, mientras subsistan los actuales enfrentamientos entre los dirigentes, ello no será posible. (…) Si los dirigentes políticos del Peronismo no se persuaden de la imperiosa necesidad de posponer intereses de círculo y pasiones personales, para dar paso a la necesidad de unificar al Peronismo y LUCHAR SOLIDARIAMENTE CON UNIDAD DE ACCIÓN CONTRA EL ENEMIGO COMÚN, poco tendré ya que hacer con ellos. Quizás la proliferación de partidos y partiditos neoperonistas sea la solución, ya que los dirigentes del partido Justicialista se dedican a combatir a sus compañeros y no al enemigo, cuando se encuentren empeñados en denigrar a los propios compañeros con un afán que no desmerece a la saña con que lo hacen nuestros propios enemigos…”


JUAN PERÓN – Carta del día 18 de mayo de 1961 desde Madrid al Sr. Rubén Francisco Loren, quien fuera fundador del sindicato textil junto con Andrés Framini.

En su manual de conducción, Juan Perón señala algunas cuestiones siempre oportunas, sobre todo para recordar en fecha de su natalicio.

Hay que persuadir a los que están equivocados y toman la política como un fin y no como un medio, y hay que traerlos a nuestras agrupaciones. Si son idealistas y hombres de bien, serán bienvenidos y reforzarán nuestra propia organización. También afirma que “la conducción no es el mando (…) Aquí hay que arreglárselas para que la gente haga caso y, sobre todo, tener cuidado de no ordenar nunca nada que no se pueda hacer.”. Perón señala que la política, a pesar de que en ella hay algunos intransigentes, es un juego de transigencias. Se deber ser intransigente sólo en los grandes principios. Hay que ser transigente, comprensivo, y conformarse con que se haga el 50% de lo que se quiere, dejando el otro 50% a los demás, pero hay que tener la inteligencia necesaria para que el 50% que le toque a uno sea el más importante.

En momentos donde seguir señalando al de al lado nos impide mirar hacia el frente y comprender la naturaleza del adversario político votado por la sociedad, es fundamental recordar que la dinámica de una inteligente transigencia, es lo que ha mantenido viva la capacidad del movimiento para representar mayorías, es decir, para ampliar su base electoral en el marco de un continuo de transformaciones en el tejido social del país, que modificaron identidades, formas de interpelación, y también la relación que mantiene el electorado con las representaciones tradicionales.

La lógica adaptativa del peronismo es su principal virtud, lo cual constituye uno de los factores del rendimiento de Unidad Ciudadana respecto de las otras dos fuerzas del peronismo bonaerense. Los magros resultados obtenidos tanto por Cumplir como por 1Pais, pueden explicarse no tanto por la falta de carisma de sus líderes como por el grado de colonización mediática de su agenda. Esto pareciera indicar que ningún peronista con vocación de poder puede sobrevivir a los efectos políticos de una grieta cuya eliminación (dicen esos peronistas), constituye el futuro de una “Argentina armoniosa”.

Aún con magros despliegues en las urnas, y en un intento de seguir achicando la cancha, buena parte de estos sectores siguieron repitiendo que “Cristina se fue del peronismo“, muletilla con la que referentes y militantes de otros espacios calificaron la fundación del nuevo instrumento electoral liderado por la ex presidenta. Ahora bien: ningún opositor que se “vaya del peronismo” puede juntar 35 puntos en una elección. Este dato puede invitar a pensar a los que todavía sostienen esta argumentaci que, quizás y simplemente, la ex presidenta no cometió el error de confundir la identidad política del peronismo con la fechitización de su tradicional instrumento electoral (PJ) y pudo adaptar al peronismo a las nuevas estéticas de comunicación, pero para traccionar votos hacia lo “cumplido” por su gestión. ¿Tenía otra alternativa siendo candidata?…

Una lógica adaptativa debe partir de la voluntad de unir, no de fragmentar, ya que como señaló Nestor Carlos Kirchner en su discurso de asunción“se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades, sin anularlas.” Desde el momento en el que la longevidad del movimiento se relaciona con la ampliación de su base electoral, la fragmentación que es guiada por la vocación de minoría, no se entiende sino como antiperonista. Cuando hay vocación de minoría, por más camuflada que se presente, las demandas concretas de la sociedad se licuan y extravían en un ritualismo morisquetero de los/as candidatos/as. Este vicio constituye  uno de los factores determinantes en la gestación de las crisis de representación.

El peronismo no estuvo, ni está, exento de tensiones en la diversidad de partidos y agrupaciones que lo conforman, de modo que la política de hoy implica el desafío de construir con el que piensa diferente y de buscar carriles comunes de entendimiento, de acuerdo y diálogo. Si el panorama para el votante opositor es hoy heterogéneo en materia de ideas -tanto como para dividirse en 3 candidaturas-, Cristina Fernández tendría razón en su diagnóstico de hace más de un año: “la unidad no vendrá por el lado de la ideología, sino por el lado de representar los intereses agredidos.”

Dicho esto, la pregunta de simpleza abrumadora que surge es, ¿quién de los 3 candidatos del peronismo bonaerense ha logrado “representar más” esos intereses?. Los 35 puntos de la candidata de Unidad Ciudadana paracen evidenciar la respuesta; 35 puntos conseguidos –vale decir- en el marco de una feroz campaña de persecución y ensañamiento mediático-judicial. Si esto fuese así, sea cual sea el resultado del 22 de octubre, lo dicho por María Esperanza Casullo seguirá -todavía- vigente, en tanto “no hay un liderazgo fuerte que pueda jubilar a Cristina Kirchner y tampoco el de Cristina tiene la fuerza que tenía antes del 2015”. Las bases electorales opositoras definirán el 22 si este peronismo dividido, tiene todavía razón de ser.

A esta altura, es oportuno recordar lo expresado por quien, tal vez, expone un buen ejemplo de militancia en pos de la unidad del campo nacional, pero no de la unidad como entelequia que conjuga un peronismo de museo con un torpe anticristinismo, sino de la unidad como realidad efectiva que el campo nacional debe transitar de manera urgente. Hablamos de Guillermo Moreno, que en una entrevista en la revista zoom ha dicho “En esto hay que diferenciar las miradas de si uno trabaja de recolector o de cazador, no porque sea mejor ser cazador que recolector, o a la inversa. Si uno trabaja de recolector tiene que elegir la mejor fruta hoy.

El ex Secretario de comercio se viene expidiendo sobre la unidad del peronismo desde que regresó al país. Para traer un ejemplo fresco de esta voluntad manifiesta, sólo basta tomar nota de su respuesta ante la pregunta del periodista de La Nación en el marco de las paso porteñas, el 7 de agosto de este año:

¿Cómo toma que Cristina Kirchner apoye a otra lista?


-Es una lista interna del PJ de la ciudad. Cristina es peronista, somos todos peronistas. No hay ningún inconveniente.

El mismo ex funcionario, ha planteado que “reflexionar sobre la conducción, es como reflexionar sobre una obra de arte que alguien va a hacer. No, vos después de que la hace juzgás. La conducción se juzga ex post, inexorablemente, porque es un hecho que deviene de la práctica. Entonces no se debate sobre la conducción. No debatir la conducción significa que en realidad no hacés parte de la mesa ese debate. La conducción se ejerce o no se ejerce. Después está el rol de Cristina. No hay ninguna duda de que es la dirigente del Movimiento Nacional Justicialista que más votos en términos individuales tiene.”

Siguiendo esta línea, quizás se entienda la actitud de muchos dirigentes del peronismo de todos los niveles que han intentado e intentan  fortalecer todo lo que rodea a “la mejor fruta hoy: Cristina Fernández de Kirchner”, que aun habiendo adoptado nuevas estéticas que algunos consideran “más competitivas”, tiene un piso muy parecido a su techo (35-37 puntos).

En el cortísimo plazo, dada la situación que pone a Unidad Ciudadana en la urgencia de atraer los votos que faltan de cara a octubre, hemos dicho en este blog que esos votos no son –naturalmente–  los de Cristina, cuyo electorado “talibán” es un capital político invaluable en tiempos de volatilidad electoral. Los votos que faltan son los de Unidad Ciudadana en su conjunto, es decir, aquellos que el magnetismo de la ex presidenta no logra atraer. 

Esto significa que, si bien ya es tarde para que de aquí al 22 surjan nuevos actores capaces de traccionar los votos que faltan, no es tarde para que surjan referentes capaces de trazar los acuerdos de unidad con espacios componentes del movimiento peronista. Guillermo Moreno, puede ser uno de ellos. Jorge Taiana, otro.

En el año ´74, Timerman (padre) le preguntaba a Perón por qué creía que la unidad política de los dirigentes en temas cruciales era posible, siendo que históricamente se habían reiterado mezquindades que volvían exagerada la “fé” del General en esa unidad. El león herívoro contestó: “eso no ha sido posible por falta de cultura política. Este es un país politizado, pero sin cultura política. En Europa estos mismo fenómenos se resuelven de manera diferente. Algunos dicen ´¡que suerte tiene Francia, siempre le aparece el hombre que la salva!´….no es suerte, es cultura política. Este es un país politizado, pero sin cultura política. Claro que para adquirir politica el primer paso es politizarse, en un país despolitizado el acceso a la cultura politica no es posible.Es por esto que la unidad posible deberá basarse en una alquimia que pondrá a prueba el grado de maduración de la cultura política de nuestra fauna contemporánea.

“The strategy of indirect approach”(La estrategia de aproximación indirecta) del Capitán Basil Henry Liddell Hart, es el legendario Manual de Estrategia de dicho militar británico, y uno de los libros de cabecera del Papa Francisco. Una de las ideas sugerentes de la obra para toda la dirigencia del campo nacional es que “cuanto más se intenta aparentar imponer una paz totalmente propia, mediante la conquista, mayores son los obstáculos que surgirán por el camino”.

Si conducir no es mandar, sino persuadir, ha sido también Cristina Fernández la que ha dado en la tecla cuando el 14 de septiembre de 2016 ha señalado que “los demás no se tienen que adaptar a nosotros, sino nosotros como militantes y constructores los que nos tenemos que adaptar a la sociedad. Estoy hablando de adaptación, no de cooptación del pensamiento y la idea. (…) El sobredimensionamiento mediático de las discusiones entre dirigentes, es una estrategia para mostrar una oposición sin vocación de gobierno. Todo dirigente que quiera ser gobierno, no tiene que seducir ni pelearse con otros dirigentes, tiene que seducir a la sociedad, que es la que vota. Estos son signos que tenemos que empezar a desentrañar para no enroscarnos.” 

En sintonía, el propio Guillermo Moreno, ha sido tan claro como premonitorio en esta línea con sus declaraciones del 14 de noviembre (también de 2016), cuando declaró que “a veces me da la sensación de que hay algunos compañeros que no sé si tienen vocación de poder. Entonces, en vez de plantear todos contra la oligarquía, empiezan a hacer algunas disecciones. Y finalmente lo que va a terminar pasando es que no vamos a ganar las elecciones, porque ellos van a tener un 40% de votos”

El dilema de hierro de construir una oposición con vocación de gobierno, o entregarla al “laissez faire” de la balcanización, presupone la necesidad de hacer notar a los dirigentes menos representativos y muy sobrerepresentados en los medios de comunicación, que de no adoptar una actitud acorde a los acontecimientos, habrá un peronismo dividido en quintas, con más vocación de oposición (es) eterna (s) que de volver al gobierno, y degenerará muy probablemente en lo que señala Trotta:

Un peronismo que no logre la unidad puede llevar a que la sociedad busque ser rescatada por otras expresiones políticas, condenándolo a ser una confederación de partidos locales que sólo comparten su tradicional liturgia. Pero también es el peronismo quién presenta las mejores condiciones objetivas para construir una nueva mayoría. Sólo en la unidad de acción y pensamiento está la fuerza.”

Un gran desafío que tiene por delante el peronismo es el de no dejarse reducir sólo a una identidad cultural, en tanto el proyecto oligárquico consiste en mutilarle su identidad política, mediante la cual tiene la obligación de representar. En este sentido, ha sido Trotta quien también ha dado en el clavo en cuanto a la revalorización de la pluralidad dentro del peronismo, señalando que:

La mirada diversa del peronismo es un activo invalorable, sumar la experiencia de quienes permitieron la “anomalía” kirchnerista, de quienes hoy asumen el desafío de inaugurar gestiones provinciales o municipales en plena turbulencia, de quienes revalidaron localmente sus gobiernos en las pasadas elecciones y de quienes lograron la unidad de la CGT y la masiva movilización expresada en la Marcha Federal, permiten imaginar un freno a las políticas neoliberales y obstruye cualquier posibilidad de reelección de Mauricio Macri. En democracia la realidad se transforma desde el gobierno, ya habrá tiempo para tensionar entre las diferentes expresiones si la sociedad le otorga al peronismo la posibilidad de volver a gobernar. En el peronismo caben todos, siempre que las ideas estén claras y los desafíos permitan abordar las transformaciones pendientes y la rectificación de los errores. habrá tiempo para tensionar entre las diferentes expresiones si la sociedad le otorga al peronismo la posibilidad de volver a gobernar. En el peronismo caben todos, siempre que las ideas estén claras y los desafíos permitan abordar las transformaciones pendientes y la rectificación de los errores.” (Jorge Taiana ha transitado esta “autocrítica bien entendida”, de la cual se ha halando en este post.)

En lo inmediato es necesario bajarle la espuma al fatalismo de nuestra fauna, invitarlos a la mesura, porque quizás el propio concepto de elecciones de medio término nos rescate de sobreestimaciones y subestimaciones, y nos invite a pensar que se requieren análisis también de medio término, y no apresuradas conclusiones sobre el mediano y largo plazo.

El horizonte de mediano plazo dependerá de la capacidad que tengan las dirigencias (y las militancias) para trazar acuerdos elementales por sobre diferencias secundarias, que seduzcan nuevos electores y cuyo eje sea reconstruir la representación de una mayoría con peso en el parlamento y con fuerza en la calle. En definitiva, la cuestión está en la disyuntiva de: o parasitar como “los partidos del No” (no a Macri, No a Cristina), o de construir una opción con verdadera vocación opositora a mediano plazo que incluya de manera significativa lo diverso, lo sindical y las múltiples construcciones del campo nacional, pero también con auténtica vocación de gobierno (y de poder) a largo plazo. En suma, cada espacio debe construir acuerdos que lo trasciendan. 

Combatiendo el capital sindical 

El 27 de septiembre pasado se cumplieron 87 años de la Fundación de la CGT. Entonces vaya si tenía razón Perón con esto de que la organización vence al tiempo. En ese marco, sería bueno tener en cuenta algunas cuestiones de fresquisima coyuntura, de las que, palabras más palabras menos, ya se ha hecho mención en este blog.



Algunos datos para turistas


¿Cuál es el aspecto de la mafia sindical que viene a combatir la expresión más republicana de la historia nacional?, una estructura de 3.500 organizaciones con convenios que protegen los derechos de 10.000.000 de trabajadores y trabajadoras, y que tras décadas de deterioro de la asistencia pública de los malos gobiernos, cubren la atención de la salud de 20.000.000 de hombres, mujeres y niños de nuestra patria. Si esto es así, diremos que el frívolo concepto de “estructura” merece ser pensado no sólo como un “aguantadero de burócratas sindicales”, sino como instancia institucional contenedora de todo lo mencionado anteriormente, y conformada también por más de 70.000 delegados y delegadas de base que, como bien señala el “gringo” Amichetti, todos los días actúan como una valla para impedir abusos patronales en las fábricas, comercios y oficinas de todo el territorio nacional,  promueven la ayuda mutua, la cultura, la capacitación laboral, el turismo social. Todo esto en una sociedad demasiado preocupada por exaltar los valores individualistas.

Algunas notas mentales para residentes
La celebración silenciosa ( y a veces no tanto) de lo que sucede hoy con el “pata” Medina (mañana con otros) por parte de ciertos kirchneristas, es parte de la compleja trama de resentimientos y broncas interiores que alimentan la comparsa amarilla.

Aunque cueste comprenderlo, ni la dinámica de los sindicatos puede juzgarse con la vara de la de una reunión de consorcio, ni la cuestión de fondo es si un sindicalista está más sucio que indio que va último. La cuestión de fondo es que -todavía- no hay “reforma a la brasilera” por la obra de Perón y los sindicatos, y por la vivificante aparición de Néstor y Cristina Kirchner en la escena política nacional contemporánea. Ambas, con aciertos y errores, son el testimonio de la misma voz de defensa de los trabajadores y del pueblo todo, e invitan a que las defendamos más allá de las personas, pero para nada invitan a que cabemos nuestra propia tumba como si pertenecieramos a otra tribuna, repitiendo como loros futboleros “estos le hacían paro a Cristina”.

No están en juego las personas, están en juego las estructuras que -en el caso de los sindicatos- tienen una robustez que todavía ahuyenta la avanzada oligárquica sobre la dignidad institucionalizada que, con su barro, contienen las estructuras sindicales.

Es tan antipolítico pensar sindicatos por fuera de proyectos políticos,  como pensar proyectos políticos sin sindicatos.

El arte de envenenar: la concentración mediática en la dictadura de la novedad

“La existencia de un debate político aunque sea artificial, es necesaria para el funcionamiento armonioso de los medios de comunicación, quizá incluso para la existencia en el seno de la población de una sensación por lo menos formal de democracia.”

Michelle Houellebecq – “Sumisión” (Fragmento)

Es cierto que se está discutiendo un contrato de tv como si fuese una reforma constitucional. Pero algo debe pasar con esto de Navarro ¿no?. Y hay que decir que ese “algo” es menos indeterminado que  nuevo, porque responde a la misma lógica que le otorgó sentido contrahegemónico al kirchnerismo como fenómeno: la lucha contra la concentración mediática.

Hoy vemos como una fuerza política que encarna electoralmente al 35% de la población posee el 99% de las pantallas de tv en la Argentina, por medio de las cuales (también) opera para dividir al resto.

El hecho es que 4 millones de personas por día van a dejar de informarse acerca de ilegalidades de este gobierno, y en ese hueco abundara -de la mano de María Julia Oliván- el cocktail de misiles contra el peronismo al que nos tiene acostumbrados el aparato clarinista.

Vamos hacia un nivel de concentración mediática nunca visto en la historia de Latinoamérica. Dado esto, diremos que la mentada posverdad (de la que se habló aquí), guarda parentezco conceptual directo con el noventista “fin de la historia” teorizado por Francis Fukuyama; en el fondo se trata de dos consecuencias de esa pornográfica aglomeración creciente de bocas de expendio para construir sentido.

En un sentido analítico, el problema del peronismo con el papel de la burguesía industrial de su época, no es menos grave que el problema del kirchnerismo con “su” burguesía mediática. Sin embargo, con rimbomantes (y no tanto) argumentos que pendulan de derecha a izquierda, se sigue subestimando el aparato comunicacional y cultural que performa las conciencias individuales en particular, y la conciencia pública en general. Por eso es que no debe sorprenderenos que la opinión de la o el vecino del -por ej- cuarto cordón del conurbano,”esté en sintonía” con la de Patricia Bullrich en torno a la desaparición de Santiago Maldonado.

Quiero insistir con una idea: hay que tomar conciencia de que hay una parte importante de militantes y adherentes con influencia que, dada su romántica e ingenua percepción sobre la acción política, todavía no toma conciencia de la verdadera importancia de la arena mediática y del necesario abordaje político que debe darse el campo nacional para intervenir en ese espacio de disputa de sentido. Es en este marco en el que aparece como central la inclusión de la dimensión mediática y comunicacional en la formación de “cuadros integrales” propios. A la fecha, son muy pocos los actores políticos que no reculan en chancletas ante la primer “amenaza” de la posverdad: Guillermo Moreno, Crsitina Fernandez de Kirchner y Juan Grabois se destacan entre las pocas excepciones.

Si el romanticismo y la ingenuidad militantes nos invitan a “relativizar” la importancia de los medios, seguiremos siendo hablados por la agenda del adversario, pensando que “hay que dejar de culpar a los medios”. Después de todo, “la mejor artimaña del diablo es hacernos pensar que no existe “.

LA DICTADURA DE LA NOVEDAD

Teniendo en cuenta que el acceso a Internet se ha extendido, y que el total de familias con tv en el país asciende al 97%, se puede decir que la inmensa mayoría de los argentinos convive a diario con toda la fauna mediática (periodistas/vedettes/panelistas, etc) metida en el seno de su hogar vía tv, pc, o celular. A su vez, según estudios del año 2014 de Pew Research Center, la tendencia mundial indica que Facebook es el medio preferido para informarse sobre política y actualidad. Es así como el 61% de los personas de entre 18 a 33 años (“Millenials”) y el 51% de los que tienen entre 34 a 49 años (“Generación X”) , prefiere la red social.

En la dictadura de la novedad ya no se vive “con” la noticia, sino “en” la noticia; hasta el empacho. Es así como sin salir a buscarla, la “novedad” nos estornuda un verdadero pornoshow psicótico organizado por quienes controlan los medios masivos y manipulan los algoritmos de las redes.

El hecho es que la lógica de los medios masivos de comunicación se ha fusionado con la de las redes sociales, amplificando el “mensaje”, y superando en niveles siderales el poder que ese mensaje tenía hace nomás una década. Esto se evidencia en que en la dictadura de la novedad es muy difícil separar noticia de red social, en tanto -como bien señalan Pablo Boczkowski y Eugenia Mitchelstein-, ya no se vive con la red, sino en la red:

“La irrupción y meteórico crecimiento de las redes sociales en la última década, junto con la altísima penetración de los dispositivos móviles, ha llevado a una progresiva e ininterrumpida mediatización de la existencia íntima, privada y colectiva (…) En este proceso de transformación, las redes han dejado de ser objetos para convertirse en entornos, donde estamos con los otros: no usamos las redes sino que vivimos en ellas. Entramos y salimos constante y vertiginosamente de las mismas y allí hacemos todo, desde informarnos sobre la actualidad hasta flirtear o mantener vínculos amistosos, pasando por ver videos graciosos de gatitos y conocer novedades de familiares y contactos. Si bien la brecha digital es significativa en el mundo, cuando las redes de conectividad se establecen y los dispositivos se vuelven accesibles, una vida por fuera de los medios es tal vez imaginable, mas ya no fácilmente realizable.”

Una  lógica influida directamente por lo anterior, es la de la opinión pública, cuya máxima señala que no importa la ´verdad´ de una opinión, sino sus efectos sociales; esto es: una noticia falsa puede producir un efecto social concreto, tales como una marcha de personas susceptibles de ser interpeladas por una falsedad emocionante, mucho más que por una verdad sin importancia.


Este dispositivo comunicacional financiado por el extranjero lleva al galope ligero al ciudadano sobreinformandolo, sofocándolo y obturándole así cualquier posibilidad de procesar lo que consume. EL objetivo de mínima es mantener al usuario “conectado” a la cámara de eco de la red para, a posteriori, lograr el de máxima: sofocarlo dentro de ese pelotero que amplifica el color de su propia voz, manteniéndolo en un compromiso que se vivencia grandilocuente, pero resulta de baja intensidad en la realidad efectiva al estar limitado su alcance a la propia cámara de eco que el algoritmo de la red diseña y “racionaliza”- weberianamente hablando-, a la medida temporal del plan recolonizador en marcha.

 

La mano invisible del mercado comunicacional fomenta la réplica compulsiva de información mediante la cual, sin darnos cuenta, los usuarios realizamos un verdadero culto a la autotortura bajo la falsa impronta de la “novedad”. En efecto, la narcohipnosis mediática se ejecuta vía radiación caótica de información constante, que va sobrecargando la psiquis, desgastándola hasta debilitar la capacidad de jerarquización: no se sabe si “lo importante” es la tercera guerra mundial, el romance de una vedette con un político o futbolista, la entrega del país, o la dieta rápida para llegar bien al verano. El volcán escupe transversalmente., por eso la radiación mediática no es neutra en ningún punto: los grietológos y mercenarios de la opinión están en todas las veredas, para garantizar que los elefantes pasen por detrás, mientras nos someten al reino de su contagioso exceso de diagnóstico que degenera en un predecible pesimismo charlatán . Esto puede verse con claridad en los infinitos programas “de debate” que llegan a millones de argentinos, cuya dinámica general consiste en lo siguiente:

Hemos dicho en este blog el estudio de tv funciona como el parlamento donde la lógica democrática “posverdaderamente” habita. La apuesta es hacia la ridiculización de la política y a su señalamiento permanente como actividad “corrupta”. Mediante esta artimaña, la lógica envilecedora de la operación logra transferir el capital de credibilidad desde los políticos hacia los hombres de los medios. La masa televidente que jamás usaría una remera del Che, ahora dispone de su propio santo: el “fuck you” de Lanata como identidad.

En este sentido, un pensador nacional muy citado en este blog – J.J Hernandez Arregui- ha sido preciso, señalando que “en los países coloniales, donde los órganos de la cultura están prácticamente monopolizados por el capital extranjero, las plazas disponibles configuran una lucha cruel que obliga a la mayoría de  los competidores –periodistas, profesores, escritores– al disimulo judaico de sus opiniones, a la formación de equipos defensivos, a la claudicación de la inteligencia para poder subsistir. El hecho de que en los órganos de la prensa aparezcan nombres que inicialmente militaron en la izquierda ideológica prueba la presión modeladora del imperialismo. Asegurada la inocuidad política del colaborador, al mismo tiempo es utilizado, por ese mismo pasado ideológico, como testimonio de la libertad de pensamiento, uno de los principios teóricos de la filosofía del liberalismo.”

 

Es así como un “simple” programa de tv oficia como paisaje artificial de democracia, como maqueta social de roles y conductas orientados a subordinar la discusión pública al terreno de la nimiedad distractiva.

Si esto que Houllebecq advierte en la cita inicial de este escrito como “sensación por lo menos formal de democracia” es efectivamente así, podríamos decir que nuestros productos mediáticos están habitados por los ingredientes necesarios para proyectar esa artificialidad. La identidad cacerolera post 2003, en sus rasgos emocionales, es propia del enfermo mediático autótctono contemporáneo, cuya sintomatología se expresa principalmente en el regodeo compulsivo en la negatividad, y cuyos efectos culturales,  J. J Hernandez Arregui definió en el marco del imperialismo como “un conjunto orgánico de formas de pensar y de sentir, un mundo-visión extremado y finamente fabricado, que se transforma en actitud ‘normal’ de conceptualización de la realidad, (que) se expresa como una consideración pesimista de la realidad, como un sentimiento generalizado de menorvalía, de FALTA DE SEGURIDAD ANTE LO PROPIO, y en la convicción de que la subordinación del país y su desjerarquización cultural es una predestinación histórica, con su equivalente, la ambigua sensación de la ineptitud congénita del pueblo en que se ha nacido y del que sólo la ayuda extranjera puede redimirlo.” 

En suma, dado el avance sin pausa de la megaconcetración mediática, no vendría mal estar alerta a la manera en la que consumimos y compartimos información, porque más alla de nuestra voluntad, estamos inmersos en la dinámica “fast food” de la noticia, método usurero del “arte del envenenamiento”, probado para convencer a millones de personas en el mundo de que es mejor comer mal, de parado, y (con suerte) con cubiertos de plástico, pero (eso si) rápido. Después de todo, y sin Facebook, Luca Prodan ya susurraba que “nada te ata, a leer la novedad”.

La autopreservacion psíquica es la tarea. 

Mujer, 2 veces presidenta y Peronista 

En la entrevista con el vapuleado Novaresio, Cristina repitió 3 veces que la INSULTARON llamándola “yegua, puta, montonera”, pero un sector del Viet Cong cristinista que se comporta con CFK como si fuese Xuxa, ya sale a militar eso con una remera. Esto no es una pavada, es un flagelo. La idea posmoderna (nunca asumida) que hay en buena parte de esta vereda de que  todo es pasible de “construcción subjetiva ”, de “resignficación”-mal aprendida y peor aplicada-, nos ha jodido tanto la psiquis que ahora pretendemos que un insulto es un halago.
La formación política fast food, la holgazanería intelectual, la indiferencia con la esencia de las cosas y la radiación mediática de la novedad constante han convertido las categorías (las políticas sobre todo) en nominaciones tan descafeinadas, genéricas y polisémicas que “facho” es igual a “hijo de puta”, “anarquista” es equivalente a “bardero”,  “terrorismo” es igual a “unos negros medio violentos”, y “yegua, puta y montonera” expresaría algo similar a “la patria es el otro”.
Por eso el ciudadano promedio termina delirando de fiebre, y se repite a sí mismo el conjunto emberenjenado de pavadas que recibe: “Cristina es una derrotada ESTADISTA que defiende ANARQUISTAS”, pero debiera votarla por “yegua, puta y montonera”. El termómetro marca en las axilas de esa opinión pública afiebrada la temperatura política que hay.

El lenguaje no es un golpe de suerte, pero si el mensaje de Cristina ha sido siempre y es “soy mujer, presidenta y peronista” y no otro, ¿qué es lo que guarda una necesidad de urgente “resignficación”?, ¿el “clamor del pueblo” por una remera que diga yegua, puta y montonera?. Parece que es difícil  aceptar que Cristina se reivindique sistemáticamente una mujer peronista, ni más ni menos (con todo lo que eso significa).

En suma,  estas bienintencionadas angelizaciones cool de lo inverso, estas “resignificaciones”, transforman indirectamente el mensaje de una estadista, reduciéndolo (mal) al de una líder juvenil que dijo exactamente todo lo contrario a lo que se pretende sostener con la “resignficación”. Claro está, esta es solo una opinión entre muchas, que no va a censurar la creación de las tan ansiadas remeras.

Te agradezco la pregunta, Luis…

A lo largo de casi dos horas, el portal Infobae mostró una intervención mediática muy esperada, la de Cristina Fernández de Kirchner en un medio extremadamente parcial.

 

Descontracturada, fué clara y contundente al manifestar su candidatura, aclarando en simultáneo que no sería un obstáculo (si así lo entendiese el anchisimo espacio nacional-popular) de cara a 2019.

Durante casi toda la entrevista, el periodista cayó varias veces en la tentación del debate, corriendose de la misión natural de entrevistar. Plagado de (débiles) preguntas retóricas que pendularon en el flanco Iran-Nisman-Corrupción, Luis Novaresio pretendió cercar a la entrevistada a fuerza de falacias argumentativas de potente efecto sólo cuando no hay contraargumentación robusta del otro lado. Sucede que, en este caso, la ex presidenta ofreció contundentes respuestas embebidas de política en sentido estricto, poniendo en el centro su jerarquía de dirigente, y dejando al descubierto la “mano invisible” del poder mediático que cierta saña irreverente de Novaresio no ayudó a ocultar.

A favor del incisivo periodista santafesino, y al margen de que su mejor negocio hubiese sido tratar de entrevistarla en lugar de entrar en una competencia de chicanas, hay que señalar que habiendo tanto compadrito con el código penal bajo el brazo para meterla presa por Twitter, y habiendo tanto estratega que alquila el manual de Napoleón para enseñarle política, el bofeteado Luis por lo menos “se le animó” al cara a cara. Como Mcgregor ante Mayweather, también, como en esa pelea, la centralidad era el prestigio del boxeo, y no tanto la ridiculizacion del que se le animó.

 

“Cristina se fué del peronismo”, fue la repetida muletilla con la que referentes y militantes de otros espacios calificaron la fundación del nuevo instrumento electoral liderado por la candidata de Unidad Ciudadana. Novaresio también incurrió en esta muletilla, pero la referente más importante del peronismo actual se ubicó impermeable a la discusión confusa y sin sentido sobre derechas e izquierdas al interior del movimiento, definiéndose (una vez más)  como “peronista”, lo cual también es un hecho de gran importancia política.

 

Tal vez el episodio mediático de hoy sirva para  que este “reclamo” comience a mermar en el interior del movimiento, en tanto refuerza el argumento sostenido aquí, que señala que Cristina simplemente no cometió el error confundir la identidad política del peronismo con la fechitización de su tradicional instrumento electoral (PJ) y pudo adaptar al peronismo a las nuevas estéticas de comunicación e interpelación.

Por su parte, el llamado al” diálogo público” de la ex mandataria obedeció a una sensata lectura de cierto hartazgo de buena parte del tejido social con la tónica de la confrontación, y se mostró en línea con la esencia del llamado a la “cultura del encuentro”, expresado por el Papa Francisco en reiteradas ocasiones.
 

Se ha dicho en este blog que, en el acontecer cotidiano, es innegable que la palabra pública va perdiendo valor en ese teatro a ciegas, donde el espectador (ciudadano/trabajador/votante) recibe los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada. Por eso la pieza comunicacional generada hoy puede servir para que esos espectadores  revean algunos de sus prejuicios, generados por un dispositivo que envilece conciencias.

 

En este sentido, se ha dicho también aquí que la posverdad no es un golpe de suerte, sino que ordena quirúrgicamente los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un organizado torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada, que mantiene a salvo su negocio y el de el sector dominante: que todo permanezca licuado, confuso, para “desempatar” siempre a favor del equipo amarillo. Sin embargo, hoy fue 5 a 0 a favor de Cristina, y en condición de visitante.

 

Para finalizar, y ante la recurrente compulsión de los adictos a la gambeta autocrítica por señalar, a minutos de finalizada la entrevista, la predecible lectura de que “no sirve porque solo convence a los convencidos”, diremos que desde lo comunicacional fue necesaria, y desde lo político, positiva.

 

Si se parte de asentir, de dar por perdida esa pelea contra la posverdad, si la política no ofrece tan siquiera una búsqueda de la verdad cuando participa de un ecosistema mediático que no la ofrece, entonces la batalla arranca perdida; esa fue la batalla que hoy dió (y ganó) Cristina Fernández de Kirchner, y volvió a jerarquizar la política, más allá de los efectos colaterales sobre el electorado.

La posverdad no es un golpe de suerte

“Me parece evidente que la indebida utilización de tales mecanismos de difusión cultural enferman espiritualmente al hombre, haciéndolo víctima de una patología compleja que va mucho más allá de la dolencia física o psíquica. Este uso vicioso de los medios de comunicación masivos implica instrumentar la imagen del placer para excitar el ansia de tener.
Así, la técnica de difusión absorbe todos los sentidos del hombre, a través de una mecánica de penetración y la consecuente mecánica repetitiva, que diluyen su capacidad crítica.
En la medida en que los valores se vierten hacia lo sensorial, el hombre deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un “hombre-niño”, que nunca colma su apetencia.

Vive atiborrado de falsas expectativas que lo conducen a la frustración, al inconformismo y la agresividad insensata. Pierde progresivamente su autenticidad, porque oscurece o anula su capacidad creativa para convertirse en pasivo fetichista del consumo, en agente y destinatario de una subcultura de valores triviales y verdades aparentes.“

Juan Domingo Perón – Fragmento de “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”

 

¿Cuál es el rol de la palabra política en la arena mediática?,  ¿debe funcionar como mero ingrediente polemista adaptado a los cánones de verdad de un aparato donde la verdad no es negocio?, ¿debe agregarse sin ningún tipo de miramientos a un esquema nula rigurosidad analítica como mero insumo del entretenimiento banalizador?. Después de todo, este no es un tema que involucre sólo a los enunciantes de los mensajes, sino a la propia disputa  de quiénes son los que pueden enunciarlo y cómo esto influye  en las identidades políticas, que terminan organizándose: o bien en torno a hechos concretos, o bien en torno a posverdades, politologías categoriales diluyentes, o derivados.

 


Una de las máximas en la investigación y análisis de la opinión pública señala que “no importa la verdad de una afirmación, sino sus efectos sociales”. En este sentido, un factor fundamental para entender el problema de la relación entre la comunicación y la política contemporánea, es el observado (y ya citado en este blog) por Pablo Touzón respecto de “la trampa de la ciencia duranbarbista, que  es que es en parte diagnóstico y en parte programa. En parte interpreta que así es el mundo y en parte quiere que así lo sea.” En este sentido, Touzon concluye en que “hay una agenda: una guerra a la intensidad política. A la “sobre-politización” entendida como el pecado original argentino. En este sentido, la solución duranbarbiana a la crisis de la representación política -y de ahí su nihilismo- consiste en profundizarla. (…).Una desacralización que muestra en carne viva la obsolescencia de la política como actividad, su “chiste”, su pérdida de sentido.”



El esceneario recurrente de la posverdad es, en general, la TV. Sus interactuantes, un político y un periodista. La operatoria efectista  de la posverdad sobre el esepectador promedio puede ejemplificarse más o menos así:

Periodista: 2+2 es igual a 3

Político: no ¿quién te dijo esa barbaridad?


Periodista
:  lo dijo un testigo en la causa donde usted está denunciado por corrupción…acá tengo el documento, si la cámara lo puede tomar…

Normalmente, este debate finalizaría cuando la figura de autoridad del ecosistema mediático (periodista, conductor, etc) manda al corte, y suspende así cualquier potencial confrontación del acusado con el sentido generado por los ademanes falaces, esquivos, y confusos de esos carabineros de la posverdad, que apuntan sus dardos a los centros neuralgicos que activan nervios sociales específicos (“corrupción”, en este caso). Por eso es tan crucial la insubordinación del político ante la figura de autoridad en ese esquema, en tanto debe pelear con carácter y espíritu (no necesariamente con “el arte de ganar” en la mano) para que ese sentido no se imponga y obture cualquier tipo de “versión alternativa”.

La arena mediática es hostil, no es ninguna novedad, porque como diría Huxley “una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”, pero… ¿y la verdad?… Tampoco es novedad que la verdad (mercantilmente hablando, con las disculpas ideológicas del caso) no es negocio para un aparato que “tiene más mugre que indio que va último”, pero es el único negocio que le queda a la política, en tanto es la única herramienta mediante la cual se puede competir en esta arena para disputar sentido.

Por esta razón, comprar el efectismo como receta para dar disputas de sentido sin mirar las contraindicaciones, nos condena a análisis más politológicos que políticos, a resignarnos a asumir como verdades construcciones mediáticas que se producen en masa, en los esquemas de debate donde prima la “falsa armonía”. El discurso mediático hegemónico no ofrece verdades. La política tiene el deber de ofrecerlas. 



Por eso no hay política en sentido estricto en el consumo de las recetas duranbarbistas, lo que hay es una voluntad de pertenencia a la moda de la realpolitik posmoderna, donde prima la falsa sensación de cálculo, de politizada objetividad, de una aparente racionalidad coyuntural opuesta al fanatismo extraviado, de una supuesta lectura atenta a los cambios en las subjetividades contra la melancolía de algunos “anclados en el pasado”, como evangilazara casi desde la cuna Marcos Peña Braun.

Entonces si no importa si la política debe partir de la enunciación o búsqueda de una verdad (siempre relativa, como sostenía Néstor Kirchner), sino de las consecuencias interpretativas de un enunciado a secas, la pregunta inicial emprende su operación retorno: ¿cuál es el rol de la política?.

La posverdad no es un golpe de suerte, sino que ordena quirúrgicamente los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un organizado torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada, que mantiene a salvo su negocio y el de el sector dominante: que todo permanezca licuado, confuso, para “desempatar” siempre a favor del equipo amarillo.

Tal es así, que no se discute sólo si CFK es o no abogada, si se ganaron las elecciones en PBA, o si Guillermo Moreno ponía un revólver en la mesa para negociar,  sino si el propio registro real del “pasado kirchnerista” (datos del Indec) es efectivamente real o no. Si se parte de asentir, de dar por perdida esa pelea, la ficción se instala, y el dispositivo argumentativo amarillo de “la vuelta al pasado” se robustece de sentido para seguir funcionando como orientador del votante que tiene 500% de aumento en la factura de gas, pero que “por lo menos ahora” no es engañado.

Si la grandilocuencia conceptual nos tienta a hablar de la existencia de cierta “hegemonía”, en este blog haremos la salvedad de decir que si ésta existe no es –todavía– la macrista, sino la mediática (que hoy sirve intereses macristas), y es por eso que en este blog se ha mencionado la regularidad de un fenómeno visible, el que indica que la palabra pública va perdiendo valor en ese teatro a ciegas, donde el espectador (ciudadano/trabajador/votante) recibe los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada. En esos huracanados vientos ingresa –como invitada cada vez más ocasional– la discusión política, ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese convite mediático donde la persona política es evaluada por sus características personales y no por su actuación política.

 

Después de todo, ya  J.J. Hernández Arregui nos advertía que “la inteligencia de la oligarquía es trina. Puede probar cualquier cosa, que lo blanco es negro, que el unitarismo es federalismo, y que Mitre era federal. Por eso sus abogados son capaces de fundir a Dios, la Constitución de 1853, y las vacas en una sola persona divina.” Hoy día las mañas oligárquicas no han cambiado, pero si se han complejizado. Tanto como para presentar una marcha masiva y un reclamo justo (la aparición con vida de Santiago Maldonado) como “situación de violencia política”. El mecanismo de guerra de la posverdad no es nuevo, pero su recurrente aplicación por parte del actual gobierno, invita a comprender y a asumir esta guerra psicológica como tal.

 

Si la política no sirve para orientar el sentido de los debates, si se pierde en el efectismo de la maquina de picar carne mediática, entonces  la política ya no sirve para nada.

Ganó Cristina, ¿y los votos que faltan?

Finalmente, la candidata de Unidad Ciudadana superó “por un puñado de votos” la torpe campaña de Bullrich (remontada por Vidal) sólo con “la elocuencia de la realidad”, y con salvaje persecución judicial y periodística a cuestas. La fuerza liderada por CFK cosechó menos votos que en 2015, pero se consolidó como el espacio del peronismo bonaerense con mayor capacidad de interpelación al electorado. Este hecho concreto si bien la ubica ya lejos de la jubilación anticipada que mal le diagnosticaran propios y ajenos,  no invita a nada parecido al triunfalismo.

 

 

Se dijo en este blog  que secuestrar ese “puñado de votos” fué una mala estrategia del oficialismo en materia de comunicación (a la que se hizo referencia en este artículo). 20.324 votos (0,2%) de diferencia en la carrera por la estratégica senaduría de la provincia de Buenos Aires, es una diferencia mínima en términos cuantitativos, y si bien no invita a triunfalismo alguno, es máxima en términos cualitativos, porque no es lo mismo perder que ganar; en el barrio nos enseñaron así, aunque las operaciones de  la posverdad oriunda de otros barrios pretenda (y logre) convencer de lo contrario.

 

 

 

En lo estrictamente electoral, es cierto que las tendencias estructurales de voto no han variado desde 2011. Es cierto que este resultado en las PASO bonaerenses no alcanza para proyectarse ni a octubre ni a 2019 con una expectativa tranquilizadora, pero tampoco alcanzan para que muchos reincidan -desde el domingo 13 de agosto a las 21hs- en el viejo y peludo deporte autoinflingido de la gambeta autocrítica (mal entendida), esperando que algún día dé vaya a saber qué resultados.


La autocrítica bien entendida es la transitada por Jorge Taiana, cuya coherente conducta política, personifica un horizonte de lo posible. En un reciente reportaje del Diario La Nación, ha señalado:

 

-Cristina propone hablar del presente. ¿No debería empezar por una autocrítica?

La autocrítica no pasa por decir qué se hizo mal. Se trata de mostrar que uno ha cambiado y dar cuenta de las nuevas realidades. La presentación de Unidad Ciudadana, la preocupación por representar a distintos sectores y la reflexión sobre la relación entre ciudadanos y partidos tradicionales muestran esa capacidad de reflexionar.

 

(…)- ¿No deberían hacer una autocrítica sobre la corrupción?

Centrar el tema en el pasado es esconder un poco el presente. Tenemos un presidente que asumió procesado y fue absuelto a los pocos días. La semana pasada la Cámara cerró la causa Arribas, un escándalo extraordinario. Hay temas del presente que están gritando que se los considere: el caso del Correo, Avianca, los Panamá Papers.

 

El año pasado usted dijo que el gobierno de Cristina “empezó con un 54%, perdió aliados, se peleó con los sectores medios, parte del movimiento obrero y se encapsuló bastante”.

Por encima de las diferencias que tengamos sobre el pasado, existe una convicción profunda de que sólo la unidad de la mayoría de los argentinos y sobre todo de los sectores más humildes permite evitar que el gobierno de Macri siga avasallando derechos y afectando el tejido social y productivo. Estas elecciones son importantísimas, porque el Gobierno busca relegitimar el mandato de 2015, para avanzar con más poder sobre una serie de derechos.

 

Pasada la autocritica, y dada la situación que pone a Unidad Ciudadana en la urgencia de atraer  los votos que faltan, diremos que esos votos no son los de Cristina, cuyo electorado talibán es un capital político invaluable en tiempos de volatilidad electoral. Los votos que faltan son  los de Unidad Ciudadana en su conjunto, es decir, aquellos que el magnetismo de la ex presidenta  no logra atraer, pero que sí podría atraer la figura de Taiana, insospechado de “fanatismos melancólicos”, y cuyas probadas cualidades y trayectoria lo ubican como un “gentleman político” a nivel electoral.

 
En lo inmediato, quizás el propio concepto de elecciones de medio término nos rescate de sobreestimaciones y subestimaciones, y nos invite a pensar que se requieren análisis también de medio término, y no apresuradas conclusiones sobre el mediano y largo plazo.  La unidad del peronismo, de momento es una urgencia que en el presente cobra, naturalmente, la forma de entelequia más declamada que efectivamente lograda. El horizonte de mediano plazo dependerá de la capacidad que tengan las dirigencias (y las militancias) para trazar acuerdos elementales por sobre diferencias secundarias, y cuyo eje sea construir una nueva mayoría con peso en el parlamento y con fuerza en la calle. En definitiva, la cuestión está en la disyuntiva de: o parasitar como “los partidos del No” (no a Macri, No a Cristina), o de construir una opción con verdadera vocación opositora a mediano plazo, pero también con auténtica vocación de gobierno a largo plazo.

 

Para los que todavía no han comprado féretros para nadie, ni pegarse con el martillo en los dedos con fatalismos sofisticados, ni minimizar o ridiculizar al enemigo, son buenas estrategias políticas, en tanto ambas obstaculizan la comprensión de la coyuntura. Esta última requiere revisar también  el comportamiento de ciertos comunicadores que salieron con críticas descarnadas a lo que presentaron como eventual “fraude” (cuyo revoleo arroja dardos al propio sistema electoral), y toda crítica es portadora de diagnóstico que, al hacerlo, opera también para construirlo; la probada receta de la profecía autocumplida.  Pero claro, el periodismo no tiene la responsabilidad de captar votos, porque no se somete a elecciones, pero si debe tener responsabilidad en las lecturas con las que que construyen sobre ellas, porque son orientadoras de sentido para muchos.

 
Construyendo sentido desde la realidad concreta se podrá salir de los mensajes del periodismo sunita, y ponerse a trabajar con discursos más útiles sobre ese tercio de votos no Stolbizerianos de “1País”, sobre algunos puntos de “Cumplir”, más ese  2% adicional que no votó en las PASO, pero que en octubre  seguramente lo hará.
 

 

 

 

 

¿Qué es esto?

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“No bien consolidó su reinado, ya se redujeron las famosas “libertades” tan cacareadas por el Hombrecito Económico. Es evidente que la gloria nada limpia de Creso triunfante es la de haber impreso “su mentalidad” a todo un mundo, en la más triste de las” nivelaciones por abajo” que haya conocido la historia. Y es también evidente que nuestro inefable Hombrecito no habría logrado ese triunfo ecuménico si “su mentalidad” no hubiera sido ya la del común de las gentes, mucho antes (…) porque un líder o una mentalidad no triunfan en la historia si no encarnan o personifican un estado público de conciencia definido a veces con secular antelación.”

Leopoldo Marechal – “La autopsia de Creso” – Fragmento

 

¿Es demasiado tarde para discutir las caracterizaciones?. Derecha democrática, Neoliberalismo, Oligarquía, nueva hegemonía, son las conceptualizaciones que han surgido en los últimas semanas desde el campo nacional para responder a la pregunta sobre la esquiva caracterización del Colectivo Cambiemos, lo cual implica también la presencia de un desorden ideológico que se presenta bajo el eufemismo de “libertad” de pensamiento, cuando no es más que un efecto directo del orden real impuesto a la sociedad en su conjunto por la clase política gobernante.

 

La complejidad de la caracterización radica, fundamentalmente, en que el análisis de corto plazo sobre el comportamiento electoral y sobre la forma en la que el ejecutivo se comunica con la sociedad, obtura la correcta comprensión de la naturaleza del gobierno de Mauricio Macri Blanco Villegas, y también en la forma en la que el campo nacional se comunica con la sociedad (se ha dicho algo aquí sobre este tema).

 
Gobernar es crear promesas

 
Cuando se dice que Cambiemos es un partido/coalición de derecha, neoliberal, o conservador –más allá de que sea o no cierto- se están usando denominaciones universales y abstractas, que para nada dan en el centro de la cuestión. El escollo a la comprensión está dado porque casi todas las etiquetas y diagnósticos que surgen para caracterizar al gobierno actual son “modernas”, y la cultura Cambiemos (y la de buena parte de la sociedad) opera comunicacionalmente ya en registros más bien “Post-Modernos”, aspiracionales. El punto es no confundir su política con su comunicación a la hora de caracterizarlo.

 
La invitación al placer inmediato pero siempre en forma de eterna promesa por parte del macrismo (“va a estar bueno”, “estamos haciendo una ciudad mejor”) es lo que define la eficacia del hedonismo postmoderno cambiemita, y lo legitima como uno de los dispositivos restauradores del liberalismo más salvaje, cuyo individualismo antropológico (el individuo es la medida de todas las cosas) se combina con progresismo (el mundo va hacia el mejor futuro, el pasado es siempre peor que el presente), y la democracia pasa a ser el dominio de las minorías (que se defienden contra la mayoría que es siempre propensa a degenerar en totalitarismo, en “populismo de un puñado de votos”).

 
Toda esta promesa hedonista supone un destino social de final abierto, en el que “dependerá de cada uno” alcanzar la meta de la sagrada libertad, porque no se la asegura a priori (y menos desde el Estado, que ya no es un obstáculo ni un aguantadero) , todo dependerá del esfuerzo personal de usted, que ya es libre hoy, pero no tanto como mañana. Este es el esencialmente el guión comunicacional de este capitalismo “descontracturado” -o “poco serio” al decir de CFK-, comandado por Directores de Empresas (que son técnicos y no capitalistas), habitado por inocentes “tenedores de acciones”(que ignoran quienes, dónde y cómo trabajan su dinero) cristalizado en una operatoria federación, una junta de negocios al interior del gobierno (a decir de Kicillof).

 
En este sentido, la lectura sobre la “estafa electoral” de cambiemos a sus votantes quizás guarde correlato con parámetros de racionalidad en el comportamiento de ciertos indicadores macro y microeconómicos, pero -para los análisis politológico-electorales con perfumes filomarxistas – no con “el grado de conciencia” que toman esos votantes (y otros) respecto de su presente en materia de bienestar, y de cómo se compone ese bienestar.

 
Sucede que la lectura economicista es renga para explicar las representaciones sociales y frívola a la hora de analizar el comportamiento electoral, ya que mutila al sujeto sólo considerando útil o explicativa su dimensión racional-económica. Lo subsume en categorizaciones que no brindan una correcta comprensión del fenómeno, en tanto reduce la racionalidad del voto al termómetro de la economía, y esto no parece válido para este corto plazo, donde las inconsistencias internas del modelo económico no aparecen manifiestas en toda su intensidad.

 

 

Todavía “heladera no mata tv”, porque quizás el mensaje aspiracional sobre el futuro revestido de una perversa “sinceridad” en el presente y de una demonización absoluta sobre el pasado, haya calado tan hondo como para oficiar de margen de tolerancia ante estas medidas “duras pero necesarias” para buena parte de la comunidad, y además, como sostiene Burdman“el estilo Cambiemos promete al votante algo indeterminado, pero positivo”;  el método de gobierno de la prosperidad en forma de eterna promesa descansa sobre este lineamiento.




Después de todo, su anatomía familiar los “ha obligado” a aumentar el precio de los alimentos, y sus aspiraciones de clase parasitaria vernácula enamorada de lo extranjero los ha llevado a buscar pertenencia ideológica a la “última moda” del capitalismo mundial, buscando (y aplicando) soluciones privadas para problemas públicos. 




¿Es la oligarquía?, ¿otra vez?

 

Si partimos de la base de que Durán Barba no diseña la política económica macrista, y que a lo sumo recomienda el uso terminológico de “cambio cultural” para comunicar un ajuste, estaremos de acuerdo en una realidad concreta en materia de economía para no economistas: si algunos están mejor y otros mucho peor, con la misma torta para repartir, lo que hay es una distribución regresiva del ingreso, esto es, las minorías concentran mayor riqueza que las mayorias. Si crece la cantidad de bienes y servicios que ofrece el país y crece la economía, pero no hay equidad en la distribución, hay injusticia social, y la historia argentina demuestra que un modelo puede lograr estabilidad política con injusticia social. 



Sin embargo, el grado de inconsistencia interna del modelo cambiemita, dada por la presencia de “déficits gemelos” (fiscal y en la balanza de pagos: no recauda lo suficiente y se endeuda) hace que las caracterizaciones más generosas sobre el futuro del gobierno sean, de mínima, extremadamente apresuradas. Los modelos que sólo se sostienen con un espiral del endeudamiento y déficit fiscal, no son los más deseables, ni siquiera para Espert.

 

Aquí vuelve la pregunta política más elemental de todos los tiempos: ¿qué es esto? Podríamos cometer el improperio de decir que el dispositivo gobernante esta compuesto por un grupo social espiritualmente subdesarrollado, que aún está mirando a la Argentina con los ojos asombrados del conquistador; no como una patria, sino como una inmensa, infinita posibilidad de enriquecimiento, como un medio silvestre donde operar. Por eso los problemas sociales no se le presentan como tales sino como dificultades, como obstáculos en su libertad. Tiene del obrero argentino la misma imagen que antes tuvo del indio y del gaucho: no son identidades humanas, son ‘dificultad’ y su reacción es la de eliminar dificultades, no la de solucionar problemas. Claro, mayor sería el improperio de no advertir al lector que esta es la definición textual de Oligarquía que nos brinda Salvador Ferla, pero ya sabemos que el pecado original para los ideólogos lo constituye el “aferrarse a conceptos duros que atrasan”.

 
La pregunta es si el lector (no el ideológo) creerá perimida la definición. Ahora bien, si nos remontamos a lecturas coyunturales más contemporáneas, podríamos tomar en cuenta que para el ex secretario de comercio Guillermo Moreno:

 

 

“Este es un gobierno oligárquico, no es un gobierno Neo-Liberal. Los que lo caracterizan como Neo-Liberal, en realidad le quieren poner una etiqueta sin entender en profundidad lo que eso significa. Este es un gobierno oligárquico que confronta contra el aparato productivo, por eso lo primero que hizo fue aumentar brutalmente la comida y hambrear al pueblo. Y cuando se aumenta la comida se generan las condiciones para que no haya mercado interno, por esto no es Neoliberal. El Neoliberalismo es la discusión sobre el excedente generado y no la discusión sobre un excedente no generado (…) nosotros los peronistas, caracterizamos a esto como un modelo oligárquico que inhibe la generación de excedente en el conjunto del aparato productivo. A Europa no le sirve que la comida esté cara, al criminal Magneto tampoco, a los únicos que les sirve que la comida esté cara es a los oligarcas. Los modelos neoliberales no consiguen la consistencia económica con la comida cara, pero sí los modelos oligárquicos.”

 

 
Pero, si como bien señala CFK, la potencial unidad debe organizarse por representar los intereses agredidos y no tanto por las ideas, ¿por qué machacar permanentemente con el debate sobre qué es lo que tenemos enfrente? Porque un mal diagnóstico vicia también la práctica y la prédica politica.
Se sabe que para algunas de las más ilustradas y becadas mentes de nuestro suelo, “oligarquía” es un concepto “viejo y anacrónico” que “atrasa” el análisis, y que excepto en un asado con amigos, no puede circular como insumo teórico real. Este discurso bienintencionado pero escamoteador proviene del campo de los ideólogos, a los que, como siempre, J.J Hernández Arregui, caracterizaba con crueles, precisas y quirúrgicas descripciones, y escribía en las páginas de “Imperialismo y Cultura” que los intelectuales de clase media, ideólogos a sueldo de la organizacion invisible de la economia mundial,no ven que los limites del liberalismo estan dados por su conservatismo. Y asi, detras de sus parrafadas progresistas, caen en la zona dorada del embrutecimiento historico.”


Dicho esto, se acuerde o no con la caracterización del macrismo como “modelo oligárquico”, se hace necesario advertir que en los casos en los que se presenta al macrismo como posible “nueva hegemonía”, se parte de un doble error de cálculo: por un lado, de la subestimación de los tiempos sociales que no terminan expresando el “clamor popular” esperado por reemplazar al macrismo, y por el otro, de la sobreestimación de los resultados de una PASO legislativa.

 

 
Es cierto que que un modelo económico injusto puede tener cierta estabilidad política, dependiendo del grado de consistencia interna que presente en el largo plazo, ahora bien: se debe tener en cuenta que el macrismo (matices incluídos) puede derivar en la experiencia de la Alianza. Con esto quiero decir que si bien es muy interesante el análisis autocrítico sobre nosotros mismos y el llamado a ponernos los anteojos 3D para percibir parte de la naturaleza macrista que se nos escapa, no es demasiado sensato que en un mismo salto de audacia, se le compre el féretro al peronismo por un lado, y por el otro el debate siga circulando por los vectores de  análisis más politólogicos que políticos, cuyas abstracciones pasan por alto la anatomía del histórico enemigo del pueblo: la oligarquía encarnada por el “cambio eterno” del macrismo.

 

 

Después de todo, ya  J.J. Hernández Arregui nos advertía que “la inteligencia de la oligarquía es trina. Puede probar cualquier cosa, que lo blanco es negro, que el unitarismo es federalismo, y que Mitre era federal. Por eso sus abogados son capaces de fundir a Dios, la Constitución de 1853, y las vacas en una sola persona divina.” 


 

 
Una oligarquía renaciente disfrazada de amarillo, podría explicar la pregunta retórica de Martín Rodríguez. ¿Cuántas veces se dijo que el peronismo murió? Todas las veces que hizo falta que renaciera.

 

 

 

 

Lilita y la moralina del liberalismo salvaje

Nos han enseñado que debemos imitar el ejemplo de los Rockefeller, de los Morgan, de los potentados anglosajones que como se sabe empezaron vendiendo diarios, que parece que es una condición indispensable para llegar a millonario. Pero cuando algún enfermero, botellero o cualquier clase de avivado criollo empieza a levantar cabeza, todo el mundo se indigna recordando que ha sido enfermero, o botellero, y se pone a descubir cómo hizo plata y con qué ventaja. No se ponen a averiguar cómo la hicieron los Rockefeller y los Morgan, que no fue atando perros con longanizas. Es cierto que la guaranguería del enriquecido favorece el escándalo, porque con el leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero. Esto provoca la reacción indignada del que tiene plata de antes, lo que no quiere decir que el padre no haya sido un botellero, y sobre todo del tilingo. Y el tilingo anda por todas partes. (…) Cualquier guarango botellero, una vez que se “para”, ya empieza a razonar como tilingo y a despreciar a los que vienen atrás. Y a pensar como si lo hubiera heredado. (…) No es que yo esté en contra de la moralina, pero lo que estoy señalando es que la moralina se usa en contra de la moral nacional. Que ella es aprovechada por los grandes intereses económicos y movilizada, a veces de buena fe, por los políticos que no están en lo profundo de las cosas, o de mala fe por los que están bien en la profundidad, y agitada estruendosamente por los órganos publicitarios interesados en que tengamos más moralina que moral. (…) Si hay  gente que debe estar prevenida sobre el escándalo son los peronistas, y sobre todo el escándalos promovidos por los grandes diarios. Pero todavía no han aprendido bastante y entran como cualquier hijo de vecino. (…)La moral puede ser un gran negocio. “

ARTURO JAURETCHE –” La moralina doméstica al servicio de los intereses antinacionales” – Fragmentos de “Política y Economía”

 

Un buen punto de partida para el análisis del “fenómeno Carrió“, sería repasar algunas ideas que  invitan a pensar los conceptos de “liberalismo” y de “republicanismo” en sí.

Siguiendo a Alexander Dugin en un punto de vista más abstracto que específico, la esencia del liberalismo, a pesar de sus múltiples envases de presentación, tiene en su estructura fundamental interior los siguientes principios axiomáticos:

• Individualismo antropológico (el individuo es la medida de todas las cosas);

• Progresismo (el mundo va hacia el mejor futuro, el pasado es siempre peor que el presente)

• Tecnocracia (el desarrollo técnico y el rendimiento efectivo se toman como el modo más importante de juzgar la naturaleza de la sociedad).

• Eurocentrismo (las sociedades euro-americanas son aceptadas como el estándar para medir al resto de la humanidad).

• La economía es el destino (la economía de libre mercado es la única forma de sistema económico normativo – todos los restantes tipos deben ser reformados o destruidos).

• La democracia es el dominio de las minorías (que se defienden contra la mayoría que es siempre propensa a degenerar en totalitarismo, en “populismo”).

• La clase media es el único actor social existente real y la norma universal (independiente del hecho de si una persona ya ha llegado a este estado o está en camino de convertirse en parte de la clase media, representando por un momento una clase media hipotética).

• Unimundialismo, globalismo (los seres humanos son esencialmente lo mismo con una sola distinción – la individual – el mundo debe integrarse sobre la base individual, el cosmopolitismo, una ciudadanía mundial).

Esencialmente entonces, diremos que en lugar de ser una teoría política, el liberalismo es una teoría crítica de la política. Vincula lo político con lo ético, para subordinarlo a lo económico. No podría decirse entonces que hay política liberal en sí, sino crítica liberal de lo político, que es una crítica a la limitación de la libertad individual.

Con la esquiva anatomía del liberalismo quirúrjicamente desentrañada por el filósofo ruso, pasemos a lo específico de la variante de republicanismo autóctona que envuelve al fenómeno Carrió. Recurrimos en primera instancia a Alejandro Gaglianno, quien sostiene que:

 

“Se puede hablar de la persistencia subterránea de un republicanismo, si no siempre ético al menos estético, en la conciencia colectiva argentina. Como un sistema de valores tallados en tablas de mármol que convive con otros impulsos sociales menos nobles. (…) Tocqueville escribió que mientras la igualdad es un proceso natural, inevitable, la libertad es un artificio sólo posible por la virtud humana. En Argentina parece ser lo contrario: mientras tratamos de recuperar políticamente la igualdad, hay una suerte de liberalismo salvaje. Una vocación indomable de los ciudadanos por consumir y autogobernarse de espaldas a cualquier autoridad, ley o racionalidad económica, empeñada en cumplir la imagen que la sociedad argentina tiene de sí misma.”

 

Es que la idea de que el liberalismo adopta un carácter salvaje cuando, por un lado, expresa la identidad individual nunca asumida de los reflejos clasistas, y por el otro expresa el síntoma colectivo de una ingobernabilidad endémica, parece cada vez más evidente.

 

Con una prosa más poética aunque no menos precisa, Horacio González sostiene que:

 

“Carrió encarna el fin de la justicia constitucional y de un orden jurídico viable en la Argentina. La Nación, como racimo de múltiples determinaciones, con este singular personaje político, siempre está ante un abismo o ante la inminencia de su disolución. (…) Vaticina desastres mirando ansiosa o pícaramente hacia los costados; deja correr un sentido del absurdo cuando promete vindicta; vive esgrimiendo su “oscuro día de justicia”. Sus intuiciones escénicas le permiten convertir las tensas pero tortuosas sesiones parlamentarias en una suerte de misal umbandista, dicho esto con respeto hacia los orixásenlo.(…) Su misa es sacrificial. Sus intuiciones demiúrgicas valen más que todos los dictámenes de la justicia, aun los más desastrados, y son la suma energética de todos los programas mediáticos destinados a la disolución del pensamiento emancipado.
(…) O ella anexa al macrismo o el macrismo, dificultosamente la anexa a ella. Pero en este juego de confiscaciones mutuas, hace marcar el paso de una escisión en marcha en la sociedad argentina, una tajante división humanamente demoledora entre “puros” y “corruptos”. (…) Así alza su guillotina ambulante en los medios de comunicación y en sus meros complementes institucionales, ante jueces, fiscales o parlamentarios. Por primera vez en la historia nacional, alguien esgrime el venerable concepto de república para hacerlo sanguinario y generar un aparato de vigilancia irracional que todos los días envía al matadero a los que considera despojados de virtud. ¿Y qué es la virtud? Lo que dicta su conciencia unívoca, edificada bajo la forma de un cadalso.”

 

 

 

Partiendo de estos análisis “inspiradores”, desde este blog diremos –sin dar demasiadas pinceladas de belleza lietararia– que Elisa Carrió oficia principalmente como fiscal de la nación con jurisdicción en la moralina metropolitana, y expresa el punto de encuentro más intenso entre el perfil honestista de la ilustración aspiracional de buena parte del nuevo tejido social, con el carácter cada vez más belicoso (y menos republicano) de la democracia mediatizada contemporánea.

 

 

Combatiendo la corrupción desde el gobierno presidido por su antiguo denunciado (Mauricio, que es Macri) o evangelizando con el manual de la libertad arendtiana desde los estudios de tv y/o plataformas del Grupo Clarín, Elisa Carrió es dueña de un magnetismo único (y agresivo) con los sectores medios (y no tan medios), porteños (y no tan porteños), republicanos (y no tan republicanos) que responden a esta alquimia cultural novedosa  y no tan novedosa: Carrió es parte de la conciencia de la República sin gente, deseo inconfesable de la psiquis portuaria.

 

El demoliberalismo posmoderno ofrece al votante porteño la confirmación de ver su propia moral en espejo. El electorado de esta ciudad-puerto (mayoritariamente reproductor de agua bendita), de seguir esta deriva nacional donde “todos roban”, se seguirá viendo obligado a apelar siempre a la mesías republicana. De ahí esa voluntad de ser representados por aquella Elisa que denunciaba a los Macri a los gritos desde el parlamento, pero también por esta Elisa que, a pesar de formar parte de Cambiemos, brinda a su electorado la sensación de “auditar desde adentro” a un espacio político que evita el mal mayor para la santa república: la vuelta del kirchnerismo, o peor, del peronismo al gobierno.

 

 

A juzgar por los resultados electorales, esta vez la referente del ARI fué un vector cómodo para el votante porteño, en tanto no lo tensiona ideológicamente con simbología partidaria tradicional. El arca de Noé de Lilita es tan amplia como para contener al macrista, al macrista culposo, al no macrista, y a una buena capa de sectores sociales que giran en torno al las bambalinas del teatro mediático-judicial, para quienes Carrió es la única auditora capacitada para frenar los eventuales “excesos de macrismo explícito” al interior del propio macrismo, y también para “mantener a raya” a ese obstinado peronismo con cara de mujer. 

 

Restauradora del individualismo, la honrosa y pendular biografía política de Carrió recorre amenazante y fecunda todos los espacios que habita. Con un gran rendimiento en las PASO porteñas, y por la gravitación compartida con Maria Eugenia Vidal en el colectivo Cambiemos , nada hace suponer que dicho espacio sea inmune a tal amenaza, que por ahora tolera a cambio de rentabilidad electoral.

 

La estabilidad y supervivencia de Cambiemos dependerá de como sus moderadores de mayor peso (Macri Blanco Villegas y Peña Braun) puedan contener el equilibrio tensional que aparece en el horizonte entre estas dos mujeres de fuerte perfil presidenciable para 2019. Sin embargo, y si bien es muy interesante el llamado a ponernos los anteojos 3D para percibir la naturaleza macrista que se nos escapa, todas estas consideraciones no parten de la voluntad indirecta de “comprarle el féretro” por anticipado al peronismo, puesto que el futuro político macrismo puede decantar en la tristemente célebre alianza.

 

En suma, desde estas líneas intenta sugerirse que Elisa Carrió merece un análisis más minucioso (mucho más que este), y no tanto un rechazo per sé hacia ella, que no es otra cosa que un rechazo hacia las voluntades que representa, electoralmente hablando. Y por otra parte, que el camino del amplisimo espacio nacional-popular no debiera buscar el horizonte con la brújula de la moralina liberal, enemiga de la moral nacional.


 

 


“¡Poné la fecha!”: el tiempismo sindical y las urgencias políticas 


“Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores. También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz. (…) Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña (…) creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.”

Néstor Kirchner a José Pablo Feinmann

 

No es herejía decir que el tan criticado modelo sindical argentino es un ejemplo imitado pero nunca igualado en el mundo. No es herejía porque resulta consecuente con la evidencia de que el demoliberalismo político no ofrece a la comunidad nacional lo que el movimiento obrero organizado, y vicerversa. Para que el lector pierda por completo esperanzas de objetividad en este escrito, diremos que, contra cualquier pataleo bienpensante, el sindicalismo (con sus matices) es y será el mejor termómetro del estado espiritual del trabajador promedio, aún en la heterogeneidad que atraviesa al movimiento obrero.

 

 

Sucede que esos “sucios feos y malos Señores Feudales del Sindicalismo tradicional” (también los jacobinos) no representan sujetos comunicacionales, ni a electorado susceptible de ser interpelado con campañas publicitarias; representan nada más que a los trabajadores organizados, pero nada menos.

 

 

A diferencia de la política, sometida a la dictadura de la novedad contemporánea que mantiene en estado de neurosis colectiva a sus consumidores más fieles, el modus vivendi sindical no está expuesto a tan nociva radiación, y por eso conserva el oído agudo que –más tarde o más temprano–  lo constituye como vector de demandas colectivas, no atomizadas, más allá de los tiempos de la dimensión política. Quizás por eso sus apesadumbrados pasos  tienen una correlación más milimétrica que la de la dimensión política con el clima de “la calle”, y no tanto con el clima del ecosistema 2.0.

 

 

La simetría entre la organización y el estado de ánimo del trabajador que representa, radica en el dato natural de que, simplemente, el sindicato convive con el trabajador. No “baja” al ámbito laboral, como quien baja de la universidad al territorio. En la alquimia de esa convivencia directa con los problemas  con el accionar concreto (apresurado o retardatario) y sus consecuencias inmediatas, la organización sindical está menos sometida a las neuróticas necesidades de la teatralización mediatizada de la política. Quizás por eso se dice que las masas se movilizan de manera poderosa a través de la organización sindical, cuyos paros tienen la capacidad de daño de una bomba de Hiroshima en materia económica.

 

 

En su barrosa genealogía, la organización sindical venció al tiempo porque tiene algo que otros dispositivos de representación no: tiene cultura política, historia, códigos, y una particular sensibilidad para entender y traducir, sin moralinas bienpensantes, lo que esas muchedumbres que trabajan demandan, aunque esas demandas no siempre sean del gusto de nuestros ilustrados compañeros más esclarecidos.

 

 

Si esto es así, puede que entonces esa suerte de “punitivismo cultural” aplicable a muchas cosas (también para con el “tiempismo” de ciertas dirigencias sindicales), no tenga en cuenta un importante factor: una falta de clamor popular por reemplazar al macrismo, y  no esté directamente asociada con la tan fácilmente atribuida “funcionalidad” de la organización hacia el gobierno oligárquico en ejercicio. Pero es una hipótesis, claro está.

 

 

En tiempos de macrismo, más precisamente en marzo de 2017, una marea de cerca de 500mil trabajadores y trabajadoras nos nucleamos en unidad (que todavía hoy es mucho más que poco) para demandas concretas. Sin embargo ese punitivismo cultural no ahorró en intentos por reducir semejante hecho político a un incidente mediatizado por los mismos grupos que TODOS nosotros decimos combatir. Haciéndole honor a la cita inicial, una buena analogía sería la de sugerir que reducir la movilizaciónal al incidente de la urna es proporcional a reducir 12 años de kirchnerismo a los bolsos de José López, guiñándole un ojo al simpatiquísimo Santiago Del Moro.

 

 

Aunque no hay chocolate por la noticia,  el ataque a la estructura sindical es transversal e intenso desde el 10 de diciembre de 2015. En este sentido es válida también la hipótesis de que la expectativa/esperanza sobre un “cambio de rumbo” de parte del gobierno macrista, parece más el sueño perimido de la ingenuidad tilinga cooptada por la filosofía mediática o la excusa indiferente de meros “administradores” distanciados de la realidad, que una lectura de dirigientes con importante representación política. Pero el “tiempismo” es un arte que se aprende en la conducción de masas, y no necesariamente en las necesidades de un simple escrito como este o como otros.

 

 

Es en este sentido en el que no todo es tan lineal en el ecosistema político argento,  porque el flagelo del anticegetismo -etapa superior del antisindicalismo- no sólo es consecuencia de la incomprensión o de la radiación del pornoshow periodístico, sino del propio accionar de algunos dirigentes que le dan de comer a ese diletante progresismo pequeño-burgués.

 

 

Entonces, cuando (en el mejor de los casos) se diagnostica por derecha o izquierda de que  hay crisis de representatividad en el sindicalismo,habría que anoticiarse de que si bien formamos parte de una comunidad integral (y no tan integrada), cada estructura debe resolverla por sí misma. En el caso de los sindicatos, se resuelve entre dirigencia y afiliados, y sanseacabó. 


Lo que no resulta para nada útil es utilizar este tipo de diagnósticos sesgados para una gerra de trincheras entre esa única clase de hombres y mujeres (las y los que trabajan) en la urgente coyuntura.

 

La CGT, los sindicatos en general, con su gloria y su barro son la única muestra tangible de que la organización vence al tiempo, a pesar de los errores que puedan cometer sus dirigentes, como los cometen los dirigentes políticos, y la raza humana en general. Sería un desatino que un día nosostros nos despertemos con el diario del lunes, enterándonos de que participando compulsivamente del happy Hour de la crítica al sindicalismo, estamos dándole una manito bastante grande a nuestros verdugos históricos: los dirigentes de la oligarquía.

 

Como es largamente evidente, los caracteres aquí volcados no tienen pretensión de ninguna objetividad ilustrada, sino apenas la inquietud relativa de un simple militante al que, como a otros, también le preocupa que estemos fanatizados con el deporte del codazo, esperando el error del compañero, pero nunca construyendo más que un charlatán diagnóstico pesimista sobre los hechos, que solo alimenta nuestros egos indignados que nos lleva a regodearnos en lo negativo, y pasamos a militar indirectamente el proyecto del enemigo, que es derrotarnos políticamente, culturalmente, y sobre todo, espiritualmente.

 

 

Hoy me hacía varias preguntas: ¿No podemos imaginar siquiera que fuera de las minorías intensas hiperpolitizadas de nuestra fauna de “orgas” y especies varias, existe un pueblo que consume 15 minutos diarios de tv e información completamente desjerarquizada y agobiante? .

¿Será que algunos se resignaron a naturalizar las construcciones mediáticas y a generar sentido común en lugar de concientizar y promover el pensamiento crítico?, ¿será que no tenemos voluntad real de salir de ese sentido común arrogante, infalible, que vomita su desprecio sobre todas las demás fuerzas políticas y organizaciones del campo popular, que son por definición las que se equivocan, las que tienen falencias, las que están condenadas, etc.?

 

¿Ya nos las sabemos todas, y somos especialistas en buscar culpables, incluso de “delitos” que sólo tienen sentencia firme en un medio de comunicación?. Quizás nuestro edipo con “los (y las) culpables” es un edipo nocivo. Quizás no seamos tan infalibles como pensamos, y quizás nuestras buenas intenciones y decorosos razonamientos no nos inmunicen de la radiación mediática que paraliza y confunde en un berenjenal insondable donde todo está revuelto desde hace bastante tiempo. Todos estamos sometidos a ese fenómeno, en tanto hecho social.

Si el peronismo es de arena, como observa el lúcido artista (y autor de la portada de este escrito) Daniel Santoro, entonces no se pueden trazar límites, y sería muy fecundo para el tiempo presente no forzarlos, cuando se necesita una aglomeración de todos los componentes nacionales, especialmente de los sindicatos, para enfrentar tiempos en los que, se ganen o no las elecciones, la cosas se pondrán muy difíciles.

Humildemente y en agradecimiento a quienes siguieron atentamente estas líneas, hay dos sugerencias para todos los militantes políticos y sindicales que intenten bregar la unidad por sobre cualquier diferencia secundaria; dos tentaciones que debemos evitar de cara a los tiempos que vienen:

 

1) confundir (y fundir) críticas a dirigentes con críticas a la organización.

 

2) pedirle a la estructura sindical que haga lo que no puede hacer la estructura política.

 

Octubre a contrareloj: el desafío de la unidad posible 

“En Buenos Aires había quienes consideraban cisplatinos a los orientales. Eran los unitarios, porque los unitarios, como su nombre lo indica, son partidarios de la unión, como las viudas, que les dicen a los hijitos después del entierro: “Ahora que somos menos vamos a estar más unidos”. Y enseguida se ponen a buscarles un padrastro. 

Los unitarios tenían, además de las razones inglesas, las propias para desear que los orientales fueran extranjeros: más que razones propias, razones de casa propia, como se vio después con las dos “tiranías sangrientas”.

Arturo Jauretche – Zoncera n°6 “Un algodón entre dos cristales” (fragmento)



Con o sin resultados finales, el desglose de las estrategias tanto de Unidad Ciudadana,  de 1Pais, como de Cumplir es fundamental para evaluar las posibilidades de una tan potencial como urgente unidad, que evite la consolidación de un proyecto oligárquico sostenido en votos en octubre.

 

Cumplir



Una primera aproximación al por qué del mal desempeño electoral de Cumplir, debe tomar en cuenta el innegable apoyo del Grupo Clarín a su candidatura,  que lo condenó a protagonizar el guión habitual con el que opera  en el juego político nacional, capitalizando las tensiones entre el ex ministro y Cristina acumuladas desde 2015.

 

El menú mediático presentó así una contraposición entre el perfil “honestista, autocrítico y de gestión transparente” del ex ministro, contra la imagen del “pasado corrupto y acrítico” de la ex presidenta. El análisis de sus propias intervenciones públicas por un lado, y de las expresiones de deseo de las editoriales por el otro, puede dar más puntos de apoyo para el desglose de como se fué complejizando la estrategia del candidato en la encrucijada comunicacional.

 

Hace unos semanas, el diario La Nación señaló textualmente que “Florencio Randazzo pidió “perdón” y dijo que el memorándum con Irán “fue un error”. Se sabe que todo el espectro de poder que apoya al oficialismo actual presentó un pujante desacuerdo en esta materia con la política internacional del kirchnerismo. Siendo que la única política es la internacional, podría sugerirse que este tajante posicionamiento del ex ministro obedeció al de alguien que representa electoralmente un espacio que no conduce.

 

Las innumerables notas y editoriales de los medios concentrados angelan la candidatura de Randazzo. En una nota titulada “Se cocina la muerte política de la ex presidente” el columnista de La Nación Fernando Laborda es explícito en la definición del objetivo (de los medios concentrados, no necesariamente del propio Randazzo) : “Aun no llegando al podio reservado para los tres primeros, Randazzo podrá haber realizado, con su sola presentación electoral, una contribución histórica para la muerte política de Cristina”.

 

El punto es si ante la realidad efectiva de las urnas el animal político que habita en el candidato oriundo de Chivilcoy todavía cree (o alguna vez creyó) que existe una vacancia en el clivaje bonaerense para el “Randazzismo”(etapa superior del divisionismo). El 6 porciento de los votos parecen indicar que para el electorado, fué mejor Massa conocido, que Massa por conocer.

 

Tanto Florencio Randazzo como su base  militante deberán definir, ya con el diario del lunes, si siguen usando la misma brújula que los llevó a unos magros 6 puntos, o se dan la posibilidad de probar una nueva.



1País 



La incorporación de la Sra. Stolbizer al valioso grupo de cuadros peronistas de 1País, consolidó la tónica del espacio respecto de su aggiornamiento mediático , pasando del antikirchnerismo moderado (sobre el que ya tenía cierto margen de representación) al antikirchnerismo más volcánico, arraigado en el núcleo duro electoral de Cambiemos, que el tigrense no quiso dejar vacante para su eventual competidor de Chivilcoy.

 

  • En este contexto, el candidato de Cumplir, debió adoptar una estrategia cada vez más atada al antikirchnerismo de lo que supuso para captar votantes volátiles de ese núcleo cambiemita, y no fué tan prolijo a la hora de hacerlo. Juan Abal Medina,  principal vocero de esta estrategia,  se paseó por lo medios de comunicación ofreciendo declaraciones del tipo “el bloque del FPV se rompió por diferencias en torno a la corrupción” y demás adhesiones al discurso estratégico del oficialismo mediático.

 

En este sentido -como bien señala Jorge Asis-  se expresa la encrucijada en la que se encuentra parte de la fauna política: una cosa es ser un candidato apoyado por el medio, y otra ser el candidato DEL medio, rol que ya ha elegido Mauricio Macri.

 

Unidad Ciudadana



Con votos todavía secuestrados, y víctima principal de una mala estrategia del oficialismo en materia de comunicación (a la que se hizo referencia en este artículo), la fuerza liderada por CFK (que fué acosada judicialmente para no liderar) cosechó menos votos que en 2015, pero se consolidó como el espacio del peronismo bonaerense con mayor capacidad de interpelación al electorado.

 

“Cristina se fué del peronismo”, fue la repetida muletilla con la que referentes y militantes de otros espacios calificaron la fundación del nuevo instrumento electoral liderado por la ex presidenta. En el personal y humilde criterio de este escriba, Cristina simplemente no cometió el error confundir la identidad política del peronismo con la fechitización de su tradicional instrumento electoral (PJ) y pudo adaptar al peronismo a las nuevas estéticas de comunicación.

 

Si bien optó por modificar su esquema comunicacional, siguió orientando sus lealtades a lo #cumplido por el gobierno anterior, y no tanto a #cumplir las promesas del macrismo. Con la premisa que delineó en su discurso en ATE, de que “la unidad no va a venir por el lado de la ideología, sino por el lado de representar los intereses agredidos”, Cristina fue a buscar los votos de ese sector al que representó muy bien en los Spots, pero al que todavía no ha logrado efectivamente sumar a su base electoral.

 

Formas y contenido, contenido y formas convergen tácticamente cuando la representación política se expresa en las urnas, y dentro de un balcanizado peronismo, la propuesta liderada por Cristina obtuvo más votos que las demás.

 

La estética “ciudadana” fué la apuesta de  para apelar al carácter aspiracional del electorado bonaerense, carácter con el que el macrismo trabaja desde hace tiempo. A través de un nuevo dispositivo estético Unidad Ciudadana puso en juego su capacidad de representar electoralmente a un sujeto político de carne y hueso, no sólo a un sujeto comunicacional.

 

La elocuencia con la realidad, de la que carecieron las otras dos propuestas, fué uno de los factores importantes (aunque no suficientes) para definir la estrategia de unidad ciudadana como la más eficaz de las tres.

 

Cuando un espacio político pierde su capacidad de representar, la colonización mediática de su agenda debiera ser un factor a revisar.

 

EL DESAFÍO DE LA UNIDAD POSIBLE

 

De cara a octubre, la unidad posible  deberá basarse en una alquimia que pondrá a prueba el grado de maduración  de la cultura política del peronismo contemporáneo.

La “pelea por la lapicera” deberá darse asumiendo que una lista se arma construyendo un fino (y personal) equilibrio entre lealtad y representatividad. El punto es que esos dos vectores van unidos en el liderazgo de Cristina (aunque no le alcance con los votos cosechados para ganarle a cambiemos en octubre) , que además, como bien observara Durán Barba, se “reinventa”.

 

Es probable que la agresiva estrategia mediático-judicial haya fidelizado aún más al electorado de la ex presidenta, sobre todo porque la fuga de votos se dió mucho más pronunciadamente en otros sectores.

 

A su vez, los magros resultados obtenidos por las otras 2 fuerzas, pueden explicarse no tanto por la falta de carisma de sus líderes como por el grado de colonizacion mediática de su agenda.

 

No obstante, Cristina tiene un doble desafío: por un lado deberá reinventar su estrategia de aproximación hacia las antillas peronistas que pueden sumarle volúmen electoral, y por el otro seguir intentando convencer a sectores progresistas  de su espacio de no abonar a un Neofrepasismo, pues queda claro que “sólo con los mejores no alcanza“, porque la política consiste más en tener éxito, que en tener razón.

 

Habrá que superar heridas, broncas, y tensiones que se fueron generando. El interrogante sólo podrá resolverse fuera de la tinta derramada y los caracteres que tanto abundan esto días.

 

EPÍLOGO

 

Como versava un no tan viejo eslogan de campaña, “en la vida hay que elegir”; el peronismo, también debe elegir, y ciertos espacios que lo componen se enfrentan a la encrucijada que involucra menos a su dirigencia que al futuro del conjunto del pueblo.

 

Históricamente, el massismo no se ha mostrado susceptible de alianzas tácticas con el kirchnerismo, a cuya oposición debe su identidad política más que a la oposición al macrismo. Está claro que desde el espacio conducido por CFK, el voto no se puede ir a buscar al núcleo duro cambiemista del 34%. Es entonces cuando aparece el factor Randazzo, que se verá en el dilema de :
a) “Subirle el precio” a sus 6 puntos de espaldas a la unidad urgente que debiera trascender cualquier espíritu mezquino.
b) Confirmar que su parábola manifiesta era ser al peronismo lo que Uruguay a la Banda Oriental del Río de la Plata , “un algodón entre dos cristales”, como sugiere la cita inicial.
c) Plegarse a una estrategia de unidad con CFK.

 

“The strategy of indirect approach”(La estrategia de aproximación indirecta) del Capitán Basil Henry Liddell Hart, es el legendario Manual de Estrategia de dicho militar británico, y uno de los libros de cabecera del Papa Francisco. Una de las ideas sugerentes de la obra para toda la dirigencia Peronista es que “cuanto más se intenta aparentar imponer una paz totalmente propia, mediante la conquista, mayores son los obstáculos que surgirán por el camino.”.

 

El dilema de hierro de construir un peronismo con vocación de gobierno, o entregarlo al “laissez faire” de la balcanización, presupone la necesidad de distinguir la premisa peronista de Mao: distinguir contradicciones primarias de secundarias. Si la dirigencia no presenta una actitud acorde a los acontecimientos, tendremos un peronismo dividido en quintas, con más vocación de oposicion (es) eterna (s) que de volver al gobierno.

 

En suma, a nadie le conviene un peronismo de las ausencias – parafraseando a Macedonio Fernández- que concurra completamente fragmentado a las urnas, con espíritu alegre para una fiesta donde habrá tantos ausentes, que si faltase otro más no tendrá sitio.

El arte de gritar: peronismo, socialdemocracia y neofrepasistas

“El poder del peronismo radicó, en definitiva, en su capacidad para dar expresión pública a lo que hasta entonces solo había sido internalizado, vivido como una experiencia privada. Así lo señala Pierre Bourdieu:

Las experiencias privadas pasan nada menos que por un cambio de estado cuando se reconocen a sí mismas en la objetividad pública de un discurso ya constituido, signo objetivo de su derecho a que se hable de ellas y a que se hable públicamente. “Las palabras”, dice Sartre, “hacen estragos cuando encuentran un nombre para lo que hasta entonces ha vivido innominado” 

Daniel James  en “Resistencia e integración: el peronismo y las clases trabajadoras argentinas” (fragmento)

El debate subyacente entre peronismo y socialdemocracia progresista al que se hizo mención en este otro escrito, permanece inalterable por necesidad y su intensidad va in crescendo a días de las PASO porteñas. Sucede que otra vez la liturgia se apodera de los debates de toda la fauna militante de la ciudad-puerto, pero no a través de tarjetas amarillas ni de Spots de campaña que emulan series de Netflix, sino de la obstinación de la campaña “políticamente incorrecta y piantavotos” en la prédica de Guillermo Moreno; hasta hace un mes, “una expresión marginal”.

Parece que el guiso se pone espeso, y la fibra sensible de la porteñidad politizada se canaliza no tanto en encuestas pagas, sino en el boca en boca intramilitancia, el comentario sobre corte de boleta entre compañeros de trabajo, los ataques permanentes de Clarín/La Nación/Infobae, ataque mancomunado con el de escribas progresistas hacia el candidato de Honestidad y Coraje.

Los nervios existen pero tienen que encontrarte militando, diría un politizado Einstein. Sin embargo, a ciertos sectores de nuestro espacio los encuentra utilizando la poco loable receta de utilizar dos productos de la góndola mediática: críticas al Indec + pedido desesperado de desafuero de Menem (aquí un escrito sobre el tema).

Nada lograríamos en reiterar que la justicia ha aprobado ya en segunda instancia la metodología de medición del polémico Indec de Moreno. Menos lograríamos con reiterar que el tema Menem es el árbol que tapa el bosque del plan Cóndor judicial que VIENE POR CRISTINA. ¿Y por qué nada lograríamos?, la respuesta es más obvia que pesimista: porque cuando el peronismo señala el sol, el progresismo mira el dedo.

Evidentemente el despertar matinal con agua fría en la espalda choca con el modus viviendi que acostumbró a la socialdemocracia progresista a la comodidad de la convivencia democrática light con otros partidos/espacios también lights, que molestan al macrismo tanto como un bulldog francés a una pantera.

El peronismo se transforma en hecho maldito cuando empieza nominar, a gritar, porque cala en la fibra sensible a la que la cultura libresca biencomida y bienpensante no puede acceder. Dado esto, un respetado intelectual progresista con más interés en confundir que esclarecer se preguntaba, perdón, afirmaba:

“Guillermo Moreno defiende a Menem. Menem es Macri. Pero peor. Logró muchas más cosas para el capital financiero y para el olvido del terrorismo de Estado. Vaya uno a saber soldado de quién puede ser Moreno.”

Hay varias hipótesis a esgrimir sobre la postura del autor, sobre todo porque expresa un conjunto aunado de falacias repetidas por derecha y por izquierda que intentan mansillar. Ahora bien: claramente es intolerable tomar un té verde o comer una ensalada de palta viendo permanentemente a un hombre de bigotes fachistoides que grita por tv y además es de “dudosa lealtad” según ciertos sectores de nuestro espacio. Grita en Papel Prensa, en la cara de esbirros millonarios que un tal Héctor Magnetto, dueño de la principal empresa mediática del país, financiada a su vez por el pulpo financiero Goldman Sachs, estaba manchado en sangre y que Papel Prensa había sido “negociada” en la sala de tortura. Gritando cuidaba la mesa de los argentinos y advertía a CFK sobre el rol balcanizador de Alberto Fernández, que dió o paso a la mesa de enlace oligárquica en la 125. Gritando que nuestro país tenia soberanía satelital con Arsat. Gritando para cuidar la mesa y el bolsillo de nuestros compatriotas. Gritando que era un soldado del proyecto nacional conducido hoy por Cristina Fernández de Kirchner a escala nacional. Gritando innumerables etcéteras desde la lealtad efectiva, no desde las sugerencias sesudas sobre la lealtad.

Entonces la pregunta no es por quien grita, sino ¿que hacían los que no gritaban además de estar aturdidos por el griton de Moreno?

¿Acaso esos soldados bien parasitaban en el ecosistema del homo academicus y reproducían las discusiones epidérmicas del pasillo universitario?  Es cierto, pelear por defender el plato de comida que la oligarquía (concepto que para ideologistas modernos ha de ser “anacrónico “) le quería encarecer al pueblo, no tiene el mismo encanto que reproducir la endogamia del pasillo universitario donde la palabra sólo ocupa el lugar de la ilustración sin riesgos.

Es que el Neofrepasismo y su cultura del desmarque están bien presentes en el  diagnóstico situacional del progresismo socialdemócrata, mucho más que la inminencia del Plan Cóndor judicial. Por eso se empecinan más en balcanizar el espacio con moralina que en discutir lo que hay que discutir.

Los escribas socialdemócratas debieran, por la salud del frente que todos compartiremos la próxima semana, dejar de querer contribuir al frepasismo chiquito de “los mejores” y dejar de usar a Cristina como escudo de todas sus agachadas discursivas. A su vez, hemos dicho que la vacancia de fiscal acusadora con jurisdicción en la moralina que esconde al verdadera moral nacional ya la usufructa la Sra Carrió ¿Por qué comportarnos como Carrió, entonces?

Hablando de radicales “Si la sociedad se hubiese derechizado, lo que la UCR debe hacer es prepararse para PERDER elecciones” decía el bueno de Raúl Alfonsin, que tal vez nunca imaginó la política como la vocación desmedida por expresar una minoría intensa (otra más de todas las que ya somos) , aspiracional, pura y moralista que reviviese otro Neofrepasismo tardío que abone a una balcanizacion serial, donde una cofradía progresista pasa mates  entre “los mejores del radicalismo” y “los mejores del peronismo”, quizás en “plazas de pueblo”, ahí al solicito, en Parque Centenario, diciendo que la sociedad argentina es estúpida, no comprende el proyecto y criticando al trotskismo por “vanguardismo elitista”.

Si vamos a construir un frente para enfrentar al macrismo porteño –que expresa el ideario de la oligarquía de todos los tiempos– es mejor que lo hagamos sin disfraces, codazos ni agachadas, con los sindicatos y las fuerzas políticas que se sientan interpeladas por el anchisimo espacio nacional-popular.

Desde el peronismo se entiende que no se combate a la oligarquía atacando compañeros por diferencias tácticas. Es algo que el progresismo debiera aprender. Si vamos a declamar lealtades, es mejor que salgamos de la pose groupie, y aprendamos que pegándole a los MILITANTES sólidos, que nunca tuvieron miedo a “los carpetazos”, no hacemos más que contribuir al berenjenal mediático hegemónico que solo quiere a Cristina presa, y a su base, que somos TODOS NOSOTROS (peronistas, progresistas, etc), dividida.

En el corto plazo el que gana conduce, el que pierde acompaña, pero siempre es mejor recordar la premisa fundamental de largo plazo: unidos o dominados.

Peronismo: el hecho maldito en la interna con la socialdemocracia porteña 

“Pasar junto a la realidad con los ojos cerrados es una modalidad intelectual característica de la educación impuesta a los pueblos coloniales por los pueblos dominadores. Un conjunto de palabras de embeleco y de doctrinas aparentemente generosas suplanta a la cruda y siempre revuelta consideración y examen de los hechos de la vida real.

Las doctrinas, las teorías y las bellas palabras sazonadas con el ingenio o el sacrificio de otros revisten a nuestro pensamiento de un oropel fácil de adquirir y del que es duro desprenderse. Por otra parte las ideas y conclusiones que se extraen del estudio directo de la realidad pueden llegar a ser de una simpleza desconsoladora. Con frecuencia, tras un largo rumiar hechos y examinar circunstancias, terminamos redescubriendo el paraguas. No nos desalentemos, sin embargo, por eso. Ese paraguas será un instrumento nuestro, tosco, quizá, pero enteramente adecuado a nuestras necesidades. Por lo menos ese paraguas no encerrará una traición.” – Raúl Scalabrini Ortíz

Este no es un análisis “objetivo”, como ninguno lo es, sino más bien un manifiesto argumentado de por qué las PASO porteñas son el vector democrático de un debate necesario y subyacente: el debate entre el peronismo y la socialdemocracia progresista.

El diario la Nación ya habla de Moreno como “socio incómodo de Filmus”. Pero claro, irremediablemente es el diario La Nación . Sin embargo, vale refrescar las declaraciones del propio Filmus en ese reciente y extenso reportaje, que no tuvo preguntas ni respuestas al azar.

Más abajo, algunos fragmentos:

El Presidente dijo que si gana el oficialismo van a insistir en la expulsión de De Vido. ¿Usted cómo votaría?

-En 2013 fui el único senador que pidió el desafuero de Menem, pero no tuve resultados porque el desafuero lo tiene que pedir la Justicia.

Respecto de Moreno, agrega:

Después de las PASO puede que comparta lista con Guillermo Moreno. ¿Le molesta?

-Nosotros, para tener nuestra propia mirada, no hicimos la lista con Moreno. Competimos con él en las PASO y aspiramos a ganar para tener nuestra propia lista.

-¿Qué mirada tiene de la intervención del Indec?

-He sido crítico, por eso no compartimos la lista. 

Ahora bien, en marzo de este año la Justicia en lo Contencioso Administrativo Federal avaló por segunda vez las mediciones de inflación que realizó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC),  y al “polémico” secretario con el que el candidato progresista tiene diferencias en torno a esta cuestión.

Se puede afirmar sin miedo a errar que, por lo menos, la displiscencia del discurso socialdemócrata dentro del espacio nacional-popular de CABA y su nivel de sumisión mediática para con temas centrales como el INDEC (con fallo favorable de la justicia), debe convocar a los peronistas de todos los rincones porteños a discutir desde su propia identidad, sin disfraz, sin agachadas discursivas, los valores profundos que interpelan (o debieran interpelar) al conjunto de los que nos declaramos militantes por la causa del pueblo.

El argumento moderno-realpolitik del tipo “hay que dejar de hablar de Clarín porque nos resta”, nos condena a tener una acotada comprensión táctica del proceso electoral que licua nuestra identidad política y nos pone en una góndola de supermercado, como “una oferta más” que pasó el control de calidad mediático-judicial y “está en condiciones” de participar del demoliberalismo que encubre el saqueo. A su vez, adoptar esta postura impregnada de un realismo más mediático que político nos sigue mostrando sordos ante la prédica del Papa, y ciegos ante la avanzada del poder concentrado continental.

Lamentablemtente, hoy la política argentina vive sumida en la idea de que “ser honesto” significa ser un dirigente o candidato que nunca enfrentó al poder real. Este tamiz lo aporta el termómetro de honestismo vía poder mediático-judicial. El vector que traduce el grado de moralidad es manipulado por los mismos que los “modernos” aconsejan no seguir señalando.

Está todo muy licuado. Es parte del liberalismo posmoderno. Por eso, todo aquel que se aferre a conceptos definidos, concretos, que hable desde una DOCTRINA PROPIA Y NUESTROAMERICANA , con conceptos claros, es alguien “duro”, en el sentido de peligroso o anticuado, como gráficamente le señalara el periodista deportivo y moderador de opinión Alejandro Fantino a Guillermo Moreno, cuando este último hablaba de oligarquía: “¡¡Guillermo atrasás!!”.

Es que el negocio de la oligarquía es que todo permanezca licuado, y que la idea de silencio sobre cuestiones “que atrasan” se logre imponer en todos los actores políticos que -por acción u omisión- contribuyen a la teatralización mediatizada de la política. En ese teatro a ciegas, el ciudadano/trabajador/votante no sabe quién le aumenta los precios, quien es el responsable de la seguridad, del desempleo, etc. En ese berenjenal de confusión, todo es tan complejo para nuestra fauna de cráneos que nadie lo entiende pero todos lo problematizan. Sobre esta última fatalidad cultural se erijen los programas de “debate”, de los que hablaremos, quizás, en otro escrito.

En ese torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada ingresa la discusión política, ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese convite mediático donde la persona política es evaluada por sus características personales y no por su actuación política.

Si la política oficia solo de ingrediente pseudo-polemista, se desjerarquiza y se transforma en teatralización vacía y pose mediática, y la representatividad propia de la dimensión política corre el riesgo de ser transplantada, desde la política hacia los medios, y de los medios a quien los controla.

Entonces, ¿qué sucede cuando alguien irrumpe en la escena y llega para disputar sentido con un lenguaje claro, sin muchas esdrújulas, y con profunda solidez argumental? Cuando llega alguien que empieza a develar la confusión planificada con conceptos simples la oligarquía se asusta y por ósmosis cultural la misma oligarquía se encarga de asustar hasta al verdulero de tu barrio, y así ad eternum, hasta obturar cualquier reflexión sobre los problemas centrales que enfrentamos como pueblo.

El debate en las PASO de la Capital Federal es (en esta instancia) con esa socialdemocracia, dentro de un frente común con otras fuerzas con el suficiente volúmen para construir una resistencia mancomunada a la consolidación del proyecto de miseria planificada del macrismo. En este sentido es que para tener voz propia y participar de una táctica frentista, es fundamental que los peronistas votemos peronismo, para discutir sin disfrazarnos de lo que no somos, como quizás se hace en otros espacios.

Humildemente, muchos entendemos que la tarea es predicar orgullosamente desde la propia identidad, sin sectarismos, pero sabiendo que es impostergable dar el debate al interior de nuestro espacio a través del legado doctrinario para volver a poner la discusión política nacional en un terreno de claridad para nuestros compatriotas. Esto es: clarificar y dotar de perspectiva a nuestro pueblo sobre el histórico dilema de hierro de nuestra nación que presenta dos modelos de país reales –como lo entendió el peronismo de todas las épocas, también el de Néstor y Cristina– no entre 4 o 5 ficticios.

 

Apuntes para la Unidad

Desde este blog venimos tratando el tema de la unidad y del modelo de oposición para construir una propuesta de poder en diversos posteos: por ejemplo aquí, aquí, aquí, y también aquí, para mencionar algunos escritos.

Lo cierto es que, por momentos, “Juan Carlos Facebook” puede oscilar de un gran pelotero de indignación contenida o una fabulosa red de espionaje legalizado, a un buen ayuda memoria. En este último sentido, me pareció importante acercar a los lectores reflexiones vertidas por Agustín “Chivo” Rossi en la Revista Zoom, hace poco más de un año, que la plataforma de Zuckerberg me mostró como “recuerdo”.

 

Sin más preámbulos, paso a dejar a los lectores un resumen de las declaraciones del ex Ministro, y también les linkeo la nota completa.

 

(…) La verdad, lo lógico, lo natural, lo razonable, como le gusta decir a (Miguel) Pichetto, es que en las democracias modernas los partidos políticos que tienen un gobierno que acaba de terminar, reivindican ese gobierno. No reivindican el gobierno del partido político opositor, reivindican el gobierno del cual fuiste parte. Por todo esto, una traslación automática de la renovación de Cafiero a la actualidad me parece que es claramente un error. Y ahora voy a decir algo, aunque con respeto. No veo en esa camada de dirigentes volumen dirigencial como para decir “bueno, vamos a construir otra historia”. Acá cualquiera tiene legitimidad para decir: “Yo creo que la etapa de Cristina está terminada”. Que lo digan, pero que después se pongan los pantalones largos. No busques ese discurso para serle funcional a Macri. Porque pareciese que muchos dirigentes plantean eso para poder ser funcional a Macri o a (María Eugenia) Vidal en la Provincia de Buenos Aires.
-(…)¿Hay sectores del peronismo que están construyendo un escenario de transición hacia el nuevo liderazgo que se viene, que ellos imaginan será Massa?
A mí me da mucha tristeza ver cuando construyen de esa manera, porque me da la idea de que están con el tachito de venta arriba del techo. Porque Massa juega. ¿Y cuál es su objetivo? Que la ancha avenida del medio no se le convierta en el angosto cantero central. Entonces, un día con Pichetto, otro día con (Diego) Bossio, otro día con (Margarita) Stolbizer, otro día con Marquitos Peña. Y así va construyendo. Ahora, si vos sos funcional a eso, bancatela, porque estás siendo funcional a la estrategia de otro. Lo que yo impugno de ese sector es que no tiene estrategia propia. Su única estrategia parece ser decir “no a Cristina”. Pero hasta ahí. Porque después van y hacen encuestas en su territorio y resulta que Cristina mide 30% o 35%. Por eso tampoco pueden confrontarla abiertamente a Cristina con su gente. Es todo hasta ahí. Cuando vos preguntás, mirás y hablás con la gente, Macri tiene identidad con la sociedad, Cristina tiene identidad con la sociedad. Vos decís: “estoy con Cristina” y eso significa algo. Vos decís “estoy con Macri” y también dice algo. Pero vos decís “estoy con los renovadores”, ¿y qué dice eso? Para la gente, digo…
(…) En suma, el “vamos a volver” tiene que ser una mirada hacia el futuro. Tenemos que profundizar lo que hicimos bien, modificar las cosas en la que nos equivocamos y hacer las cosas que todavía nos faltan hacer.
(…) Quizá el último momento más alto de diversidad ideológica que tuvimos se logró con la aprobación de la ley de recuperación de YPF. En los últimos tiempos, por el contrario, estuvimos un poco faltos de diversidad y de amplitud. En la actualidad, con el escenario en el que estamos, yo creo que la posibilidad concreta de volver a construir una opción de poder tiene que ver con volver a ser diversos. Tenemos que ser capaces de volver a construir espacios políticos para que aquellos que no piensen exactamente lo mismo que nosotros puedan ser compañeros de ruta y transitar juntos un proyecto diverso. Cuando uno es opositor tiene que pensar que no puede construir con la verdad absoluta. Tiene que pensar que su verdad es relativa: esa verdad tiene que metabolizarse con otras verdades.

-¿Sólo cuando uno es opositor hay que abandonar la pretensión de construir con la verdad absoluta?
Lo que pasa es que cuando sos oficialismo tenés la obligación de construir hegemonías. Si no, no podés sostener tu gobierno y se te hace muy difícil. Pero también se puede construir la hegemonía con políticas que generen amplios niveles de consenso. Como fue, por ejemplo, la recuperación de YPF y la implementación de la AUH. (…)en los últimos tiempos esa diversidad la perdimos. Era como que aquel que era gris estaba en falta. Nosotros a los grises no le permitíamos ser blancos: los convertíamos en negros inmediatamente. Aquel que no pensara exactamente igual que nosotros, era que no tenía convicción. No éramos un espacio político que podía admitir a ese otro que no pensaba igual, ese otro inmediatamente se sentía afuera. Éramos como una iglesia.

(…)Y digo, aunque es contrafáctico, que el Scioli de la segunda vuelta, que confrontó a Macri, que lo interpeló y le dijo “vas a devaluar, vas a quitar los subsidios, etcétera, etcétera”, si ese Scioli de la segunda vuelta hubiera sido el de la primera vuelta, ¿no llegábamos al 45%? En definitiva, esta cosa de copiarle al otro lo que hizo no va. No es así. Nosotros tenemos que convencernos de lo que somos. El colectivo social que construyó el kirchnerismo durante todos estos años es un sujeto social muy fuerte. Si tenemos posibilidades de volver, entre otras cosas, es porque ese sujeto social es tan fuerte que, a pesar de que nos han desgastado mucho en estos 9 meses, todavía sigue estando firme y adhiriendo a una propuesta política. Nos tenemos que convencer de eso. Y una última cosa: no puede ser que seamos un movimiento transformador en todo menos a la hora de seleccionar candidatos. Porque terminamos seleccionando al que más mide en las encuestas. Parece lógico, pero hete aquí un problema, y es un hecho no casual: ¿por qué en la Argentina todos los dirigentes que más miden en las encuestas, sean del espacio político que sean, son todos de centroderecha?….

 

 

 

 

El peronismo y la cultura del no


En un contexto de pauperizacion general del debate público, un fantasma recorre la fauna peronista: el fantasma del análisis político en términos de buenos y malos. Dichos análisis, al operar en registros exclusivamente moralistas, tienen los mismos efectos sesgadores y autocomplacientes que los basados en desmesuradas expresiones de deseo. La nada. 

Muchos diagnosticadores ingresan sin instrumentadores quirúrgicos a revisar al herido, para diagnosticar, más tarde o más temprano, que todos los problemas se deben a “las contradicciones del peronismo”. Esta sentencia derrama sentido hacia el folclore de la lengua popular, presentando (hacia el implacable afuera) al peronismo como “bolsa de gatos”. Hasta aquí, nada nuevo en la historia. 

En lo personal, creo que existen quienes lo sienten y lo comprenden, y quienes no. Lo que se define como “contradicciones del peronismo” abarca un espectro de dilemas más amplio que sólo a ese longevo movimiento invertebrado, y es la dinámica de la sociedad misma. El peronismo intenta (con dificultades) expresar a las mayorías (debiera) de esa sociedad, para orientarla a insubordinarse contra ese destino de semi-colonia, que hoy gana en las urnas. 

Lejos de ser un Western de Clint Easttwood, la abrumadora y cruel simpleza de la política se da en el peronismo como lógica de acuerdos, transigencias, conducción de conflictos, negociaciones y demases. Esto poco tiene que ver con las películas de buenos vs malos, cuya sobredosis de consumo puede derivar en ver esos roles en todas partes, y entregarse a la pulsion de combatir al “mal” radicalizando diferencias, en tiempos que piden fomentar la construcción sobre las coincidencias, saliendo de la endogamia. 

En un marco donde la ambigüedad es deglutida por la propia grieta que denuncia (le pasó al massismo stolbizeriano), donde el manifiesto edipico de Randazzo demostró que no puede funcionar como plataforma y oferta política, y donde Unidad Ciudadana tiene muchos votos pero no puede expresar suficientemente al movimiento nacional, los partidos del no (No a Macri, No a Cristina) comienzan su diaspora a la extinción. La única manera de superar la “cultura del no”, es construir acuerdos sobre el “si”. 

En este clima, la oposición se definirá: 

A) como teatralización sumisa de perfume noventista, sumisa al poder concentrado (más concentrado que nunca). 

B) como oposición a Macri (no a Cristina). 

Con o sin peronismo “friendly”, es natural que el macrismo seguirá definiendo la política de gobierno (deudocrata-oligárquica) con ayuda de una efectiva comunicación que opera en registros posmodernos utilizando mensajes de futuro, consenso, fin del conflicto y transparencia, custodiado por un blindaje mediático inedito y un gran cobrador de penales (Claudio Bonadio), que además los patea si el delantero amarillo no se tiene fé. 

Lo problemático para el anchisimo espacio nacional, es que la endogamia en la que se empecina produce discurso de trinchera. Es cierto que hay un sector con bastante presencia meditatica en espacios no tan blindados que expresan con fervor su vocación indirecta de transformar a cfk en una líder juvenil, pero esto no necesariamente constituye una contradicción principal. 

El registro divisionista atraviesa todos los discursos del campo nacional,  los avejenta, recrea los gritos de personajes con aliento a naftalina, y retrasa el proceso de reordenamiento del campo nacional para constituirse en opción de poder. Es necesario operar en otros para que sea algo nuevo, pero decirlo es fácil. 

Lo cierto, es que por vocación histórica, el peronismo no puede reducirse a ser una identidad “no progresista”, ni el progresismo puede retraerse en un cómodo y bienpensante “no cegetismo”. Es momento de ofrecer a la sociedad un Sí. 

En la caza de traidores se pierde más tiempo que en la cola de un banco, y en la caza de “chicos de Palermo” se gasta más energía que con un aire acondicionado modelo ’83. El macrismo se alimento tanto de nuestro difundido deporte de codazos divisionsistas que lo  llegó  a presentar electoralmente como “hartazgo de la gente a lo VIEJO”;eso viejo,  no son nuestras ideas, sino el modo de comunicarnos con la sociedad, y también entre nosotros. 

La centralidad de Cristina Fernández de Kirchner no constituye un “obstáculo”, en tanto una referente del peronismo cuenta con un volumen de representación que la hace imprescindible, pero no suficiente. Los instrumentos electorales se pueden discutir, se deben discutir, porque a la espera de nuestros acuerdos, hay un cronometrado rumbo hacia al abismo en marcha, que se respalda en votos, y se lleva puesto trabajo, poder adquisitivo, garantías constitucionales, y soberanía nacional. 

Es momento de una nueva síntesis, cuya elaboración quizás consista más en escuchar, que en hablar, y en debatir más ideas que  nombres propios. 

​Néstor: militante peronista, restaurador de la esperanza

¿Qué decir sobre el culpable de todo?.  Desde este blog, sólo ensayar un humilde y breve homenaje a quien fuera el reconstructor del movimiento nacional. Ese desconocido desgarbado que allá por 2003, en el club Defensa de mi ciudad natal (Dolores), daba su primer discurso de campaña bonaerense. En él nos transmitió a todos los presentes  lo que tanto faltaba en mi casa, en mi pueblo, y en el país: esperanza. De ahí la  pasión de mi generación (“sub 32”) por participar. 

Hoy, a 7 años de su desaparición física, les traigo este resumen de fragmentos de su discurso en el encuentro nacional de la militancia (2004), útiles y fecundos para los tiempos que corren.

“Tenemos que volver a reconstruir el espacio de los militantes, de los cuadros, tenemos que volver a valorar la política. 

No queremos que se repita la mecánica casi empresaria de la política que tiende a acordarse de los amigos y de los compañeros para utilizarlos en cuestiones electorales. No queremos tropas “disciplinadas” que a todo digan “si”. 


Queremos tener compañeros y compañeras que piensen, que nos digan la verdad, que tengan capacidad transgresora, que nos ayuden a equivocarnos lo menos posible.


NO QUEREMOS más las prácticas del culto al individualismo, del culto a la personalidad y a la teoría del jefe. Esas teorías que tanto daño han hecho a la política, y la han quebrado en su moralidad. 

Queremos terminar con la idea del “influyente”, del “veni que yo tengo conexiones”.

(…) Acá no vinimos con la ficha de afiliación, no vinimos con los listados, no vinimos a ver quienes están presentes y quienes ausentes, acá venimos peronistas y no peronistas, acá venimos con gente de todas las fuerzas que quieren cambiar la Argentina, para sentarnos en una mesa y empezar a discutir , a pensar en conjunto. Queremos que los locales políticos no sean lugares de “trenzas” donde nos juntemos solamente a tomar unos vinos o a comer asados. Queremos que sean lugares de meditación, de formación,de conciencia cívica ,que tiendan a consolidar una Argentina diferente. Queremos que definitivamente se termine la idea de la clandestinidad de la política. 

(…) NO HAY QUE CAER EN LA DISPUTA CORTA DE ESPACIOS, hay que construir la Argentina. Por eso el ámbito y espacio de hoy, en la diversidad y la pluralidad que se ha generado aquí, no tiende a consolidar el liderazgo de nadie, sino la presencia de argentinos y argentinas que quieren tener un rol protagónico en la construcción de la nueva Argentina, en la construcción de la Argentina que nos merecemos todos.

(…) Por eso queridos amigos, compañeros y compañeras, nosotros tenemos que tomar la lección de la historia, debemos entender que el concepto de solidaridad y pluralidad es central, pero también debemos entender que tenemos que informarnos y prepararnos para poder conducir con todas nuestras fuerzas y capacidad este pequeño país.


(…) Queridos compañeros y amigos : tenemos que volver a recuperar las ansias de participación, pero nosotros mismos debemos hacernos la autocrítica y entender que la política no puede ser una herramienta para buscar el beneficio personal.

Si los militantes y los dirigentes políticos entienden que tienen que ser los que den el ejemplo, les puedo asegurar queridos amigos y amigas, compañeras y compañeros, que estaremos dando un salto cualitativo.

Esto es tremendamente importante, tenemos que dar ese ejemplo y evitar las tentaciones.”