El arte de envenenar: la concentración mediática en la dictadura de la novedad

“La existencia de un debate político aunque sea artificial, es necesaria para el funcionamiento armonioso de los medios de comunicación, quizá incluso para la existencia en el seno de la población de una sensación por lo menos formal de democracia.”

Michelle Houellebecq – “Sumisión” (Fragmento)

Es cierto que se está discutiendo un contrato de tv como si fuese una reforma constitucional. Pero algo debe pasar con esto de Navarro ¿no?. Y hay que decir que ese “algo” es menos indeterminado que  nuevo, porque responde a la misma lógica que le otorgó sentido contrahegemónico al kirchnerismo como fenómeno: la lucha contra la concentración mediática.

Hoy vemos como una fuerza política que encarna electoralmente al 35% de la población posee el 99% de las pantallas de tv en la Argentina, por medio de las cuales (también) opera para dividir al resto.

El hecho es que 4 millones de personas por día van a dejar de informarse acerca de ilegalidades de este gobierno, y en ese hueco abundara -de la mano de María Julia Oliván- el cocktail de misiles contra el peronismo al que nos tiene acostumbrados el aparato clarinista.

Vamos hacia un nivel de concentración mediática nunca visto en la historia de Latinoamérica. Dado esto, diremos que la mentada posverdad (de la que se empezó a habló aquí), guarda parentezco conceptual directo con el noventista “fin de la historia” teorizado por Francis Fukuyama; en el fondo se trata de dos consecuencias de esa pornográfica aglomeración creciente de bocas de expendio para construir sentido.

En un sentido analítico, el problema del peronismo con el papel de la burguesía industrial de su época, no es menos grave que el problema del kirchnerismo con “su” burguesía mediática. Sin embargo, con rimbomantes (y no tanto) argumentos que pendulan de derecha a izquierda, se sigue subestimando el aparato comunicacional y cultural que performa las conciencias individuales en particular, y la conciencia pública en general. Por eso es que no debe sorprenderenos que la opinión de la o el vecino de -por ej- del cuarto cordón del conurbano,”esté en sintonía” con Patricia Bullrich entorno a la desaparición de Santiago Maldonado.

Quiero insistir con una idea: hay que tomar conciencia de que hay una parte importante de militantes y adherentes con influencia que, dada su romántica e ingenua percepción sobre la acción política, todavía no toma conciencia de la verdadera importancia de la arena mediática y del necesario abordaje político que debe darse el campo nacional para intervenir en ese espacio de disputa de sentido. Es en este sentido en el que aparece como central la inclusión de la dimensión mediática y comunicacional en la formación de “cuadro integrales” propios. A la fecha son muy pocos los actores políticos que no reculen en chancletas ante la primer “amenaza” de la posverdad: Guillermo Moreno, Crsitina Fernandez de Kirchner y Juan Grabois se destacan.

Si el romanticismo y la ingenuidad militantes nos invitan a “relativizar” la importancia de los medios, seguiremos siendo hablados por la agenda del adversario, pensando que “hay que dejar de culpar a los medios”. Después de todo, “la mejor artimaña del diablo es hacernos pensar que no existe “.

 

LA DICTADURA DE LA NOVEDAD

 

Teniendo en cuenta que el acceso a Internet se ha extendido, y que el total de familias con tv en el país asciende al 97%, se puede decir que la inmensa mayoría de los argentinos convive a diario con toda la fauna mediática (periodistas/vedettes/panelistas, etc) metida en el seno de su hogar vía tv, pc, o celular. A su vez, según estudios del año 2014 de Pew Research Center, la tendencia mundial indica que Facebook es el medio preferido para informarse sobre política y actualidad. Es así como el 61% de los personas de entre 18 a 33 años (“Millenials”) y el 51% de los que tienen entre 34 a 49 años (“Generación X”) , prefiere la red social.

En la dictadura de la novedad ya no se vive “con” la noticia, sino “en” la noticia; hasta el empacho. Es así como sin salir a buscarla, la “novedad” nos estornuda un verdadero pornoshow psicótico organizado por quienes controlan los medios masivos y manipulan los algoritmos de las redes.

El hecho es que la lógica de los medios masivos de comunicación se ha fusionado con la de las redes sociales, amplificando el “mensaje”, y superando en niveles siderales el poder que ese mensaje tenía hace nomás una década. Esto se evidencia en que en la dictadura de la novedad es muy difícil separar noticia de red social, en tanto (como bien señalan Pablo Boczkowski y Eugenia Mitchelstein, ya no se vive con la red, sino en la red:

“La irrupción y meteórico crecimiento de las redes sociales en la última década, junto con la altísima penetración de los dispositivos móviles, ha llevado a una progresiva e ininterrumpida mediatización de la existencia íntima, privada y colectiva (…) En este proceso de transformación, las redes han dejado de ser objetos para convertirse en entornos, donde estamos con los otros: no usamos las redes sino que vivimos en ellas. Entramos y salimos constante y vertiginosamente de las mismas y allí hacemos todo, desde informarnos sobre la actualidad hasta flirtear o mantener vínculos amistosos, pasando por ver videos graciosos de gatitos y conocer novedades de familiares y contactos. Si bien la brecha digital es significativa en el mundo, cuando las redes de conectividad se establecen y los dispositivos se vuelven accesibles, una vida por fuera de los medios es tal vez imaginable, mas ya no fácilmente realizable.”

Una  lógica influida directamente por lo anterior, es la de la opinión pública, cuya máxima señala que no importa la ´verdad´ de una opinión, sino sus efectos sociales; esto es: una noticia falsa producir un efecto social concreto, como una marcha de personas susceptibles de ser interpeladas por una falsedad emocionante, mucho más que por una verdad sin importancia.


Este dispositivo comunicacional financiado por el extranjero lleva al galope ligero al ciudadano sobreinformandolo, sofocándolo y obturándole así cualquier posibilidad de procesar lo que consume. EL objetivo de mínima es mantener al usuario “conectado” la cámara de eco de la red,  para lograr el de máxima: sofocarlo dentro de ese pelotero que amplifica el color de su propia voz, manteniéndolo en un compromiso que se vivencia grandilocuente, pero resulta de baja intensidad en la realidad efectiva al estar limitado su alcance a la propia cámara de eco que el algoritmo de la red diseña y “racionaliza” weberianamente hablando, a medida del plan recolonizador en marcha.

 

La mano invisible del mercado comunicacional fomenta la réplica compulsiva de información mediante la cual, sin darnos cuenta, los usuarios realizamos un verdadero culto a la autotortura bajo la falsa impronta de la “novedad”. En efecto, la narcohipnosis mediática se ejecuta vía radiación caótica de información constante, que va sobrecargando la psiquis, desgastándola hasta debilitar la capacidad de jerarquización: no se sabe si “lo importante” es la tercera guerra mundial, el romance de una vedette con un político o futbolista, la entrega del país, o la dieta rápida para llegar bien al verano. El volcán escupe transversalmente., por eso la radiación mediática no es neutra en ningún punto: los grietológos y mercenarios de la opinión están en todas las veredas, para garantizar que los elefantes pasen por detrás, mientras nos someten al reino de su contagioso exceso de diagnóstico que degenera en un predecible pesimismo charlatán .

 


Hemos dicho en este blog el estudio de tv funciona como el parlamento donde la lógica democrática “posverdaderamente” habita. La apuesta es hacia la ridiculización de la política y a su señalamiento permanente como actividad “corrupta”. Mediante esta artimaña, la lógica envilecedora de la operación logra transferir el capital de credibilidad desde los políticos hacia los hombres de los medios. La masa televidente que jamás usaría una remera del Che, ahora dispone de su propio santo: el “fuck you” de Lanata como identidad.

En este sentido, un pensador nacional muy citado en este blog – J.J Hernandez Arregui- ha sido preciso, señalando que “en los países coloniales, donde los órganos de la cultura están prácticamente monopolizados por el capital extranjero, las plazas disponibles configuran una lucha cruel que obliga a la mayoría de  los competidores –periodistas, profesores, escritores– al disimulo judaico de sus opiniones, a la formación de equipos defensivos, a la claudicación de la inteligencia para poder subsistir. El hecho de que en los órganos de la prensa aparezcan nombres que inicialmente militaron en la izquierda ideológica prueba la presión modeladora del imperialismo. Asegurada la inocuidad política del colaborador, al mismo tiempo es utilizado, por ese mismo pasado ideológico, como testimonio de la libertad de pensamiento, uno de los principios teóricos de la filosofía del liberalismo.”

 

Es así como un “simple” programa de tv oficia como paisaje artificial de democracia, como maqueta social de roles y conductas orientados a subordinar la discusión pública al terreno de la nimiedad distractiva.

Si esto que Houllebecq advierte en la cita inicial de este escrito como “sensación por lo menos formal de democracia” es efectivamente así, podríamos decir que nuestros productos mediáticos están habitados por los ingredientes necesarios para proyectar esa artificialidad. La identidad cacerolera post 2003, en sus rasgos emocionales, es propia del enfermo mediático autótctono contemporáneo, cuya sintomatología se expresa principalmente en el regodeo compulsivo en la negatividad, y cuyos efectos culturales,  J. J Hernandez Arregui definió en el marco del imperialismo como “un conjunto orgánico de formas de pensar y de sentir, un mundo-visión extremado y finamente fabricado, que se transforma en actitud ‘normal’ de conceptualización de la realidad, (que) se expresa como una consideración pesimista de la realidad, como un sentimiento generalizado de menorvalía, de FALTA DE SEGURIDAD ANTE LO PROPIO, y en la convicción de que la subordinación del país y su desjerarquización cultural es una predestinación histórica, con su equivalente, la ambigua sensación de la ineptitud congénita del pueblo en que se ha nacido y del que sólo la ayuda extranjera puede redimirlo.” 

En suma, dado el avance sin pausa de la megaconcetración mediática, no vendría mal estar alerta a la manera en la que consumimos y compartimos información, porque más alla de nuestra voluntad, estamos inmersos en la dinámica “fast food” de la noticia, método usurero del “arte del envenenamiento”, probado para convencer a millones de personas en el mundo de que es mejor comer mal, de parado, y (con suerte) con cubiertos de plástico, pero (eso si) rápido. Después de todo, Luca Prodan ya susurraba que “nada te ata, a leer la novedad”.

Mujer, 2 veces presidenta y Peronista 

En la entrevista con el vapuleado Novaresio, Cristina repitió 3 veces que la INSULTARON llamándola “yegua, puta, montonera”, pero un sector del Viet Cong cristinista que se comporta con CFK como si fuese Xuxa, ya sale a militar eso con una remera. Esto no es una pavada, es un flagelo. La idea posmoderna (nunca asumida) que hay en buena parte de esta vereda de que  todo es pasible de “construcción subjetiva ”, de “resignficación”-mal aprendida y peor aplicada-, nos ha jodido tanto la psiquis que ahora pretendemos que un insulto es un halago.
La formación política fast food, la holgazanería intelectual, la indiferencia con la esencia de las cosas y la radiación mediática de la novedad constante han convertido las categorías (las políticas sobre todo) en nominaciones tan descafeinadas, genéricas y polisémicas que “facho” es igual a “hijo de puta”, “anarquista” es equivalente a “bardero”,  “terrorismo” es igual a “unos negros medio violentos”, y “yegua, puta y montonera” expresaría algo similar a “la patria es el otro”.
Por eso el ciudadano promedio termina delirando de fiebre, y se repite a sí mismo el conjunto emberenjenado de pavadas que recibe: “Cristina es una derrotada ESTADISTA que defiende ANARQUISTAS”, pero debiera votarla por “yegua, puta y montonera”. El termómetro marca en las axilas de esa opinión pública afiebrada la temperatura política que hay.

El lenguaje no es un golpe de suerte, pero si el mensaje de Cristina ha sido siempre y es “soy mujer, presidenta y peronista” y no otro, ¿qué es lo que guarda una necesidad de urgente “resignficación”?, ¿el “clamor del pueblo” por una remera que diga yegua, puta y montonera?. Parece que es difícil  aceptar que Cristina se reivindique sistemáticamente una mujer peronista, ni más ni menos (con todo lo que eso significa).

En suma,  estas bienintencionadas angelizaciones cool de lo inverso, estas “resignificaciones”, transforman indirectamente el mensaje de una estadista, reduciéndolo (mal) al de una líder juvenil que dijo exactamente todo lo contrario a lo que se pretende sostener con la “resignficación”. Claro está, esta es solo una opinión entre muchas, que no va a censurar la creación de las tan ansiadas remeras.

Te agradezco la pregunta, Luis…

A lo largo de casi dos horas, el portal Infobae mostró una intervención mediática muy esperada, la de Cristina Fernández de Kirchner en un medio extremadamente parcial.

 

Descontracturada, fué clara y contundente al manifestar su candidatura, aclarando en simultáneo que no sería un obstáculo (si así lo entendiese el anchisimo espacio nacional-popular) de cara a 2019.

Durante casi toda la entrevista, el periodista cayó varias veces en la tentación del debate, corriendose de la misión natural de entrevistar. Plagado de (débiles) preguntas retóricas que pendularon en el flanco Iran-Nisman-Corrupción, Luis Novaresio pretendió cercar a la entrevistada a fuerza de falacias argumentativas de potente efecto sólo cuando no hay contraargumentación robusta del otro lado. Sucede que, en este caso, la ex presidenta ofreció contundentes respuestas embebidas de política en sentido estricto, poniendo en el centro su jerarquía de dirigente, y dejando al descubierto la “mano invisible” del poder mediático que cierta saña irreverente de Novaresio no ayudó a ocultar.

A favor del incisivo periodista santafesino, y al margen de que su mejor negocio hubiese sido tratar de entrevistarla en lugar de entrar en una competencia de chicanas, hay que señalar que habiendo tanto compadrito con el código penal bajo el brazo para meterla presa por Twitter, y habiendo tanto estratega que alquila el manual de Napoleón para enseñarle política, el bofeteado Luis por lo menos “se le animó” al cara a cara. Como Mcgregor ante Mayweather, también, como en esa pelea, la centralidad era el prestigio del boxeo, y no tanto la ridiculizacion del que se le animó.

 

“Cristina se fué del peronismo”, fue la repetida muletilla con la que referentes y militantes de otros espacios calificaron la fundación del nuevo instrumento electoral liderado por la candidata de Unidad Ciudadana. Novaresio también incurrió en esta muletilla, pero la referente más importante del peronismo actual se ubicó impermeable a la discusión confusa y sin sentido sobre derechas e izquierdas al interior del movimiento, definiéndose (una vez más)  como “peronista”, lo cual también es un hecho de gran importancia política.

 

Tal vez el episodio mediático de hoy sirva para  que este “reclamo” comience a mermar en el interior del movimiento, en tanto refuerza el argumento sostenido aquí, que señala que Cristina simplemente no cometió el error confundir la identidad política del peronismo con la fechitización de su tradicional instrumento electoral (PJ) y pudo adaptar al peronismo a las nuevas estéticas de comunicación e interpelación.

Por su parte, el llamado al” diálogo público” de la ex mandataria obedeció a una sensata lectura de cierto hartazgo de buena parte del tejido social con la tónica de la confrontación, y se mostró en línea con la esencia del llamado a la “cultura del encuentro”, expresado por el Papa Francisco en reiteradas ocasiones.
 

Se ha dicho en este blog que, en el acontecer cotidiano, es innegable que la palabra pública va perdiendo valor en ese teatro a ciegas, donde el espectador (ciudadano/trabajador/votante) recibe los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada. Por eso la pieza comunicacional generada hoy puede servir para que esos espectadores  revean algunos de sus prejuicios, generados por un dispositivo que envilece conciencias.

 

En este sentido, se ha dicho también aquí que la posverdad no es un golpe de suerte, sino que ordena quirúrgicamente los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un organizado torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada, que mantiene a salvo su negocio y el de el sector dominante: que todo permanezca licuado, confuso, para “desempatar” siempre a favor del equipo amarillo. Sin embargo, hoy fue 5 a 0 a favor de Cristina, y en condición de visitante.

 

Para finalizar, y ante la recurrente compulsión de los adictos a la gambeta autocrítica por señalar, a minutos de finalizada la entrevista, la predecible lectura de que “no sirve porque solo convence a los convencidos”, diremos que desde lo comunicacional fue necesaria, y desde lo político, positiva.

 

Si se parte de asentir, de dar por perdida esa pelea contra la posverdad, si la política no ofrece tan siquiera una búsqueda de la verdad cuando participa de un ecosistema mediático que no la ofrece, entonces la batalla arranca perdida; esa fue la batalla que hoy dió (y ganó) Cristina Fernández de Kirchner, y volvió a jerarquizar la política, más allá de los efectos colaterales sobre el electorado.

La posverdad no es un golpe de suerte

“Me parece evidente que la indebida utilización de tales mecanismos de difusión cultural enferman espiritualmente al hombre, haciéndolo víctima de una patología compleja que va mucho más allá de la dolencia física o psíquica. Este uso vicioso de los medios de comunicación masivos implica instrumentar la imagen del placer para excitar el ansia de tener.
Así, la técnica de difusión absorbe todos los sentidos del hombre, a través de una mecánica de penetración y la consecuente mecánica repetitiva, que diluyen su capacidad crítica.
En la medida en que los valores se vierten hacia lo sensorial, el hombre deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un “hombre-niño”, que nunca colma su apetencia.

Vive atiborrado de falsas expectativas que lo conducen a la frustración, al inconformismo y la agresividad insensata. Pierde progresivamente su autenticidad, porque oscurece o anula su capacidad creativa para convertirse en pasivo fetichista del consumo, en agente y destinatario de una subcultura de valores triviales y verdades aparentes.“

Juan Domingo Perón – Fragmento de “Modelo Argentino para el Proyecto Nacional”

 

¿Cuál es el rol de la palabra política en la arena mediática?,  ¿debe funcionar como mero ingrediente polemista adaptado a los cánones de verdad de un aparato donde la verdad no es negocio?, ¿debe agregarse sin ningún tipo de miramientos a un esquema nula rigurosidad analítica como mero insumo del entretenimiento banalizador?. Después de todo, este no es un tema que involucre sólo a los enunciantes de los mensajes, sino a la propia disputa  de quiénes son los que pueden enunciarlo y cómo esto influye  en las identidades políticas, que terminan organizándose: o bien en torno a hechos concretos, o bien en torno a posverdades, politologías categoriales diluyentes, o derivados.

 


Una de las máximas en la investigación y análisis de la opinión pública señala que “no importa la verdad de una afirmación, sino sus efectos sociales”. En este sentido, un factor fundamental para entender el problema de la relación entre la comunicación y la política contemporánea, es el observado (y ya citado en este blog) por Pablo Touzón respecto de “la trampa de la ciencia duranbarbista, que  es que es en parte diagnóstico y en parte programa. En parte interpreta que así es el mundo y en parte quiere que así lo sea.” En este sentido, Touzon concluye en que “hay una agenda: una guerra a la intensidad política. A la “sobre-politización” entendida como el pecado original argentino. En este sentido, la solución duranbarbiana a la crisis de la representación política -y de ahí su nihilismo- consiste en profundizarla. (…).Una desacralización que muestra en carne viva la obsolescencia de la política como actividad, su “chiste”, su pérdida de sentido.”



El esceneario recurrente de la posverdad es, en general, la TV. Sus interactuantes, un político y un periodista. La operatoria efectista  de la posverdad sobre el esepectador promedio puede ejemplificarse más o menos así:

Periodista: 2+2 es igual a 3

Político: no ¿quién te dijo esa barbaridad?


Periodista
:  lo dijo un testigo en la causa donde usted está denunciado por corrupción…acá tengo el documento, si la cámara lo puede tomar…

Normalmente, este debate finalizaría cuando la figura de autoridad del ecosistema mediático (periodista, conductor, etc) manda al corte, y suspende así cualquier potencial confrontación del acusado con el sentido generado por los ademanes falaces, esquivos, y confusos de esos carabineros de la posverdad, que apuntan sus dardos a los centros neuralgicos que activan nervios sociales específicos (“corrupción”, en este caso). Por eso es tan crucial la insubordinación del político ante la figura de autoridad en ese esquema, en tanto debe pelear con carácter y espíritu (no necesariamente con “el arte de ganar” en la mano) para que ese sentido no se imponga y obture cualquier tipo de “versión alternativa”.

La arena mediática es hostil, no es ninguna novedad, porque como diría Huxley “una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”, pero… ¿y la verdad?… Tampoco es novedad que la verdad (mercantilmente hablando, con las disculpas ideológicas del caso) no es negocio para un aparato que “tiene más mugre que indio que va último”, pero es el único negocio que le queda a la política, en tanto es la única herramienta mediante la cual se puede competir en esta arena para disputar sentido.

Por esta razón, comprar el efectismo como receta para dar disputas de sentido sin mirar las contraindicaciones, nos condena a análisis más politológicos que políticos, a resignarnos a asumir como verdades construcciones mediáticas que se producen en masa, en los esquemas de debate donde prima la “falsa armonía”. El discurso mediático hegemónico no ofrece verdades. La política tiene el deber de ofrecerlas. 



Por eso no hay política en sentido estricto en el consumo de las recetas duranbarbistas, lo que hay es una voluntad de pertenencia a la moda de la realpolitik posmoderna, donde prima la falsa sensación de cálculo, de politizada objetividad, de una aparente racionalidad coyuntural opuesta al fanatismo extraviado, de una supuesta lectura atenta a los cambios en las subjetividades contra la melancolía de algunos “anclados en el pasado”, como evangilazara casi desde la cuna Marcos Peña Braun.

Entonces si no importa si la política debe partir de la enunciación o búsqueda de una verdad (siempre relativa, como sostenía Néstor Kirchner), sino de las consecuencias interpretativas de un enunciado a secas, la pregunta inicial emprende su operación retorno: ¿cuál es el rol de la política?.

La posverdad no es un golpe de suerte, sino que ordena quirúrgicamente los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un organizado torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada, que mantiene a salvo su negocio y el de el sector dominante: que todo permanezca licuado, confuso, para “desempatar” siempre a favor del equipo amarillo.

Tal es así, que no se discute sólo si CFK es o no abogada, si se ganaron las elecciones en PBA, o si Guillermo Moreno ponía un revólver en la mesa para negociar,  sino si el propio registro real del “pasado kirchnerista” (datos del Indec) es efectivamente real o no. Si se parte de asentir, de dar por perdida esa pelea, la ficción se instala, y el dispositivo argumentativo amarillo de “la vuelta al pasado” se robustece de sentido para seguir funcionando como orientador del votante que tiene 500% de aumento en la factura de gas, pero que “por lo menos ahora” no es engañado.

Si la grandilocuencia conceptual nos tienta a hablar de la existencia de cierta “hegemonía”, en este blog haremos la salvedad de decir que si ésta existe no es –todavía– la macrista, sino la mediática (que hoy sirve intereses macristas), y es por eso que en este blog se ha mencionado la regularidad de un fenómeno visible, el que indica que la palabra pública va perdiendo valor en ese teatro a ciegas, donde el espectador (ciudadano/trabajador/votante) recibe los mensajes digitados desde las bocas de expendio mediáticas en un torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada. En esos huracanados vientos ingresa –como invitada cada vez más ocasional– la discusión política, ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese convite mediático donde la persona política es evaluada por sus características personales y no por su actuación política.

 

Después de todo, ya  J.J. Hernández Arregui nos advertía que “la inteligencia de la oligarquía es trina. Puede probar cualquier cosa, que lo blanco es negro, que el unitarismo es federalismo, y que Mitre era federal. Por eso sus abogados son capaces de fundir a Dios, la Constitución de 1853, y las vacas en una sola persona divina.” Hoy día las mañas oligárquicas no han cambiado, pero si se han complejizado. Tanto como para presentar una marcha masiva y un reclamo justo (la aparición con vida de Santiago Maldonado) como “situación de violencia política”. El mecanismo de guerra de la posverdad no es nuevo, pero su recurrente aplicación por parte del actual gobierno, invita a comprender y a asumir esta guerra psicológica como tal.

 

Si la política no sirve para orientar el sentido de los debates, si se pierde en el efectismo de la maquina de picar carne mediática, entonces  la política ya no sirve para nada.

Ganó Cristina, ¿y los votos que faltan?

Finalmente, la candidata de Unidad Ciudadana superó “por un puñado de votos” la torpe campaña de Bullrich (remontada por Vidal) sólo con “la elocuencia de la realidad”, y con salvaje persecución judicial y periodística a cuestas. La fuerza liderada por CFK cosechó menos votos que en 2015, pero se consolidó como el espacio del peronismo bonaerense con mayor capacidad de interpelación al electorado. Este hecho concreto si bien la ubica ya lejos de la jubilación anticipada que mal le diagnosticaran propios y ajenos,  no invita a nada parecido al triunfalismo.

 

 

Se dijo en este blog  que secuestrar ese “puñado de votos” fué una mala estrategia del oficialismo en materia de comunicación (a la que se hizo referencia en este artículo). 20.324 votos (0,2%) de diferencia en la carrera por la estratégica senaduría de la provincia de Buenos Aires, es una diferencia mínima en términos cuantitativos, y si bien no invita a triunfalismo alguno, es máxima en términos cualitativos, porque no es lo mismo perder que ganar; en el barrio nos enseñaron así, aunque las operaciones de  la posverdad oriunda de otros barrios pretenda (y logre) convencer de lo contrario.

 

 

 

En lo estrictamente electoral, es cierto que las tendencias estructurales de voto no han variado desde 2011. Es cierto que este resultado en las PASO bonaerenses no alcanza para proyectarse ni a octubre ni a 2019 con una expectativa tranquilizadora, pero tampoco alcanzan para que muchos reincidan -desde el domingo 13 de agosto a las 21hs- en el viejo y peludo deporte autoinflingido de la gambeta autocrítica (mal entendida), esperando que algún día dé vaya a saber qué resultados.


La autocrítica bien entendida es la transitada por Jorge Taiana, cuya coherente conducta política, personifica un horizonte de lo posible. En un reciente reportaje del Diario La Nación, ha señalado:

 

-Cristina propone hablar del presente. ¿No debería empezar por una autocrítica?

La autocrítica no pasa por decir qué se hizo mal. Se trata de mostrar que uno ha cambiado y dar cuenta de las nuevas realidades. La presentación de Unidad Ciudadana, la preocupación por representar a distintos sectores y la reflexión sobre la relación entre ciudadanos y partidos tradicionales muestran esa capacidad de reflexionar.

 

(…)- ¿No deberían hacer una autocrítica sobre la corrupción?

Centrar el tema en el pasado es esconder un poco el presente. Tenemos un presidente que asumió procesado y fue absuelto a los pocos días. La semana pasada la Cámara cerró la causa Arribas, un escándalo extraordinario. Hay temas del presente que están gritando que se los considere: el caso del Correo, Avianca, los Panamá Papers.

 

El año pasado usted dijo que el gobierno de Cristina “empezó con un 54%, perdió aliados, se peleó con los sectores medios, parte del movimiento obrero y se encapsuló bastante”.

Por encima de las diferencias que tengamos sobre el pasado, existe una convicción profunda de que sólo la unidad de la mayoría de los argentinos y sobre todo de los sectores más humildes permite evitar que el gobierno de Macri siga avasallando derechos y afectando el tejido social y productivo. Estas elecciones son importantísimas, porque el Gobierno busca relegitimar el mandato de 2015, para avanzar con más poder sobre una serie de derechos.

 

Pasada la autocritica, y dada la situación que pone a Unidad Ciudadana en la urgencia de atraer  los votos que faltan, diremos que esos votos no son los de Cristina, cuyo electorado talibán es un capital político invaluable en tiempos de volatilidad electoral. Los votos que faltan son  los de Unidad Ciudadana en su conjunto, es decir, aquellos que el magnetismo de la ex presidenta  no logra atraer, pero que sí podría atraer la figura de Taiana, insospechado de “fanatismos melancólicos”, y cuyas probadas cualidades y trayectoria lo ubican como un “gentleman político” a nivel electoral.

 
En lo inmediato, quizás el propio concepto de elecciones de medio término nos rescate de sobreestimaciones y subestimaciones, y nos invite a pensar que se requieren análisis también de medio término, y no apresuradas conclusiones sobre el mediano y largo plazo.  La unidad del peronismo, de momento es una urgencia que en el presente cobra, naturalmente, la forma de entelequia más declamada que efectivamente lograda. El horizonte de mediano plazo dependerá de la capacidad que tengan las dirigencias (y las militancias) para trazar acuerdos elementales por sobre diferencias secundarias, y cuyo eje sea construir una nueva mayoría con peso en el parlamento y con fuerza en la calle. En definitiva, la cuestión está en la disyuntiva de: o parasitar como “los partidos del No” (no a Macri, No a Cristina), o de construir una opción con verdadera vocación opositora a mediano plazo, pero también con auténtica vocación de gobierno a largo plazo.

 

Para los que todavía no han comprado féretros para nadie, ni pegarse con el martillo en los dedos con fatalismos sofisticados, ni minimizar o ridiculizar al enemigo, son buenas estrategias políticas, en tanto ambas obstaculizan la comprensión de la coyuntura. Esta última requiere revisar también  el comportamiento de ciertos comunicadores que salieron con críticas descarnadas a lo que presentaron como eventual “fraude” (cuyo revoleo arroja dardos al propio sistema electoral), y toda crítica es portadora de diagnóstico que, al hacerlo, opera también para construirlo; la probada receta de la profecía autocumplida.  Pero claro, el periodismo no tiene la responsabilidad de captar votos, porque no se somete a elecciones, pero si debe tener responsabilidad en las lecturas con las que que construyen sobre ellas, porque son orientadoras de sentido para muchos.

 
Construyendo sentido desde la realidad concreta se podrá salir de los mensajes del periodismo sunita, y ponerse a trabajar con discursos más útiles sobre ese tercio de votos no Stolbizerianos de “1País”, sobre algunos puntos de “Cumplir”, más ese  2% adicional que no votó en las PASO, pero que en octubre  seguramente lo hará.
 

 

 

 

 

¿Qué es esto?

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“No bien consolidó su reinado, ya se redujeron las famosas “libertades” tan cacareadas por el Hombrecito Económico. Es evidente que la gloria nada limpia de Creso triunfante es la de haber impreso “su mentalidad” a todo un mundo, en la más triste de las” nivelaciones por abajo” que haya conocido la historia. Y es también evidente que nuestro inefable Hombrecito no habría logrado ese triunfo ecuménico si “su mentalidad” no hubiera sido ya la del común de las gentes, mucho antes (…) porque un líder o una mentalidad no triunfan en la historia si no encarnan o personifican un estado público de conciencia definido a veces con secular antelación.”

Leopoldo Marechal – “La autopsia de Creso” – Fragmento

 

¿Es demasiado tarde para discutir las caracterizaciones?. Derecha democrática, Neoliberalismo, Oligarquía, nueva hegemonía, son las conceptualizaciones que han surgido en los últimas semanas desde el campo nacional para responder a la pregunta sobre la esquiva caracterización del Colectivo Cambiemos, lo cual implica también la presencia de un desorden ideológico que se presenta bajo el eufemismo de “libertad” de pensamiento, cuando no es más que un efecto directo del orden real impuesto a la sociedad en su conjunto por la clase política gobernante.

 

La complejidad de la caracterización radica, fundamentalmente, en que el análisis de corto plazo sobre el comportamiento electoral y sobre la forma en la que el ejecutivo se comunica con la sociedad, obtura la correcta comprensión de la naturaleza del gobierno de Mauricio Macri Blanco Villegas, y también en la forma en la que el campo nacional se comunica con la sociedad (se ha dicho algo aquí sobre este tema).

 
Gobernar es crear promesas

 
Cuando se dice que Cambiemos es un partido/coalición de derecha, neoliberal, o conservador –más allá de que sea o no cierto- se están usando denominaciones universales y abstractas, que para nada dan en el centro de la cuestión. El escollo a la comprensión está dado porque casi todas las etiquetas y diagnósticos que surgen para caracterizar al gobierno actual son “modernas”, y la cultura Cambiemos (y la de buena parte de la sociedad) opera comunicacionalmente ya en registros más bien “Post-Modernos”, aspiracionales. El punto es no confundir su política con su comunicación a la hora de caracterizarlo.

 
La invitación al placer inmediato pero siempre en forma de eterna promesa por parte del macrismo (“va a estar bueno”, “estamos haciendo una ciudad mejor”) es lo que define la eficacia del hedonismo postmoderno cambiemita, y lo legitima como uno de los dispositivos restauradores del liberalismo más salvaje, cuyo individualismo antropológico (el individuo es la medida de todas las cosas) se combina con progresismo (el mundo va hacia el mejor futuro, el pasado es siempre peor que el presente), y la democracia pasa a ser el dominio de las minorías (que se defienden contra la mayoría que es siempre propensa a degenerar en totalitarismo, en “populismo de un puñado de votos”).

 
Toda esta promesa hedonista supone un destino social de final abierto, en el que “dependerá de cada uno” alcanzar la meta de la sagrada libertad, porque no se la asegura a priori (y menos desde el Estado, que ya no es un obstáculo ni un aguantadero) , todo dependerá del esfuerzo personal de usted, que ya es libre hoy, pero no tanto como mañana. Este es el esencialmente el guión comunicacional de este capitalismo “descontracturado” -o “poco serio” al decir de CFK-, comandado por Directores de Empresas (que son técnicos y no capitalistas), habitado por inocentes “tenedores de acciones”(que ignoran quienes, dónde y cómo trabajan su dinero) cristalizado en una operatoria federación, una junta de negocios al interior del gobierno (a decir de Kicillof).

 
En este sentido, la lectura sobre la “estafa electoral” de cambiemos a sus votantes quizás guarde correlato con parámetros de racionalidad en el comportamiento de ciertos indicadores macro y microeconómicos, pero -para los análisis politológico-electorales con perfumes filomarxistas – no con “el grado de conciencia” que toman esos votantes (y otros) respecto de su presente en materia de bienestar, y de cómo se compone ese bienestar.

 
Sucede que la lectura economicista es renga para explicar las representaciones sociales y frívola a la hora de analizar el comportamiento electoral, ya que mutila al sujeto sólo considerando útil o explicativa su dimensión racional-económica. Lo subsume en categorizaciones que no brindan una correcta comprensión del fenómeno, en tanto reduce la racionalidad del voto al termómetro de la economía, y esto no parece válido para este corto plazo, donde las inconsistencias internas del modelo económico no aparecen manifiestas en toda su intensidad.

 

 

Todavía “heladera no mata tv”, porque quizás el mensaje aspiracional sobre el futuro revestido de una perversa “sinceridad” en el presente y de una demonización absoluta sobre el pasado, haya calado tan hondo como para oficiar de margen de tolerancia ante estas medidas “duras pero necesarias” para buena parte de la comunidad, y además, como sostiene Burdman“el estilo Cambiemos promete al votante algo indeterminado, pero positivo”;  el método de gobierno de la prosperidad en forma de eterna promesa descansa sobre este lineamiento.




Después de todo, su anatomía familiar los “ha obligado” a aumentar el precio de los alimentos, y sus aspiraciones de clase parasitaria vernácula enamorada de lo extranjero los ha llevado a buscar pertenencia ideológica a la “última moda” del capitalismo mundial, buscando (y aplicando) soluciones privadas para problemas públicos. 




¿Es la oligarquía?, ¿otra vez?

 

Si partimos de la base de que Durán Barba no diseña la política económica macrista, y que a lo sumo recomienda el uso terminológico de “cambio cultural” para comunicar un ajuste, estaremos de acuerdo en una realidad concreta en materia de economía para no economistas: si algunos están mejor y otros mucho peor, con la misma torta para repartir, lo que hay es una distribución regresiva del ingreso, esto es, las minorías concentran mayor riqueza que las mayorias. Si crece la cantidad de bienes y servicios que ofrece el país y crece la economía, pero no hay equidad en la distribución, hay injusticia social, y la historia argentina demuestra que un modelo puede lograr estabilidad política con injusticia social. 



Sin embargo, el grado de inconsistencia interna del modelo cambiemita, dada por la presencia de “déficits gemelos” (fiscal y en la balanza de pagos: no recauda lo suficiente y se endeuda) hace que las caracterizaciones más generosas sobre el futuro del gobierno sean, de mínima, extremadamente apresuradas. Los modelos que sólo se sostienen con un espiral del endeudamiento y déficit fiscal, no son los más deseables, ni siquiera para Espert.

 

Aquí vuelve la pregunta política más elemental de todos los tiempos: ¿qué es esto? Podríamos cometer el improperio de decir que el dispositivo gobernante esta compuesto por un grupo social espiritualmente subdesarrollado, que aún está mirando a la Argentina con los ojos asombrados del conquistador; no como una patria, sino como una inmensa, infinita posibilidad de enriquecimiento, como un medio silvestre donde operar. Por eso los problemas sociales no se le presentan como tales sino como dificultades, como obstáculos en su libertad. Tiene del obrero argentino la misma imagen que antes tuvo del indio y del gaucho: no son identidades humanas, son ‘dificultad’ y su reacción es la de eliminar dificultades, no la de solucionar problemas. Claro, mayor sería el improperio de no advertir al lector que esta es la definición textual de Oligarquía que nos brinda Salvador Ferla, pero ya sabemos que el pecado original para los ideólogos lo constituye el “aferrarse a conceptos duros que atrasan”.

 
La pregunta es si el lector (no el ideológo) creerá perimida la definición. Ahora bien, si nos remontamos a lecturas coyunturales más contemporáneas, podríamos tomar en cuenta que para el ex secretario de comercio Guillermo Moreno:

 

 

“Este es un gobierno oligárquico, no es un gobierno Neo-Liberal. Los que lo caracterizan como Neo-Liberal, en realidad le quieren poner una etiqueta sin entender en profundidad lo que eso significa. Este es un gobierno oligárquico que confronta contra el aparato productivo, por eso lo primero que hizo fue aumentar brutalmente la comida y hambrear al pueblo. Y cuando se aumenta la comida se generan las condiciones para que no haya mercado interno, por esto no es Neoliberal. El Neoliberalismo es la discusión sobre el excedente generado y no la discusión sobre un excedente no generado (…) nosotros los peronistas, caracterizamos a esto como un modelo oligárquico que inhibe la generación de excedente en el conjunto del aparato productivo. A Europa no le sirve que la comida esté cara, al criminal Magneto tampoco, a los únicos que les sirve que la comida esté cara es a los oligarcas. Los modelos neoliberales no consiguen la consistencia económica con la comida cara, pero sí los modelos oligárquicos.”

 

 
Pero, si como bien señala CFK, la potencial unidad debe organizarse por representar los intereses agredidos y no tanto por las ideas, ¿por qué machacar permanentemente con el debate sobre qué es lo que tenemos enfrente? Porque un mal diagnóstico vicia también la práctica y la prédica politica.
Se sabe que para algunas de las más ilustradas y becadas mentes de nuestro suelo, “oligarquía” es un concepto “viejo y anacrónico” que “atrasa” el análisis, y que excepto en un asado con amigos, no puede circular como insumo teórico real. Este discurso bienintencionado pero escamoteador proviene del campo de los ideólogos, a los que, como siempre, J.J Hernández Arregui, caracterizaba con crueles, precisas y quirúrgicas descripciones, y escribía en las páginas de “Imperialismo y Cultura” que los intelectuales de clase media, ideólogos a sueldo de la organizacion invisible de la economia mundial,no ven que los limites del liberalismo estan dados por su conservatismo. Y asi, detras de sus parrafadas progresistas, caen en la zona dorada del embrutecimiento historico.”


Dicho esto, se acuerde o no con la caracterización del macrismo como “modelo oligárquico”, se hace necesario advertir que en los casos en los que se presenta al macrismo como posible “nueva hegemonía”, se parte de un doble error de cálculo: por un lado, de la subestimación de los tiempos sociales que no terminan expresando el “clamor popular” esperado por reemplazar al macrismo, y por el otro, de la sobreestimación de los resultados de una PASO legislativa.

 

 
Es cierto que que un modelo económico injusto puede tener cierta estabilidad política, dependiendo del grado de consistencia interna que presente en el largo plazo, ahora bien: se debe tener en cuenta que el macrismo (matices incluídos) puede derivar en la experiencia de la Alianza. Con esto quiero decir que si bien es muy interesante el análisis autocrítico sobre nosotros mismos y el llamado a ponernos los anteojos 3D para percibir parte de la naturaleza macrista que se nos escapa, no es demasiado sensato que en un mismo salto de audacia, se le compre el féretro al peronismo por un lado, y por el otro el debate siga circulando por los vectores de  análisis más politólogicos que políticos, cuyas abstracciones pasan por alto la anatomía del histórico enemigo del pueblo: la oligarquía encarnada por el “cambio eterno” del macrismo.

 

 

Después de todo, ya  J.J. Hernández Arregui nos advertía que “la inteligencia de la oligarquía es trina. Puede probar cualquier cosa, que lo blanco es negro, que el unitarismo es federalismo, y que Mitre era federal. Por eso sus abogados son capaces de fundir a Dios, la Constitución de 1853, y las vacas en una sola persona divina.” 


 

 
Una oligarquía renaciente disfrazada de amarillo, podría explicar la pregunta retórica de Martín Rodríguez. ¿Cuántas veces se dijo que el peronismo murió? Todas las veces que hizo falta que renaciera.

 

 

 

 

Lilita y la moralina del liberalismo salvaje

Nos han enseñado que debemos imitar el ejemplo de los Rockefeller, de los Morgan, de los potentados anglosajones que como se sabe empezaron vendiendo diarios, que parece que es una condición indispensable para llegar a millonario. Pero cuando algún enfermero, botellero o cualquier clase de avivado criollo empieza a levantar cabeza, todo el mundo se indigna recordando que ha sido enfermero, o botellero, y se pone a descubir cómo hizo plata y con qué ventaja. No se ponen a averiguar cómo la hicieron los Rockefeller y los Morgan, que no fue atando perros con longanizas. Es cierto que la guaranguería del enriquecido favorece el escándalo, porque con el leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero. Esto provoca la reacción indignada del que tiene plata de antes, lo que no quiere decir que el padre no haya sido un botellero, y sobre todo del tilingo. Y el tilingo anda por todas partes. (…) Cualquier guarango botellero, una vez que se “para”, ya empieza a razonar como tilingo y a despreciar a los que vienen atrás. Y a pensar como si lo hubiera heredado. (…) No es que yo esté en contra de la moralina, pero lo que estoy señalando es que la moralina se usa en contra de la moral nacional. Que ella es aprovechada por los grandes intereses económicos y movilizada, a veces de buena fe, por los políticos que no están en lo profundo de las cosas, o de mala fe por los que están bien en la profundidad, y agitada estruendosamente por los órganos publicitarios interesados en que tengamos más moralina que moral. (…) Si hay  gente que debe estar prevenida sobre el escándalo son los peronistas, y sobre todo el escándalos promovidos por los grandes diarios. Pero todavía no han aprendido bastante y entran como cualquier hijo de vecino. (…)La moral puede ser un gran negocio. “

ARTURO JAURETCHE –” La moralina doméstica al servicio de los intereses antinacionales” – Fragmentos de “Política y Economía”

 

Un buen punto de partida para el análisis del “fenómeno Carrió“, sería repasar algunas ideas que  invitan a pensar los conceptos de “liberalismo” y de “republicanismo” en sí.

Siguiendo a Alexander Dugin en un punto de vista más abstracto que específico, la esencia del liberalismo, a pesar de sus múltiples envases de presentación, tiene en su estructura fundamental interior los siguientes principios axiomáticos:

• Individualismo antropológico (el individuo es la medida de todas las cosas);

• Progresismo (el mundo va hacia el mejor futuro, el pasado es siempre peor que el presente)

• Tecnocracia (el desarrollo técnico y el rendimiento efectivo se toman como el modo más importante de juzgar la naturaleza de la sociedad).

• Eurocentrismo (las sociedades euro-americanas son aceptadas como el estándar para medir al resto de la humanidad).

• La economía es el destino (la economía de libre mercado es la única forma de sistema económico normativo – todos los restantes tipos deben ser reformados o destruidos).

• La democracia es el dominio de las minorías (que se defienden contra la mayoría que es siempre propensa a degenerar en totalitarismo, en “populismo”).

• La clase media es el único actor social existente real y la norma universal (independiente del hecho de si una persona ya ha llegado a este estado o está en camino de convertirse en parte de la clase media, representando por un momento una clase media hipotética).

• Unimundialismo, globalismo (los seres humanos son esencialmente lo mismo con una sola distinción – la individual – el mundo debe integrarse sobre la base individual, el cosmopolitismo, una ciudadanía mundial).

Esencialmente entonces, diremos que en lugar de ser una teoría política, el liberalismo es una teoría crítica de la política. Vincula lo político con lo ético, para subordinarlo a lo económico. No podría decirse entonces que hay política liberal en sí, sino crítica liberal de lo político, que es una crítica a la limitación de la libertad individual.

Con la esquiva anatomía del liberalismo quirúrjicamente desentrañada por el filósofo ruso, pasemos a lo específico de la variante de republicanismo autóctona que envuelve al fenómeno Carrió. Recurrimos en primera instancia a Alejandro Gaglianno, quien sostiene que:

 

“Se puede hablar de la persistencia subterránea de un republicanismo, si no siempre ético al menos estético, en la conciencia colectiva argentina. Como un sistema de valores tallados en tablas de mármol que convive con otros impulsos sociales menos nobles. (…) Tocqueville escribió que mientras la igualdad es un proceso natural, inevitable, la libertad es un artificio sólo posible por la virtud humana. En Argentina parece ser lo contrario: mientras tratamos de recuperar políticamente la igualdad, hay una suerte de liberalismo salvaje. Una vocación indomable de los ciudadanos por consumir y autogobernarse de espaldas a cualquier autoridad, ley o racionalidad económica, empeñada en cumplir la imagen que la sociedad argentina tiene de sí misma.”

 

Es que la idea de que el liberalismo adopta un carácter salvaje cuando, por un lado, expresa la identidad individual nunca asumida de los reflejos clasistas, y por el otro expresa el síntoma colectivo de una ingobernabilidad endémica, parece cada vez más evidente.

 

Con una prosa más poética aunque no menos precisa, Horacio González sostiene que:

 

“Carrió encarna el fin de la justicia constitucional y de un orden jurídico viable en la Argentina. La Nación, como racimo de múltiples determinaciones, con este singular personaje político, siempre está ante un abismo o ante la inminencia de su disolución. (…) Vaticina desastres mirando ansiosa o pícaramente hacia los costados; deja correr un sentido del absurdo cuando promete vindicta; vive esgrimiendo su “oscuro día de justicia”. Sus intuiciones escénicas le permiten convertir las tensas pero tortuosas sesiones parlamentarias en una suerte de misal umbandista, dicho esto con respeto hacia los orixásenlo.(…) Su misa es sacrificial. Sus intuiciones demiúrgicas valen más que todos los dictámenes de la justicia, aun los más desastrados, y son la suma energética de todos los programas mediáticos destinados a la disolución del pensamiento emancipado.
(…) O ella anexa al macrismo o el macrismo, dificultosamente la anexa a ella. Pero en este juego de confiscaciones mutuas, hace marcar el paso de una escisión en marcha en la sociedad argentina, una tajante división humanamente demoledora entre “puros” y “corruptos”. (…) Así alza su guillotina ambulante en los medios de comunicación y en sus meros complementes institucionales, ante jueces, fiscales o parlamentarios. Por primera vez en la historia nacional, alguien esgrime el venerable concepto de república para hacerlo sanguinario y generar un aparato de vigilancia irracional que todos los días envía al matadero a los que considera despojados de virtud. ¿Y qué es la virtud? Lo que dicta su conciencia unívoca, edificada bajo la forma de un cadalso.”

 

 

 

Partiendo de estos análisis “inspiradores”, desde este blog diremos –sin dar demasiadas pinceladas de belleza lietararia– que Elisa Carrió oficia principalmente como fiscal de la nación con jurisdicción en la moralina metropolitana, y expresa el punto de encuentro más intenso entre el perfil honestista de la ilustración aspiracional de buena parte del nuevo tejido social, con el carácter cada vez más belicoso (y menos republicano) de la democracia mediatizada contemporánea.

 

 

Combatiendo la corrupción desde el gobierno presidido por su antiguo denunciado (Mauricio, que es Macri) o evangelizando con el manual de la libertad arendtiana desde los estudios de tv y/o plataformas del Grupo Clarín, Elisa Carrió es dueña de un magnetismo único (y agresivo) con los sectores medios (y no tan medios), porteños (y no tan porteños), republicanos (y no tan republicanos) que responden a esta alquimia cultural novedosa.

 

El demoliberalismo posmoderno ofrece al votante porteño la confirmación de ver su propia moral en espejo. El electorado de esta ciudad-puerto (mayoritariamente reproductor de agua bendita), de seguir esta deriva nacional donde “todos roban”, se seguirá viendo obligado a apelar siempre a la mesías republicana. De ahí esa voluntad de ser representados por aquella Elisa que denunciaba a los Macri a los gritos desde el parlamento, pero también por esta Elisa que, a pesar de formar parte de Cambiemos, brinda a su electorado la sensación de “auditar desde adentro” a un espacio político que evita el mal mayor para la santa república: la vuelta del kirchnerismo, o peor, del peronismo al gobierno.

 

 

A juzgar por los resultados electorales, esta vez la referente del ARI fué un vector cómodo para el votante porteño, en tanto no lo tensiona ideológicamente con simbología partidaria tradicional. El arca de Noé de Lilita es tan amplia como para contener al macrista, al macrista culposo, al no macrista, y a una buena capa de sectores sociales que giran en torno al las bambalinas del teatro mediático-judicial, para quienes Carrió es la única auditora capacitada para frenar los eventuales “excesos de macrismo explícito” al interior del propio macrismo, y también para “mantener a raya” a ese obstinado peronismo con cara de mujer. 

 

Restauradora del individualismo, la honrosa y pendular biografía política de Carrió recorre amenazante y fecunda todos los espacios que habita. Con un gran rendimiento en las PASO porteñas, y por la gravitación compartida con Maria Eugenia Vidal en el colectivo Cambiemos , nada hace suponer que dicho espacio sea inmune a tal amenaza, que por ahora tolera a cambio de rentabilidad electoral.

 

La estabilidad y supervivencia de Cambiemos dependerá de como sus moderadores de mayor peso (Macri Blanco Villegas y Peña Braun) puedan contener el equilibrio tensional que aparece en el horizonte entre estas dos mujeres de fuerte perfil presidenciable para 2019. Sin embargo, y si bien es muy interesante el llamado a ponernos los anteojos 3D para percibir la naturaleza macrista que se nos escapa, todas estas consideraciones no parten de la voluntad indirecta de “comprarle el féretro” por anticipado al peronismo, puesto que el futuro político macrismo puede decantar en la tristemente célebre alianza.

 

En suma, desde estas líneas intenta sugerirse que Elisa Carrió merece un análisis más minucioso (mucho más que este), y no tanto un rechazo per sé hacia ella, que no es otra cosa que un rechazo hacia las voluntades que representa, electoralmente hablando. Y por otra parte, que el camino del amplisimo espacio nacional-popular no debiera buscar el horizonte con la brújula de la moralina liberal, enemiga de la moral nacional.


 

 


“¡Poné la fecha!”: el tiempismo sindical y las urgencias políticas 


“Cuando te quejás de la CGT no podés reconocer que, nos guste o no, son ellos los que hoy representan a los trabajadores. También caés en el reduccionismo político de equiparar a la CGT con Barrionuevo. Sería como equiparar a los empresarios con Martínez de Hoz. (…) Ser intelectual no significa mostrarse diferente, tal como ser valiente no implica mirar a los demás desde la cima de la montaña (…) creo que vos y yo no pensamos tan diferente, sino que tenés miedo. Miedo de que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. Pero no te olvides que pertenecemos a una generación que siempre creyó en las construcciones colectivas. La individualidad te pondrá en el firmamento pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia. Al fin y al cabo todos somos pasantes de la historia.”

Néstor Kirchner a José Pablo Feinmann

 

No es herejía decir que el tan criticado modelo sindical argentino es un ejemplo imitado pero nunca igualado en el mundo. No es herejía porque resulta consecuente con la evidencia de que el demoliberalismo político no ofrece a la comunidad nacional lo que el movimiento obrero organizado, y vicerversa. Para que el lector pierda por completo esperanzas de objetividad en este escrito, diremos que contra cualquier pataleo, el sindicalismo (con sus matices) es y será el mejor termómetro del estado espiritual del trabajador promedio.

 

 

Sucede que esos “sucios feos y malos Señores Feudales del Sindicalismo tradicional” (también los jacobinos) no representan sujetos comunicacionales, ni electorado susceptible de ser interpelado con campañas publicitarias, representan nada más que a los trabajadores organizados, pero nada menos.

 

 

A diferencia de la política, sometida a la dictadura de la novedad contemporánea que mantiene en estado de neurosis colectiva a sus consumidores más fieles, el modus vivendi sindical no está expuesto a tan nociva radiación, y por eso conserva el oído agudo que -más tarde o más temprano-  lo constituye como vector de las demandas masivas, no atomizadas, más allá de los tiempos de la dimensión política. Quizás por eso sus apesadumbrados pasos hacia el 22 de agosto tienen una correlación más milimétrica que la de la dimensión política con el clima de “la calle”.

 

 

La simetría entre la organización y el estado de ánimo del trabajador que representa, radica en el dato natural de que simplemente, el sindicato convive con el trabajador. No “baja” al ámbito laboral, como quien baja de la universidad al territorio. En la alquimia de esa convivencia directa con los problemas  con el accionar concreto (apresurado o retardatario) y sus consecuencias inmediatas, la organización sindical está menos sometida a las neuróticas necesidades de la teatralización mediatizada de la política. Quizás por eso se dice que las masas se movilizan de manera poderosa a través de la organización sindical, cuyos paros tienen la capacidad de daño de una bomba de hiroshima en materia económica.

 

 

En su barrosa genealogía, la organización sindical venció al tiempo porque tiene algo que otros dispositivos de representación no: tiene cultura política, historia, códigos, y una particular sensibilidad para entender y traducir, sin moralinas bienpensantes, lo que esas muchedumbres que trabajan demandan, aunque esas demandas no siempre sean del gusto de nuestros ilustrados compañeros más esclarecidos.

 

 

Si esto es así, puede que entonces esa suerte de “punitivismo cultural” aplicable a muchas cosas (también para con el “tiempismo” de ciertas dirigencias sindicales), no tenga en cuenta un importante factor: una falta de clamor popular por reemplazar al macrismo, y  no esté directamente asociada con la tan fácilmente atribuida “funcionalidad” de la organización hacia el gobierno oligárquico en ejercicio. Pero es una hipótesis, claro está.

 

 

En tiempos de macrismo, más precisamente en marzo de 2017, una marea de cerca de 500mil trabajadores y trabajadoras nos nucleamos en unidad (que todavía hoy es mucho más que poco) para demandas concretas. Sin embargo ese punitivismo cultural no ahorró en intentos por reducir semejante hecho político a un incidente mediatizado por los mismos grupos que TODOS nosotros decimos combatir. Haciéndole honor a la cita inicial, una buena analogía sería la de sugerir que reducir la movilizaciónal al incidente de la urna es proporcional a reducir 12 años de kirchnerismo a los bolsos de José López, guiñándole un ojo al simpatiquísimo Santiago Del Moro.

 

 

Aunque no hay chocolate por la noticia,  el ataque a la estructura sindical es transversal e intenso desde el 10 de diciembre de 2015. En este sentido es válida también la hipótesis de que la expectativa/esperanza sobre un “cambio de rumbo” de parte del gobierno macrista, parece más el sueño perimido de la ingenuidad tilinga cooptada por la filosofía mediática o la excusa indiferente de meros “administradores” distanciados de la realidad, que una lectura de dirigientes con importante representación política. Pero el “tiempismo” es un arte que se aprende en la conducción de masas, y no necesariamente en las necesidades de un simple escrito como este o como otros.

 

 

Es en este sentido en el que no todo es tan lineal en el ecosistema político argento,  porque el flagelo del anticegetismo -etapa superior del antisindicalismo- no sólo esconsecuencia de la incomprensión o de la radiación del pornoshow periodístico, sino del propio accionar de algunos dirigentes que le dan de comer a ese diletante progresismo pequeño-burgués.

 

 

Entonces, cuando (en el mejor de los casos) se diagnostica por derecha o izquierda de que  hay crisis de representatividad en el sindicalismo,habría que anoticiarse de que si bien formamos parte de una comunidad integral (y no tan integrada), cada estructura debe resolverla por sí misma. En el caso de los sindicatos, se resuelve entre dirigencia y afiliados, y sanseacabó. 


Lo que no resulta para nada útil es utilizar este tipo de diagnósticos sesgados para una gerra de trincheras entre esa única clase de hombres y mujeres (las y los que trabajan) en la urgente coyuntura.

 

La CGT, los sindicatos en general, con su gloria y su barro son la única muestra tangible de que la organización vence al tiempo, a pesar de los errores que puedan cometer sus dirigentes, como los cometen los dirigentes políticos, y la raza humana en general. Sería un desatino que un día nosostros nos despertemos con el diario del lunes, enterándonos de que participando compulsivamente del happy Hour de la crítica al sindicalismo, estamos dándole una manito bastante grande a nuestros verdugos históricos: los dirigentes de la oligarquía.

Como es largamente evidente, los caracteres aquí volcados no tienen pretensión de ninguna objetividad ilustrada, sino apenas la inquietud relativa de un simple militante al que, como a otros, también le preocupa que estemos fanatizados con el deporte del codazo, esperando el error del compañero, pero nunca construyendo más que un charlatán diagnóstico pesimista sobre los hechos, que solo alimenta nuestros egos indignados que nos lleva a regodearnos en lo negativo, y pasamos a militar indirectamente el proyecto del enemigo, que es derrotarnos políticamente, culturalmente, y sobre todo, espiritualmente.

 

 

Hoy me hacía varias preguntas: ¿No podemos imaginar siquiera que fuera de las minorías intensas hiperpolitizadas de nuestra fauna de “orgas” y especies varias, existe un pueblo que consume 15 minutos diarios de tv e información completamente desjerarquizada y agobiante? .

¿Será que algunos se resignaron a naturalizar las construcciones mediáticas y a generar sentido común en lugar de concientizar y promover el pensamiento crítico?, ¿será que no tenemos voluntad real de salir de ese sentido común arrogante, infalible, que vomita su desprecio sobre todas las demás fuerzas políticas y organizaciones del campo popular, que son por definición las que se equivocan, las que tienen falencias, las que están condenadas, etc.?

 

¿Ya nos las sabemos todas, y somos especialistas en buscar culpables, incluso de “delitos” que sólo tienen sentencia firme en un medio de comunicación?. Quizás nuestro edipo con “los (y las) culpables” es un edipo nocivo. Quizás no seamos tan infalibles como pensamos, y quizás nuestras buenas intenciones y decorosos razonamientos no nos inmunicen de la radiación mediática que paraliza y confunde en un berenjenal insondable donde todo está revuelto desde hace bastante tiempo. Todos estamos sometidos a ese fenómeno, en tanto hecho social.

Si el peronismo es de arena, como observa el lúcido artista (y autor de la portada de este escrito) Daniel Santoro, entonces no se pueden trazar límites, y sería muy fecundo para el tiempo presente no forzarlos, cuando se necesita una aglomeración de todos los componentes nacionales, especialmente de los sindicatos, para enfrentar tiempos en los que, se ganen o no las elecciones, la cosas se pondrán muy difíciles.

Humildemente y en agradecimiento a quienes siguieron atentamente estas líneas, hay dos sugerencias para todos los militantes políticos y sindicales que intenten bregar la unidad por sobre cualquier diferencia secundaria; dos tentaciones que debemos evitar de cara a los tiempos que vienen:

 

1) confundir (y fundir) críticas a dirigentes con críticas a la organización.

 

2) pedirle a la estructura sindical que haga lo que no puede hacer la estructura política.

 

Si no hay respeto por el sindicalismo, que no haya nada entonces.

Octubre a contrareloj: el desafío de la unidad posible 

“En Buenos Aires había quienes consideraban cisplatinos a los orientales. Eran los unitarios, porque los unitarios, como su nombre lo indica, son partidarios de la unión, como las viudas, que les dicen a los hijitos después del entierro: “Ahora que somos menos vamos a estar más unidos”. Y enseguida se ponen a buscarles un padrastro. 

Los unitarios tenían, además de las razones inglesas, las propias para desear que los orientales fueran extranjeros: más que razones propias, razones de casa propia, como se vio después con las dos “tiranías sangrientas”.

Arturo Jauretche – Zoncera n°6 “Un algodón entre dos cristales” (fragmento)



Con o sin resultados finales, el desglose de las estrategias tanto de Unidad Ciudadana,  de 1Pais, como de Cumplir es fundamental para evaluar las posibilidades de una tan potencial como urgente unidad, que evite la consolidación de un proyecto oligárquico sostenido en votos en octubre.

 

Cumplir



Una primera aproximación al por qué del mal desempeño electoral de Cumplir, debe tomar en cuenta el innegable apoyo del Grupo Clarín a su candidatura,  que lo condenó a protagonizar el guión habitual con el que opera  en el juego político nacional, capitalizando las tensiones entre el ex ministro y Cristina acumuladas desde 2015.

 

El menú mediático presentó así una contraposición entre el perfil “honestista, autocrítico y de gestión transparente” del ex ministro, contra la imagen del “pasado corrupto y acrítico” de la ex presidenta. El análisis de sus propias intervenciones públicas por un lado, y de las expresiones de deseo de las editoriales por el otro, puede dar más puntos de apoyo para el desglose de como se fué complejizando la estrategia del candidato en la encrucijada comunicacional.

 

Hace unos semanas, el diario La Nación señaló textualmente que “Florencio Randazzo pidió “perdón” y dijo que el memorándum con Irán “fue un error”. Se sabe que todo el espectro de poder que apoya al oficialismo actual presentó un pujante desacuerdo en esta materia con la política internacional del kirchnerismo. Siendo que la única política es la internacional, podría sugerirse que este tajante posicionamiento del ex ministro obedeció al de alguien que representa electoralmente un espacio que no conduce.

 

Las innumerables notas y editoriales de los medios concentrados angelan la candidatura de Randazzo. En una nota titulada “Se cocina la muerte política de la ex presidente” el columnista de La Nación Fernando Laborda es explícito en la definición del objetivo (de los medios concentrados, no necesariamente del propio Randazzo) : “Aun no llegando al podio reservado para los tres primeros, Randazzo podrá haber realizado, con su sola presentación electoral, una contribución histórica para la muerte política de Cristina”.

 

El punto es si ante la realidad efectiva de las urnas el animal político que habita en el candidato oriundo de Chivilcoy todavía cree (o alguna vez creyó) que existe una vacancia en el clivaje bonaerense para el “Randazzismo”(etapa superior del divisionismo). El 6 porciento de los votos parecen indicar que para el electorado, fué mejor Massa conocido, que Massa por conocer.

 

Tanto Florencio Randazzo como su base  militante deberán definir, ya con el diario del lunes, si siguen usando la misma brújula que los llevó a unos magros 6 puntos, o se dan la posibilidad de probar una nueva.



1País 



La incorporación de la Sra. Stolbizer al valioso grupo de cuadros peronistas de 1País, consolidó la tónica del espacio respecto de su aggiornamiento mediático , pasando del antikirchnerismo moderado (sobre el que ya tenía cierto margen de representación) al antikirchnerismo más volcánico, arraigado en el núcleo duro electoral de Cambiemos, que el tigrense no quiso dejar vacante para su eventual competidor de Chivilcoy.

 

  • En este contexto, el candidato de Cumplir, debió adoptar una estrategia cada vez más atada al antikirchnerismo de lo que supuso para captar votantes volátiles de ese núcleo cambiemita, y no fué tan prolijo a la hora de hacerlo. Juan Abal Medina,  principal vocero de esta estrategia,  se paseó por lo medios de comunicación ofreciendo declaraciones del tipo “el bloque del FPV se rompió por diferencias en torno a la corrupción” y demás adhesiones al discurso estratégico del oficialismo mediático.

 

En este sentido -como bien señala Jorge Asis-  se expresa la encrucijada en la que se encuentra parte de la fauna política: una cosa es ser un candidato apoyado por el medio, y otra ser el candidato DEL medio, rol que ya ha elegido Mauricio Macri.

 

Unidad Ciudadana



Con votos todavía secuestrados, y víctima principal de una mala estrategia del oficialismo en materia de comunicación (a la que se hizo referencia en este artículo), la fuerza liderada por CFK (que fué acosada judicialmente para no liderar) cosechó menos votos que en 2015, pero se consolidó como el espacio del peronismo bonaerense con mayor capacidad de interpelación al electorado.

 

“Cristina se fué del peronismo”, fue la repetida muletilla con la que referentes y militantes de otros espacios calificaron la fundación del nuevo instrumento electoral liderado por la ex presidenta. En el personal y humilde criterio de este escriba, Cristina simplemente no cometió el error confundir la identidad política del peronismo con la fechitización de su tradicional instrumento electoral (PJ) y pudo adaptar al peronismo a las nuevas estéticas de comunicación.

 

Si bien optó por modificar su esquema comunicacional, siguió orientando sus lealtades a lo #cumplido por el gobierno anterior, y no tanto a #cumplir las promesas del macrismo. Con la premisa que delineó en su discurso en ATE, de que “la unidad no va a venir por el lado de la ideología, sino por el lado de representar los intereses agredidos”, Cristina fue a buscar los votos de ese sector al que representó muy bien en los Spots, pero al que todavía no ha logrado efectivamente sumar a su base electoral.

 

Formas y contenido, contenido y formas convergen tácticamente cuando la representación política se expresa en las urnas, y dentro de un balcanizado peronismo, la propuesta liderada por Cristina obtuvo más votos que las demás.

 

La estética “ciudadana” fué la apuesta de  para apelar al carácter aspiracional del electorado bonaerense, carácter con el que el macrismo trabaja desde hace tiempo. A través de un nuevo dispositivo estético Unidad Ciudadana puso en juego su capacidad de representar electoralmente a un sujeto político de carne y hueso, no sólo a un sujeto comunicacional.

 

La elocuencia con la realidad, de la que carecieron las otras dos propuestas, fué uno de los factores importantes (aunque no suficientes) para definir la estrategia de unidad ciudadana como la más eficaz de las tres.

 

Cuando un espacio político pierde su capacidad de representar, la colonización mediática de su agenda debiera ser un factor a revisar.

 

EL DESAFÍO DE LA UNIDAD POSIBLE

 

De cara a octubre, la unidad posible  deberá basarse en una alquimia que pondrá a prueba el grado de maduración  de la cultura política del peronismo contemporáneo.

La “pelea por la lapicera” deberá darse asumiendo que una lista se arma construyendo un fino (y personal) equilibrio entre lealtad y representatividad. El punto es que esos dos vectores van unidos en el liderazgo de Cristina (aunque no le alcance con los votos cosechados para ganarle a cambiemos en octubre) , que además, como bien observara Durán Barba, se “reinventa”.

 

Es probable que la agresiva estrategia mediático-judicial haya fidelizado aún más al electorado de la ex presidenta, sobre todo porque la fuga de votos se dió mucho más pronunciadamente en otros sectores.

 

A su vez, los magros resultados obtenidos por las otras 2 fuerzas, pueden explicarse no tanto por la falta de carisma de sus líderes como por el grado de colonizacion mediática de su agenda.

 

No obstante, Cristina tiene un doble desafío: por un lado deberá reinventar su estrategia de aproximación hacia las antillas peronistas que pueden sumarle volúmen electoral, y por el otro seguir intentando convencer a sectores progresistas  de su espacio de no abonar a un Neofrepasismo, pues queda claro que “sólo con los mejores no alcanza“, porque la política consiste más en tener éxito, que en tener razón.

 

Habrá que superar heridas, broncas, y tensiones que se fueron generando. El interrogante sólo podrá resolverse fuera de la tinta derramada y los caracteres que tanto abundan esto días.

 

EPÍLOGO

 

Como versava un no tan viejo eslogan de campaña, “en la vida hay que elegir”; el peronismo, también debe elegir, y ciertos espacios que lo componen se enfrentan a la encrucijada que involucra menos a su dirigencia que al futuro del conjunto del pueblo.

 

Históricamente, el massismo no se ha mostrado susceptible de alianzas tácticas con el kirchnerismo, a cuya oposición debe su identidad política más que a la oposición al macrismo. Está claro que desde el espacio conducido por CFK, el voto no se puede ir a buscar al núcleo duro cambiemista del 34%. Es entonces cuando aparece el factor Randazzo, que se verá en el dilema de :
a) “Subirle el precio” a sus 6 puntos de espaldas a la unidad urgente que debiera trascender cualquier espíritu mezquino.
b) Confirmar que su parábola manifiesta era ser al peronismo lo que Uruguay a la Banda Oriental del Río de la Plata , “un algodón entre dos cristales”, como sugiere la cita inicial.
c) Plegarse a una estrategia de unidad con CFK.

 

“The strategy of indirect approach”(La estrategia de aproximación indirecta) del Capitán Basil Henry Liddell Hart, es el legendario Manual de Estrategia de dicho militar británico, y uno de los libros de cabecera del Papa Francisco. Una de las ideas sugerentes de la obra para toda la dirigencia Peronista es que “cuanto más se intenta aparentar imponer una paz totalmente propia, mediante la conquista, mayores son los obstáculos que surgirán por el camino.”.

 

El dilema de hierro de construir un peronismo con vocación de gobierno, o entregarlo al “laissez faire” de la balcanización, presupone la necesidad de distinguir la premisa peronista de Mao: distinguir contradicciones primarias de secundarias. Si la dirigencia no presenta una actitud acorde a los acontecimientos, tendremos un peronismo dividido en quintas, con más vocación de oposicion (es) eterna (s) que de volver al gobierno.

 

En suma, a nadie le conviene un peronismo de las ausencias – parafraseando a Macedonio Fernández- que concurra completamente fragmentado a las urnas, con espíritu alegre para una fiesta donde habrá tantos ausentes, que si faltase otro más no tendrá sitio.

El arte de gritar: peronismo, socialdemocracia y neofrepasistas

“El poder del peronismo radicó, en definitiva, en su capacidad para dar expresión pública a lo que hasta entonces solo había sido internalizado, vivido como una experiencia privada. Así lo señala Pierre Bourdieu:

Las experiencias privadas pasan nada menos que por un cambio de estado cuando se reconocen a sí mismas en la objetividad pública de un discurso ya constituido, signo objetivo de su derecho a que se hable de ellas y a que se hable públicamente. “Las palabras”, dice Sartre, “hacen estragos cuando encuentran un nombre para lo que hasta entonces ha vivido innominado” 

Daniel James  en “Resistencia e integración: el peronismo y las clases trabajadoras argentinas” (fragmento)

El debate subyacente entre peronismo y socialdemocracia progresista al que se hizo mención en este otro escrito, permanece inalterable por necesidad y su intensidad va in crescendo a días de las PASO porteñas. Sucede que otra vez la liturgia se apodera de los debates de toda la fauna militante de la ciudad-puerto, pero no a través de tarjetas amarillas ni de Spots de campaña que emulan series de Netflix, sino de la obstinación de la campaña “políticamente incorrecta y piantavotos” en la prédica de Guillermo Moreno; hasta hace un mes, “una expresión marginal”.

Parece que el guiso se pone espeso, y la fibra sensible de la porteñidad politizada se canaliza no tanto en encuestas pagas, sino en el boca en boca intramilitancia, el comentario sobre corte de boleta entre compañeros de trabajo, los ataques permanentes de Clarín/La Nación/Infobae, ataque mancomunado con el de escribas progresistas hacia el candidato de Honestidad y Coraje.

Los nervios existen pero tienen que encontrarte militando, diría un politizado Einstein. Sin embargo, a ciertos sectores de nuestro espacio los encuentra utilizando la poco loable receta de utilizar dos productos de la góndola mediática: críticas al Indec + pedido desesperado de desafuero de Menem (aquí un escrito sobre el tema).

Nada lograríamos en reiterar que la justicia ha aprobado ya en segunda instancia la metodología de medición del polémico Indec de Moreno. Menos lograríamos con reiterar que el tema Menem es el árbol que tapa el bosque del plan Cóndor judicial que VIENE POR CRISTINA. ¿Y por qué nada lograríamos?, la respuesta es más obvia que pesimista: porque cuando el peronismo señala el sol, el progresismo mira el dedo.

Evidentemente el despertar matinal con agua fría en la espalda choca con el modus viviendi que acostumbró a la socialdemocracia progresista a la comodidad de la convivencia democrática light con otros partidos/espacios también lights, que molestan al macrismo tanto como un bulldog francés a una pantera.

El peronismo se transforma en hecho maldito cuando empieza nominar, a gritar, porque cala en la fibra sensible a la que la cultura libresca biencomida y bienpensante no puede acceder. Dado esto, un respetado intelectual progresista con más interés en confundir que esclarecer se preguntaba, perdón, afirmaba:

“Guillermo Moreno defiende a Menem. Menem es Macri. Pero peor. Logró muchas más cosas para el capital financiero y para el olvido del terrorismo de Estado. Vaya uno a saber soldado de quién puede ser Moreno.”

Hay varias hipótesis a esgrimir sobre la postura del autor, sobre todo porque expresa un conjunto aunado de falacias repetidas por derecha y por izquierda que intentan mansillar. Ahora bien: claramente es intolerable tomar un té verde o comer una ensalada de palta viendo permanentemente a un hombre de bigotes fachistoides que grita por tv y además es de “dudosa lealtad” según ciertos sectores de nuestro espacio. Grita en Papel Prensa, en la cara de esbirros millonarios que un tal Héctor Magnetto, dueño de la principal empresa mediática del país, financiada a su vez por el pulpo financiero Goldman Sachs, estaba manchado en sangre y que Papel Prensa había sido “negociada” en la sala de tortura. Gritando cuidaba la mesa de los argentinos y advertía a CFK sobre el rol balcanizador de Alberto Fernández, que dió o paso a la mesa de enlace oligárquica en la 125. Gritando que nuestro país tenia soberanía satelital con Arsat. Gritando para cuidar la mesa y el bolsillo de nuestros compatriotas. Gritando que era un soldado del proyecto nacional conducido hoy por Cristina Fernández de Kirchner a escala nacional. Gritando innumerables etcéteras desde la lealtad efectiva, no desde las sugerencias sesudas sobre la lealtad.

Entonces la pregunta no es por quien grita, sino ¿que hacían los que no gritaban además de estar aturdidos por el griton de Moreno?

¿Acaso esos soldados bien parasitaban en el ecosistema del homo academicus y reproducían las discusiones epidérmicas del pasillo universitario?  Es cierto, pelear por defender el plato de comida que la oligarquía (concepto que para ideologistas modernos ha de ser “anacrónico “) le quería encarecer al pueblo, no tiene el mismo encanto que reproducir la endogamia del pasillo universitario donde la palabra sólo ocupa el lugar de la ilustración sin riesgos.

Es que el Neofrepasismo y su cultura del desmarque están bien presentes en el  diagnóstico situacional del progresismo socialdemócrata, mucho más que la inminencia del Plan Cóndor judicial. Por eso se empecinan más en balcanizar el espacio con moralina que en discutir lo que hay que discutir.

Los escribas socialdemócratas debieran, por la salud del frente que todos compartiremos la próxima semana, dejar de querer contribuir al frepasismo chiquito de “los mejores” y dejar de usar a Cristina como escudo de todas sus agachadas discursivas. A su vez, hemos dicho que la vacancia de fiscal acusadora con jurisdicción en la moralina que esconde al verdadera moral nacional ya la usufructa la Sra Carrió ¿Por qué comportarnos como Carrió, entonces?

Hablando de radicales “Si la sociedad se hubiese derechizado, lo que la UCR debe hacer es prepararse para PERDER elecciones” decía el bueno de Raúl Alfonsin, que tal vez nunca imaginó la política como la vocación desmedida por expresar una minoría intensa (otra más de todas las que ya somos) , aspiracional, pura y moralista que reviviese otro Neofrepasismo tardío que abone a una balcanizacion serial, donde una cofradía progresista pasa mates  entre “los mejores del radicalismo” y “los mejores del peronismo”, quizás en “plazas de pueblo”, ahí al solicito, en Parque Centenario, diciendo que la sociedad argentina es estúpida, no comprende el proyecto y criticando al trotskismo por “vanguardismo elitista”.

Si vamos a construir un frente para enfrentar al macrismo porteño –que expresa el ideario de la oligarquía de todos los tiempos– es mejor que lo hagamos sin disfraces, codazos ni agachadas, con los sindicatos y las fuerzas políticas que se sientan interpeladas por el anchisimo espacio nacional-popular.

Desde el peronismo se entiende que no se combate a la oligarquía atacando compañeros por diferencias tácticas. Es algo que el progresismo debiera aprender. Si vamos a declamar lealtades, es mejor que salgamos de la pose groupie, y aprendamos que pegándole a los MILITANTES sólidos, que nunca tuvieron miedo a “los carpetazos”, no hacemos más que contribuir al berenjenal mediático hegemónico que solo quiere a Cristina presa, y a su base, que somos TODOS NOSOTROS (peronistas, progresistas, etc), dividida.

En el corto plazo el que gana conduce, el que pierde acompaña, pero siempre es mejor recordar la premisa fundamental de largo plazo: unidos o dominados.

Peronismo: el hecho maldito en la interna con la socialdemocracia porteña 

“Pasar junto a la realidad con los ojos cerrados es una modalidad intelectual característica de la educación impuesta a los pueblos coloniales por los pueblos dominadores. Un conjunto de palabras de embeleco y de doctrinas aparentemente generosas suplanta a la cruda y siempre revuelta consideración y examen de los hechos de la vida real.

Las doctrinas, las teorías y las bellas palabras sazonadas con el ingenio o el sacrificio de otros revisten a nuestro pensamiento de un oropel fácil de adquirir y del que es duro desprenderse. Por otra parte las ideas y conclusiones que se extraen del estudio directo de la realidad pueden llegar a ser de una simpleza desconsoladora. Con frecuencia, tras un largo rumiar hechos y examinar circunstancias, terminamos redescubriendo el paraguas. No nos desalentemos, sin embargo, por eso. Ese paraguas será un instrumento nuestro, tosco, quizá, pero enteramente adecuado a nuestras necesidades. Por lo menos ese paraguas no encerrará una traición.” – Raúl Scalabrini Ortíz

Este no es un análisis “objetivo”, como ninguno lo es, sino más bien un manifiesto argumentado de por qué las PASO porteñas son el vector democrático de un debate necesario y subyacente: el debate entre el peronismo y la socialdemocracia progresista.

El diario la Nación ya habla de Moreno como “socio incómodo de Filmus”. Pero claro, irremediablemente es el diario La Nación . Sin embargo, vale refrescar las declaraciones del propio Filmus en ese reciente y extenso reportaje, que no tuvo preguntas ni respuestas al azar.

Más abajo, algunos fragmentos:

El Presidente dijo que si gana el oficialismo van a insistir en la expulsión de De Vido. ¿Usted cómo votaría?

-En 2013 fui el único senador que pidió el desafuero de Menem, pero no tuve resultados porque el desafuero lo tiene que pedir la Justicia.

Respecto de Moreno, agrega:

Después de las PASO puede que comparta lista con Guillermo Moreno. ¿Le molesta?

-Nosotros, para tener nuestra propia mirada, no hicimos la lista con Moreno. Competimos con él en las PASO y aspiramos a ganar para tener nuestra propia lista.

-¿Qué mirada tiene de la intervención del Indec?

-He sido crítico, por eso no compartimos la lista. 

Ahora bien, en marzo de este año la Justicia en lo Contencioso Administrativo Federal avaló por segunda vez las mediciones de inflación que realizó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC),  y al “polémico” secretario con el que el candidato progresista tiene diferencias en torno a esta cuestión.

Se puede afirmar sin miedo a errar que, por lo menos, la displiscencia del discurso socialdemócrata dentro del espacio nacional-popular de CABA y su nivel de sumisión mediática para con temas centrales como el INDEC (con fallo favorable de la justicia), debe convocar a los peronistas de todos los rincones porteños a discutir desde su propia identidad, sin disfraz, sin agachadas discursivas, los valores profundos que interpelan (o debieran interpelar) al conjunto de los que nos declaramos militantes por la causa del pueblo.

El argumento moderno-realpolitik del tipo “hay que dejar de hablar de Clarín porque nos resta”, nos condena a tener una acotada comprensión táctica del proceso electoral que licua nuestra identidad política y nos pone en una góndola de supermercado, como “una oferta más” que pasó el control de calidad mediático-judicial y “está en condiciones” de participar del demoliberalismo que encubre el saqueo. A su vez, adoptar esta postura impregnada de un realismo más mediático que político nos sigue mostrando sordos ante la prédica del Papa, y ciegos ante la avanzada del poder concentrado continental.

Lamentablemtente, hoy la política argentina vive sumida en la idea de que “ser honesto” significa ser un dirigente o candidato que nunca enfrentó al poder real. Este tamiz lo aporta el termómetro de honestismo vía poder mediático-judicial. El vector que traduce el grado de moralidad es manipulado por los mismos que los “modernos” aconsejan no seguir señalando.

Está todo muy licuado. Es parte del liberalismo posmoderno. Por eso, todo aquel que se aferre a conceptos definidos, concretos, que hable desde una DOCTRINA PROPIA Y NUESTROAMERICANA , con conceptos claros, es alguien “duro”, en el sentido de peligroso o anticuado, como gráficamente le señalara el periodista deportivo y moderador de opinión Alejandro Fantino a Guillermo Moreno, cuando este último hablaba de oligarquía: “¡¡Guillermo atrasás!!”.

Es que el negocio de la oligarquía es que todo permanezca licuado, y que la idea de silencio sobre cuestiones “que atrasan” se logre imponer en todos los actores políticos que -por acción u omisión- contribuyen a la teatralización mediatizada de la política. En ese teatro a ciegas, el ciudadano/trabajador/votante no sabe quién le aumenta los precios, quien es el responsable de la seguridad, del desempleo, etc. En ese berenjenal de confusión, todo es tan complejo para nuestra fauna de cráneos que nadie lo entiende pero todos lo problematizan. Sobre esta última fatalidad cultural se erijen los programas de “debate”, de los que hablaremos, quizás, en otro escrito.

En ese torrente de sobreinformación compulsiva y desjerarquizada ingresa la discusión política, ya no para orientar el sentido, sino para resquebrajarse en ese convite mediático donde la persona política es evaluada por sus características personales y no por su actuación política.

Si la política oficia solo de ingrediente pseudo-polemista, se desjerarquiza y se transforma en teatralización vacía y pose mediática, y la representatividad propia de la dimensión política corre el riesgo de ser transplantada, desde la política hacia los medios, y de los medios a quien los controla.

Entonces, ¿qué sucede cuando alguien irrumpe en la escena y llega para disputar sentido con un lenguaje claro, sin muchas esdrújulas, y con profunda solidez argumental? Cuando llega alguien que empieza a develar la confusión planificada con conceptos simples la oligarquía se asusta y por ósmosis cultural la misma oligarquía se encarga de asustar hasta al verdulero de tu barrio, y así ad eternum, hasta obturar cualquier reflexión sobre los problemas centrales que enfrentamos como pueblo.

El debate en las PASO de la Capital Federal es (en esta instancia) con esa socialdemocracia, dentro de un frente común con otras fuerzas con el suficiente volúmen para construir una resistencia mancomunada a la consolidación del proyecto de miseria planificada del macrismo. En este sentido es que para tener voz propia y participar de una táctica frentista, es fundamental que los peronistas votemos peronismo, para discutir sin disfrazarnos de lo que no somos, como quizás se hace en otros espacios.

Humildemente, muchos entendemos que la tarea es predicar orgullosamente desde la propia identidad, sin sectarismos, pero sabiendo que es impostergable dar el debate al interior de nuestro espacio a través del legado doctrinario para volver a poner la discusión política nacional en un terreno de claridad para nuestros compatriotas. Esto es: clarificar y dotar de perspectiva a nuestro pueblo sobre el histórico dilema de hierro de nuestra nación que presenta dos modelos de país reales –como lo entendió el peronismo de todas las épocas, también el de Néstor y Cristina– no entre 4 o 5 ficticios.

 

El Factor Taiana

“Jorge Taiana tiene que ser el tercer senador de la provincia de Buenos Aires, porque tiene toda una trayectoria que lo respalda, y piensa lo mismo que nosotros en materia de trabajo e industria nacional. De joven sus compañeros ya lo llamaban canciller por su capacidad de articular y consensuar. Quizás deberíamos aprender de Jorge.”

Cristina Fernandez de Kirchner en Florencio Varela

 
Con un breve pasaje para Florencio Randazzo, a quien indirectamente situó (¿o tal vez fué el propio Randazzo?) en el lugar de mero declamador de consignas peronistas que no termina practicando, nuevamente el foco del discurso de Cristina Fernandez de Kirchner estuvo puesto en el contraste vivencial del ciudadano, manifiesto, según la ex mandataria, en la mención del “quiero volver a tener los problemas que tenía cuando iba al trabajo”, contra “el modelo que le desorganizó la vida a la gente en base a incertidumbre”.

 

Por su parte, en actitud abiertamente permeable a la unidad posible de cara a octubre, dejó constancia concreta de su agradecimiento “a los dirigentes sindicales que han entendido la delicada coyuntura. También al presidente del Partido Justicialista, y la carta abierta a los compañeros y compañeras peronistas. Miren que he discutido muchas veces, pero hay momentos, amigos, compañeros, compañeras, sobre todo ahora en esta elección parlamentaria, que es necesario deponer diferencias, ¿saben por que? Porque después de las elecciones de octubre se viene el gran ajuste. Lo saben todos. Se anuncia en los diarios.”

Poniendo el acento en la desaparición forzada de Santiago Maldonado, señaló: “seguimos preguntando por un ciudadano que no aparece. He sido preseidenta 8 años. Un presidente es la voz que esperan los ciudadanos, se lo haya votado o no.”

 

Pero lo que este escriba quiere rescatar del discurso que la candidata de Unidad Ciudadana pronunció hoy, es el énfasis (lógico) que puso en la figura de Jorge Taiana. En este sentido, se transcribe textualmente lo señalado en este blog el 31 de agosto:

 

En lo estrictamente electoral, es cierto que las tendencias estructurales de voto no han variado desde 2011. Es cierto que este resultado en las PASO bonaerenses no alcanza para proyectarse ni a octubre ni a 2019 con una expectativa tranquilizadora, pero tampoco alcanzan para que muchos reincidan -desde el domingo 13 de agosto a las 21hs- en el viejo y peludo deporte autoinflingido de la gambeta autocrítica (mal entendida), esperando que algún día dé vaya a saber qué resultados.

 

La autocrítica bien entendida es la transitada por Jorge Taiana, cuya coherente conducta política, personifica un horizonte de lo posible. En un reciente reportaje del Diario La Nación, ha señalado:

 

-Cristina propone hablar del presente. ¿No debería empezar por una autocrítica?

La autocrítica no pasa por decir qué se hizo mal. Se trata de mostrar que uno ha cambiado y dar cuenta de las nuevas realidades. La presentación de Unidad Ciudadana, la preocupación por representar a distintos sectores y la reflexión sobre la relación entre ciudadanos y partidos tradicionales muestran esa capacidad de reflexionar.

(…)- ¿No deberían hacer una autocrítica sobre la corrupción?

Centrar el tema en el pasado es esconder un poco el presente. Tenemos un presidente que asumió procesado y fue absuelto a los pocos días. La semana pasada la Cámara cerró la causa Arribas, un escándalo extraordinario. Hay temas del presente que están gritando que se los considere: el caso del Correo, Avianca, los Panamá Papers.

El año pasado usted dijo que el gobierno de Cristina “empezó con un 54%, perdió aliados, se peleó con los sectores medios, parte del movimiento obrero y se encapsuló bastante”.

Por encima de las diferencias que tengamos sobre el pasado, existe una convicción profunda de que sólo la unidad de la mayoría de los argentinos y sobre todo de los sectores más humildes permite evitar que el gobierno de Macri siga avasallando derechos y afectando el tejido social y productivo. Estas elecciones son importantísimas, porque el Gobierno busca relegitimar el mandato de 2015, para avanzar con más poder sobre una serie de derechos.

 

 

Pasada la autocritica, y dada la situación que pone a Unidad Ciudadana en la urgencia de atraer  los votos que faltan, diremos que esos votos no son los de Cristina, cuyo electorado talibán es un capital político invaluable en tiempos de volatilidad electoral. Los votos que faltan son  los de Unidad Ciudadana en su conjunto, es decir, aquellos que el magnetismo de la ex presidenta  no logra atraer, pero que sí podría atraer la figura de Taiana, insospechado de “fanatismos melancólicos”, y cuyas probadas cualidades y trayectoria lo ubican como un “gentleman político” a nivel electoral.

En lo inmediato, quizás el propio concepto de elecciones de medio término nos rescate de sobreestimaciones y subestimaciones, y nos invite a pensar que se requieren análisis también de medio término, y no apresuradas conclusiones sobre el mediano y largo plazo.  La unidad del peronismo, de momento es una urgencia que en el presente cobra, naturalmente, la forma de entelequia más declamada que efectivamente lograda. El horizonte de mediano plazo dependerá de la capacidad que tengan las dirigencias (y las militancias) para trazar acuerdos elementales por sobre diferencias secundarias, y cuyo eje sea construir una nueva mayoría con peso en el parlamento y con fuerza en la calle. En definitiva, la cuestión está en la disyuntiva de: o parasitar como “los partidos del No” (no a Macri, No a Cristina), o de construir una opción con verdadera vocación opositora a mediano plazo, pero también con auténtica vocación de gobierno a largo plazo.

 

Si bien el “Factor Taiana” puede  ser importante (o no) para traccionar los votos que faltan, diremos que la puesta en valor del ex canciller que hizo CFK, sumada a la reafirmación de la voluntad de un diálogo público, la reciprocidad para con el gesto de dirigentes sindicales y del presidente del PJ, confirma (a nuestro juicio) la sensata lectura del escenario que está realizando la ex mandataria, de cara a octubre, pero también a 2019.

​Cartas Abiertas

Ilustración: “Carta abierta a la oposición” 

 Técnica: Óleo sobre tela.


Teniendo en cuenta las elecciones presidenciales que se aproximaban para febrero de 1958, Cooke señaló entre sus conclusiones:

“(…) La masa es peronista. Una parte de ella, sin embargo puede ser arrastrada a posiciones antiperonistas mediante maniobras que se presenten como ortodoxamente peronistas”.
“(…) La Tiranía fomentará la formación de partidos peronistas que nos dividan. Tras el espejismo del partido propio, la ´línea blanda´ arrastrará a muchos peronistas de buena fe”.
“(…) Se ha producido, como consecuencia, un resurgimiento de los caudillos que, cortejados por los partidos tradicionales, trafican los futuros votos de nuestra masa, a la que inducirán en engaño presentándole como consignas peronistas las que responden a sus propios intereses”.
“(…) De aquí a febrero, la presión y propaganda sobre el peronismo serán muy intensos, tanto por parte del gobierno ´de facto´ como del frondicismo y ´neo-peronismo´.
“(…) La oligarquía presenta un frente unido, dirigido por hombres expertos e inteligentes que cuentan con todos los resortes del Estado y de toda la propaganda nacional e internacional. Mientras nuestro frente no sea igualmente monolítico, estaremos incapacitados para una batalla decisiva”.

Correspondencia Perón-Cooke. Tomo I. Carta de John William Cooke a Juan Perón. 28 de agosto de 1957. Granica Editor. Bs. As. 1973.

Extraído del blog “El presente de la historia”, de Araceli Bellota. 



Entre huracanados anuncios de humo, circuló una “carta abierta” de Cristina Fernández de Kirchner, cuyo contenido y tónica nada tuvieron que ver con el tremendismo de quien intenta ganarse el pan haciendo algo parecido al periodismo. 

Sergio Massa respondió predeciblemente, y apeló al discurso antikirchnerista que ha caracterizado su retórica desde aquella balcanización del “yo termine con el Cristina Eterna”. Posteriormente, se conoció la “carta” de Florencio Randazzo en respuesta a la ex presidenta. 

En definitiva, dada la –ya inocultable– asimetría política entre los involucrados en el intercambio , la muy declamada y poco buscada unidad de cara a octubre va diluyendose en una mera entelequia en estas horas. 

Atento a la tónica de la respuesta del candidato de Chivilcoy, uno nota que cualquier análisis político es en vano, en tanto la respuesta no fue tan predecible como infantil. La carta abierta se cierra en la prosa del berrinche de un niño que acusa edípicamente a la madre de haber caído en las drogas duras porque ella no lo llevó al Parque de la Costa. 

En el marco de un análisis sobre el despliegue general de la estrategia de “Cumplir”, se dijo en este blog que quizás Fernando Laborda, en su nota en La Nación titulada “Se cocina la muerte política de la ex presidente” era más que explícito en la definición del objetivo (de los medios concentrados, no necesariamente del propio Randazzo) : “Aun no llegando al podio reservado para los tres primeros, Randazzo podrá haber realizado, con su sola presentación electoral, una contribución histórica para la muerte política de Cristina”. Los hechos vienen demostrando que la potencia política del ex ministro no parece trascender esta “contribución histórica”.

Si este desafío de la unidad -cada vez menos posible- ponía a prueba el grado de maduración  de la cultura política  y de los candidatos del peronismo bonaerense contemporáneo, diremos que, a juzgar por los hechos, hasta ahora esa maduración no se ha verificado, y demandará tiempo. 
Se dijo también que ante la cada vez más potente retórica anticristinista de “1País”, el escenario le presentaba a Randazzo el dilema de :


A) “Subirle el precio” a sus 6 puntos y confirmar que su parábola manifiesta era ser al peronismo lo que Uruguay a la Banda Oriental del Río de la Plata , “un algodón entre dos cristales”.

B) Plegarse a una estrategia de unidad con CFK y algunas antillas del massismo.

Pero el ex ministro optó por señalar que “el GRAN ajuste”, como lo llamás, ya lo vienen sufriendo los argentinos. Sólo es posible porque Macri es presidente. Y Macri es presidente como consecuencia de una estrategia electoral ideada por vos (CFK).”

Siguiendo con el estilo expositivo, concluiremos en que de la “dialéctica de las cartas” -conventillo más propio de la vecindad del “Chavo del 8” que de la política– se deducen, en suma, 4 cosas:  

1) que Piñón Fijo no era tan infantil. 
2) que la historia se repite, primero como tragedia, y después como #Cumplir.

3) que la discusión política del campo nacional está en el período paleolítico.

4) que cartas abiertas eran las de antes.